La economía no salvará a Sánchez

Tengo la esperanza de que la economía no salve a Sánchez; ya es su último cartucho. De hecho, los ha quemado todos. El de la «fachosfera», los «bulos» y los «pseudomedios digitales» —de los que OKDIARIO fue uno de sus principales objetivos— cayeron por su propio peso a medida que avanzaban las pesquisas judiciales sobre su hermano y su esposa. Me ahorro el paso por la cárcel de Ábalos o Cerdán, ex números tres del PSOE, entre otros casos de presunta corrupción.
Y lo de «que viene el coco» -es decir, el PP y Vox- no sé si aguantará hasta las elecciones. Es cierto que ellos se autodefinen como el «gobierno progresista» mientras que la oposición es la «derecha» o incluso la «ultraderecha». Lo de siempre: si el partido de Abascal es extrema derecha, Sumar y Podemos deberían ser considerados extrema izquierda por la misma regla de tres. Están al otro lado del arco parlamentario. Sin embargo, ni RTVE ni El País ni otros medios afines —públicos o privados— utilizan esta terminología.
Además, la regularización exprés de 500.000 personas ha hecho saltar por los aires esta estrategia. En primer lugar, porque no serán medio millón, sino dos millones como mínimo. La medida beneficia también a los menores de edad. Y cualquier pareja magrebí suele tener tres o cuatro hijos. Los que vivimos en una localidad con mucha inmigración, como es mi caso, lo vemos con nuestros propios ojos.
Lo peor es que esto perjudica a los antiguos votantes de izquierda, que son los que viven en barrios populares, ahora con un elevado porcentaje de población extranjera. Son ellos los que sufren la tensión en la sanidad, en la educación o en los servicios sociales. Es algo común en toda Europa: ahora votan a Marine Le Pen en Francia o incluso a la AfD en Alemania.
Por eso, lo único que le queda a Sánchez es la economía. Seguro que se acuerda de cuando Bill Clinton derrotó a George Bush padre en 1992, quien venía de ganar la primera Guerra del Golfo. Aquella frase mítica de «¡es la economía, estúpido!».
Siempre que puede, el presidente del Gobierno insiste en que «España va como un cohete», es «la mejor economía del mundo» o «hay más empleo que nunca». Es cierto, por ejemplo, que el paro ha bajado, pero un 10% es todavía una de las tasas más altas de la UE. ¿Necesitamos inmigrantes con este porcentaje de desempleo? Mientras tanto, el desempleo juvenil supera el 20%. Lo mismo: ¿Necesitamos menas?
Sin olvidar la deuda pública, que supone ya más del 103% del PIB. Sólo el pasado mes de enero creció en más de 8.000 millones. Ha pasado de 1.698.000 millones a 1.706.000. La deuda por habitante es de más de 34.000 euros y las deudas hay que pagarlas. Con intereses, por otra parte.
Aunque lo que más notan los ciudadanos es la inflación, que se mantiene por encima del 3%. Antes ibas al Mercadona —o a cualquier otro súper— y con cien euros llenabas el carrito de la compra. Ahora necesitas de 120 a 140 euros. Es de lo peor que le puede pasar al ciudadano medio: se come los ahorros.
Ya puestos, recordar también que lleva tres años sin Presupuestos. Algo inaudito. En las redes, todavía se encuentra aquel tuit que le dedicó a Mariano Rajoy el 26 de mayo de 2017: «Un Gobierno sin presupuestos es un Gobierno que no puede gobernar. El Sr. Rajoy debe convocar elecciones ya». Un hombre de palabra, sin duda. Otro «cambio de opinión».
Por eso, espero que la economía no salve a Pedro Sánchez. Pese a que, en política, no se puede vender la piel del oso antes de cazarlo. Y personalmente tiendo al pesimismo: hasta las elecciones pueden pasar muchas cosas. Desde imprevistos a las guerras cainitas entre PP y Vox.
Mi deseo personal es que se dé un batacazo porque no duden de que, si suman, volverán a repetir el gobierno Frankenstein. A pesar de ser una mezcolanza de PSOE, Sumar, ERC, Junts, PNV, Bildu y Podemos, entre otros. Lo normal en estas circunstancias es que la oposición llegue a la mayoría absoluta y el PSOE empiece una larga travesía del desierto de la que solo saldrá, si sale, con un proceso catártico. Pero me temo que Sánchez dejará un país y un Partido Socialista hundidos. Aunque a él, todo esto, le da igual. Es pura supervivencia.
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