Incompatible entonces, incompatible ahora

Sánchez

Que el actual secretario general del Congreso de los Diputados, Fernando Galindo Elola-Olaso, rema a favor de los intereses del PSOE no es ninguna novedad, pero OKDIARIO publica hoy una información que revela hasta qué punto este alto funcionario de la Cámara Baja está contaminado. Galindo colaboró con el candidato socialista Eduardo Madina en las elecciones primarias celebradas en 2014 en las que acabó venciendo Pedro Sánchez, según han confirmado a este periódico algunas de las personas que trabajaron y asesoraron en aquella ocasión al rival del hoy secretario general.

Y no habría nada extraño en ello, si no fuera por el pequeño detalle de que por entonces Galindo ya era letrado en activo de la Dirección de Asistencia Técnica parlamentaria y, posteriormente, director de Relaciones Internacionales de la Secretaría General del Congreso de los Diputados, cargos que, por razones obvias, obligan a mantener un nivel de neutralidad institucional incompatible con las labores de asesoramiento a un candidato de una formación política.

Fuentes jurídicas han confirmado a este periódico que Galindo ni informó ni solicitó compatibilidad de funciones para hacerlo, puesto que es una actividad considerada «incompatible» en el Estatuto del Personal del Congreso. Según el artículo 71 queda terminantemente prohibido «el asesoramiento a partidos políticos, grupos parlamentarios, sindicatos, asociaciones empresariales o cualquier tipo de grupo o asociación que tenga relación directa con las funciones desarrolladas por las Cortes Generales». Es de cajón.

Parece evidente que alguien que, conociendo el carácter incompatible de su cargo en el Congreso con las labores de apoyo a un diputado, fue capaz de hacerlo saltándose la norma, está inhabilitado para desempeñar sus labores en la actualidad. O sea, que Galindo era incompatible entonces y lo es ahora, por una elemental cuestión de falta de ética.

Porque, aunque haya pasado el tiempo, su falta de respeto y desprecio al Reglamento le incapacita para el desempeño de sus actuales funciones. Alguien que tiene que guiarse con meridiana rectitud en la aplicación de los criterios jurídicos no puede haber mostrado tanto desprecio a la norma como hizo Galindo.

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