La izquierdona echa fuego contra Mañueco

Lo primero es antes que nada. Y ello es que declarar la «emergencia nacional» es una facultad única y exclusiva del Gobierno. Punto. Puede hacerlo sin que se lo pidan las CCAA y ha quedado claro que los incendios generalizados eran una emergencia nacional. Punto. A partir de ahí, reclamaciones al maestro armero.
Sin embargo, sucede que la izquierda en Castilla y León no gobierna desde hace casi cuarenta años. Y a juzgar por los recientes sondeos ante las elecciones autonómicas del próximo mes de marzo no parece que la suma de la izquierda y la izquierdona pueda poner en aprietos a un Partido Popular que no se cansa de gobernar en el territorio regional más extenso de toda la Unión Europea.
Para la amalgama izquierdona en su conjunto, éste debe ser un buen motivo para intentar desesperadamente cazar votos como sea, apoyándose y utilizando una gran tragedia para conseguir lo que no consiguen después de tantos años.
Tampoco es nada nuevo que la izquierda, máxime si está desesperada, no se pare en barras a la hora de perseguir el poder a toda costa en este caso. El otro caso, el de Sánchez, mantenerlo a cualquier precio. ¿Resulta ético utilizar circunstancias naturales para atacar al adversario político? Hombre, legal es, si bien moralmente es reprobable.
El presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, que ya lleva dos victorias electorales consecutivas, no es persona que se caracterice precisamente por exabruptos (como el que a él le ha dedicado el inexportable Puente, cada cual ofrece lo que tiene); más bien es un gobernante que se mueve mejor en la moderación y el sentido común. Es lo que se dejó ver en el debate del pasado viernes en las Cortes de Castilla y León. Como ya es un veterano de la política sabe mejor que nadie que la susodicha izquierdona (junta y al alimón) va a ir por todo. Ya lo ha comprobado en su comparecencia de esta semana en las Cortes regionales como aperitivo de la campaña electoral autonómica que le espera.
Tengo para mí que los castellanoleoneses, en su mayoría, no quieren ser pasto de las llamas políticas que la izquierda quiere imponer en este territorio. Hay demasiado en juego como para hacer experimentos con Pingus.