Nuevo equipo para Alberto Núñez Feijóo

nuevo equipo Feijóo

Tuve ocasión de saludar al presidente del Partido Popular en el fiestón que el diario La Razón organizó el pasado martes para celebrar, presidido por los Reyes, su cuarto de siglo de existencia, rotativo que ahora dirige mi compañero y entrañable amigo Francisco Marhuenda. Fue una noche de democracia, libertad de expresión y concordia entre españoles. No faltó nadie, salvo los ultraizquierdistas en remojo y los secesionistas ultras.

En los corrillos al uso, se habló, of course, de dos temas de actualidad. El primero y más decisivo para la salud de todos sobre la supervivencia política de Pedro Sánchez, su duración y si conseguirá sacar la cabeza de la guillotina de Puigdemont, Ortuzar y Pablo Iglesias, entre otros. El segundo asunto, la más que probable remodelación dentro del círculo interior que secunda a Alberto Núñez Feijóo, una vez que ha conocido ya la composición ad hominem y la estructura administrativa del nuevo poder ejecutivo.

Algunos de los posibles candidatos al cambio estaban precisamente por allí, no muy lejos de su comandante en jefe. Todos, naturalmente, se llamaron a andanas cuando se les preguntaba sobre su destino imperecedero. Que el equipo, que hubo que muñir a prisa y con convulsiones internas, necesita remodelación es algo que cae por su propio peso. Tengo mis dudas sobre que la mayor parte de las quinielas acierten, entre otras razones, porque el protagonista de esos cambios es tan gallego y tan reservado que le puedes preguntar por dónde se va a Santiago y responder si no te interesaría más pasar antes por Lugo. En ese contexto de cambio interno que preocupa poco o nada a los militantes o votantes del PP, hay que decir que el equipo que hasta ahora sostuvo a Feijóo ganó todas las elecciones que hasta la fecha se han celebrado. Especialmente llamativa fue la victoria del 28 de mayo. El 23J pasó lo que pasó y no es tarea del columnista abrir la espita de la melancolía. Se perdió, pese a ganar, y algunos arados se han trocado en lanzas.

Habrá observado el lector que el único nombre propio que he citado en este post es el del que no va a cambiar. Tengo mi propia quiniela, oiga, pero me gusta acertar.

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