España empieza en Andalucía

España empieza en Andalucía

Hace cuatro años, Ciudadanos llegó a la política andaluza con un mensaje claro: hay que regenerar las instituciones, y para ello, es imprescindible cambiar las formas de hacer política. Lo hizo con el alma limpia de quien viene a dar lo mejor de sí mismo, sin más hipotecas que su propia conciencia. Consiguió nueve diputados en un clima de progresiva ilusión por tumbar casi cuatro décadas de bipartidismo conformista y atroz. En este periodo se han logrado mejoras para los andaluces que 40 años de oposición del PP no pudieron conseguir. Se suprimió el impuesto de sucesiones y donaciones —el PSOE no quería—, se redujo el tramo autonómico del IRPF —el PSOE no quería—, se aumentaron las partidas para mejoras en sanidad, educación e infraestructuras —el PSOE no quería—. Y todo ello, repito, con nueve diputados: ¿Qué Andalucía podría conseguir Ciudadanos si los andaluces le dieran la oportunidad y la responsabilidad de gobernar el próximo 2 de diciembre?

Los datos argumentan que ocho de cada diez andaluces creen necesario un cambio en el gobierno de la Junta. De ese porcentaje, más de la mitad se consideran sociológicamente de centro, confortables con formaciones que buscan acuerdos, generan consensos y trabajan por el bienestar de los ciudadanos y no por los intereses del partido y las instituciones que parasitan. Datos que evidencian que ya hay más andaluces que no quieren que el PSOE repita como principal partido de gobierno y que prefieren un cambio cimentado en una alternativa tranquila y que mire al futuro con optimismo y claridad.

Y para cambiar Andalucía hay que poner a los andaluces en el centro. De los problemas y de las soluciones, de las preocupaciones y las inversiones, de la educación y de la sanidad. En el centro del presente, pero sobre todo del futuro. Apostando para ello por el perfecto maridaje entre lo que representa el campo y lo que aportan las nuevas tecnologías, entre la defensa, protección y fomento de los sectores productivos agrícolas y ganaderos y los incentivos a las inversiones, a las pymes y a los autónomos. Combinar la esencia de Andalucía con el progreso que mejora sus pueblos y ciudades.

Hablamos de Andalucía, una tierra, una gente, que es mucho más y merece mucho más de lo que Susana Díaz y el PSOE hacen por ella. Merece que se apueste por el talento, por el empleo, por los funcionarios, por los jóvenes y por los pensionistas, por aquellos que tienen el sueño de emprender en su tierra, por aquellos que quieren contribuir con su esfuerzo a mejorarla. Andalucía merece políticas más transparentes, más sinceras y pensando más en los andaluces y no en los intereses de partido. Esa es la Andalucía que quiere representar Ciudadanos, a diferencia de PSOE y PP. Porque cuando llevas 40 años sentado en la misma silla de gobierno y ocupando un escaño en el Parlamento andaluz, te acabas olvidando de dónde vienes, de todo aquello que un día prometiste, de los ciudadanos que ilusionaste y a los que prometiste no defraudar. Se adquieren vicios y se toleran y fomentan corruptelas que son un obstáculo a la regeneración.

Pero antes hay que explicar a los andaluces para qué sirvió el apoyo prestado de Ciudadanos al PSOE en esta legislatura. En un titular: por responsabilidad, para que el PSOE no gobernara con Podemos y destrozara aún más la región. Además, conviene resaltar que hay apoyos y apoyos. Izquierda Unida, como el Partido Andalucista, apoyaron en su momento al PSOE en diferentes ocasiones. Pero a cambio pidieron tener una consejería, o dos, o la presidencia del Parlamento o vaya usted a saber qué prebendas en empresas públicas. Es decir, chupar del bote. El objetivo final era trincar donde fuere y ahí, el PSOE posee en exclusiva la cátedra de las dádivas.

En idéntico escenario, Ciudadanos rechazó, no sólo entrar en el gobierno, sino que fue exigente en la vigilancia y fiscalización de las cuentas y movimientos de la Junta. Hizo firmar por escrito cada uno de los puntos a los que Susana Díaz se quería comprometer sólo de palabra. Desde la oposición, y con las limitaciones que otorga representar a la ciudadanía con sus heroicos nueve escaños, han pensado más en Andalucía que el resto de partidos juntos desde la Transición. Unos porque creen que Andalucía es suya. Y los otros, porque la abandonaron a su suerte. Unos, acomodados en sus chiringuitos públicos, otros, en el calor de su escaño, sin hacer nada.

De ahí que el 2 de diciembre, los andaluces tengan el derecho de soñar con una nueva Andalucía. Porque Andalucía merece otro gobierno, otra política y otra Junta. Que mire al futuro con orgullo. Andalucía debe ser el centro y debe estar en el centro. Cuando Andalucía es lo primero, España es lo primero. Ahora más que nunca, España empieza en Andalucía.

*Sirvan el final de estas líneas como agradecimiento por todos estos años de colaboración a los lectores de OK Diario, a su director Eduardo Inda, a su jefe de Opinión, Manu Bravo y a todos los compañeros y redactores que hacen cada día un periódico de referencia por su información y su defensa de la libertad. Porque en absoluta libertad he podido expresarme durante esta maravillosa etapa. Y eso es lo que engrandece a un medio de comunicación. No la manera estética de quienes escriben ni la categoría de sus firmantes, sino la libertad con la que exponen sus opiniones e informaciones. Míos son los errores, de los lectores sus respetables críticas y juicios. Emprendo una nueva etapa en el campo político bajo un manto de ilusión y responsabilidad, pero siempre con el corazón atado al periodismo, que ejercí por vocación, y de la historia, que abracé con pasión. Un abrazo a todos.

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