Inmigración, el negocio de la humanidad

Opinión Carrillo

Desde que puso un pie en la Tierra, el hombre se hizo migrante. Construyó su nomadismo desde un afán infatigable de supervivencia, ejerciendo un darwinismo avant la lettre que llega hasta nuestros días, donde todo es adaptación hacia lo impuesto. El ser humano se reconoce siempre en la ambivalencia, entre quienes observan que el futuro de las sociedades se inicia a partir de la mezcolanza de razas y culturas y aquellos que sostienen que una nación sobrevive conservando lo que la hizo posible, desde sus raíces hasta su legado. Conviene no olvidar que el concepto de soberanía que instauró Bodin como poder absoluto en torno a un cuerpo natural -familia, sociedad, nación-, es lo que permite a las fronteras seguir definiéndose como tales, ejerciendo el Estado el control y dominio sobre ellas. Siempre que haya Estado y Gobierno, que, en el caso de la situación actual en Ceuta, esa observación se fundamenta en su inexistencia, motivado por la decisión política de Sánchez de diseñar una España destruida a partir de un Estado igualmente fallido.

Más allá del carácter traidor del presidente, de su rendición ante una autocracia expansionista que reclama como propios territorios que nunca le pertenecieron y de la mentalidad pandémica de una sociedad, la española, acostumbrada a que la humillen y la inclinen una panda de funcionarios vividores, lo que esconde el permanente trasiego de inmigrantes que llegan a nuestras costas y fronteras sin ningún tipo de impedimento ni freno, ni por parte de las autoridades marroquíes (risas) ni por las españolas, sometidas a las órdenes del pérfido Marlaska, es la rentabilidad que provoca que ese escenario se reproduzca cada vez con más continuidad, sin solución presente ni futura. Es más, seguiremos viendo ilegales porque así lo han decidido quienes financian todo este despropósito.

Si hay un negocio lucrativo que ha resistido el paso del tiempo, amén del que contribuyen a perpetuar los popes del PSOE, es el de la inmigración. De ella cobran hoy las mafias que organizan el tráfico de personas, las asociaciones afines al Gobierno socialista, que permite y financia la invasión a su propio país, las oenegés inmundas que actúan de taxis humanos a tantos euros el inmigrante, los colectivos de apellido progre y solidario que se encargan de ayudar a los invasores y a darles cobertura legal y logística para su reparto por la península. Y también, y no es menor su contribución, las organizaciones que se dicen católicas y humanitarias y que equilibran su balance comercial y económico con la subvención estatal por caridad cristiana.

De este modo, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) recibió más de ciento cincuenta millones de euros de subvención en el pasado ejercicio, de los cuales el 97% proceden de fondos públicos. Por su parte, ACCEM, otra organización de idéntico propósito y objetivo sin ánimo de lucro (jajaja), obtuvo más de doscientos veinte millones en donaciones, de las que el 98% provenían de entidades estatales. Es decir, cuanto más grave es el problema y más inmigrantes llegan ilegalmente a España, más dinero reciben. Al igual que con las organizaciones feministas de supuesto apoyo a la mujer maltratada, no les interesa solucionar un problema del que viven, sino perpetuarlo, enquistarlo y disfrazarlo de solidaridad y humanitarismo para seguir trincando del presupuesto público.

España no tiene un gobierno que quiera ni sepa frenar el negocio de la inmigración porque se lucra indirectamente de él, tanto su bolsa de colectivos trincones como sus votantes de venda y subsidio, que no sufren el problema que sí ven los ciudadanos normales que no están sometidos a la secta socialista del relato goebbelsiano. Baste un ejemplo ilustrativo: el célebre diputado del PSOE en la Asamblea ceutí, Melchor León, que ha sido noticia estos días por ejercer de voz discordante al discurso oficial del sanchismo totalitario y que condenaba la invasión que sufre su ciudad, defendía con vehemencia hace dos años la inmigración constante, ilegal o no, que llegaba a Ceuta y a otras partes de España de manera periódica. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Que ahora el problema lo sufre también él y su familia. Y cuando te tocan lo tuyo, ni el carnet de progresista te salva de sacar lo más humano que tiene el hombre: su instinto de protección y condición animal para defender a su manada. Y enfrente no sólo tenemos a un ejército de invasores y a un país que nos ha declarado la guerra. También nos enfrentamos a una nómina de traidores dentro de nuestras fronteras y a un sinfín de organizaciones a las que habrá que aplicar la motosierra para que dejen de hacerse millonarias con el sufrimiento creado.

Lo último en Opinión

Últimas noticias