Groenlandia, la nueva Palestina del sanchismo, pero a los saharauis ni agua
Groenlandia, objeto de deseo de Donald Trump, se ha convertido en el nuevo instrumento de agitación de Pedro Sánchez para desviar la atención de la corrupción que rodea a su familia y su partido y, también, de la bomba de relojería que representa la caída de Nicolás Maduro en Venezuela. Ahora resulta que Sánchez pide respeto a la soberanía de los pueblos y defiende que sólo Groenlandia y Dinamarca pueden decidir su futuro. Estamos de acuerdo, presidente, pero ¿y del Sáhara qué? Porque está muy bien llenarse la boca de hermosas palabras -que OKDIARIO suscribe-, pero resulta una gigantesca hipocresía que el presidente del Gobierno salga a defender Groenlandia y, sin embargo, se haya puesto literalmente de rodillas ante Marruecos en su pretensión de reivindicar la soberanía sobre el Sáhara Occidental, territorio ocupado por Rabat desde 1975 en clara violación del Derecho Internacional. O sea, que la elasticidad moral del presidente le da para reivindicar el derecho de los pueblos y las resoluciones de la ONU cuando le interesa, en un supremo ejercicio de cinismo. No nos engañemos. Naciones Unidas reconoce explícitamente el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y ha establecido la necesidad de celebrar un referéndum para que sean los saharauis quienes decidan su futuro. La histórica posición de España, con independencia del signo del Gobierno, fue siempre esa.
Hasta que llegó Pedro Sánchez y decidió avalar el plan marroquí de autonomía, un planteamiento que contradice el marco de la ONU. Pedro Sánchez, sin dar explicaciones a nadie, cambió de postura, un giro de 180 grados en nuestra política exterior en beneficio del rey de Marruecos. Y ahora sale todo digno a reivindicar el derecho de Groenlandia a decidir -junto a Dinamarca- su futuro. Pues claro, faltaría más, presidente. En eso estamos de acuerdo, pero no se puede ser más hipócrita. Groenlandia es la nueva Palestina del sanchismo, pero a los saharauis, ni agua.