España sin plan
En 1946, Francia era un país devastado por la guerra que precisaba de un proceso de reconstrucción transformador. Así, Charles de Gaulle ideó Le Plan, bajo el lema “Modernización o decadencia”, identificando, en su primer quinquenio, seis industrias sobre las que Francia construiría una economía moderna. Una modernización que, como señaló el primer comisario de este plan, Jean Monnet, no se trata sino de un estado mental.
Este plan fue uno de los culpables de los treinta años de prosperidad que siguieron a su implantación (les trente glorieuses) y no se abolió formalmente hasta 2006. Pues bien, a la vista de las extraordinarias circunstancias actuales, el Gobierno francés hizo público el pasado 3 de septiembre su resurrección. France Relance busca impulsar de nuevo la economía del país galo, fuertemente afectada por la pandemia, mediante la inyección de 100.000 millones de euros que se invertirán en distintos sectores en un periodo de dos años. Sin embargo, además de lo puramente económico, en este plan destaca el fortalecimiento de la República y la cohesión social y territorial, algo indispensable para remar todos a una con un rumbo claro.
A este lado de los Pirineos, en cambio, el panorama difiere bastante. Comisión de Reconstrucción, planes de choque autonómicos y ministeriales… el sálvese quien pueda sin un criterio definido de qué resulta imprescindible, por necesario, y qué accesorio, por superfluo. Y a todo este caos, patrocinado por nosotros, los contribuyentes, se le suma el continuo proceso de debilitamiento de los pilares del Estado de derecho, pues se ponen en tela de juicio cuestiones básicas como la forma del Estado (monarquía parlamentaria), la separación de poderes (lo último, la renovación del Consejo General del Poder Judicial), el funcionamiento interno de los partidos políticos (tramas de corrupción, democracia interna), etc., a la par que se aviva el fuego de la fractura social (sobre diferentes ejes, no necesariamente políticos, aunque también), y la desunión territorial. No hay plan B, decía Sánchez en los primeros compases de la pandemia, ante el pavor de los televidentes. Sin embargo, el verdadero pánico habría de surgir al comprobar que tampoco hay plan A, sino una suerte de parches erráticos, y a menudo también erróneos, que difícilmente podrán sacar a España del sumidero hacia el que se dirige.
Ante la falta de imaginación, conocimientos, competencia o capacidad de actuación domésticas, imitemos al menos las buenas praxis extranjeras… u otras que, siendo made in Spain, han traído consigo prosperidad y progreso sin precedentes. Quizá, el símil más apropiado, a la vista de que la situación económica encuentra su antecedente más inmediato en la España de la posguerra civil, se halle en el Plan de Estabilización de 1959, que logró transformar radicalmente el país en apenas un lustro. El Plan, cuyo autor principal fue Mariano Navarro Rubio, entonces ministro de Hacienda, se caracterizó especialmente por el énfasis en el aperturismo y el libre mercado: se puso fin a la autarquía de las primeras décadas del franquismo, de modo que los sectores productivos se abrieran a la competencia internacional, se estableció la libertad de fijación de precios, y aumentó considerablemente la inversión extranjera a través de la liberalización de la entrada de capitales. Todo lo contrario de lo que el Gobierno de coalición pretende llevar a cabo: imprimir mayor rigidez en el mercado laboral, menores incentivos a la entrada de capitales a través de la hiperregulación y la elevada fiscalidad, etc.
Resulta fundamental que dejemos a un lado el sectarismo ideológico y que los principales partidos opten por acuerdos programáticos, por unos presupuestos que cuestionen todas y cada una de las partidas, mediante el examen del destino de los fondos públicos, y por el pragmatismo que siempre se desprende de la apuesta por la austeridad y la libertad. Capacidad hay de sobra en nuestro país, pero la voluntad se trata de la gran asignatura pendiente. Esta es una carrera contrarreloj para España, y el tiempo se nos está agotando.
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