El desprecio a Europa del PP y PSOE

El desprecio a Europa del PP y PSOE
  • Cristiano Brown

El próximo domingo, los españoles estamos llamados a las urnas por octava vez para elegir a los diputados del Parlamento Europeo. Desde los primeros comicios europeos en los que España participó en 1987, no hemos logrado el poder y peso que nos corresponde en Europa y gran parte de la culpa es por cómo han afrontado estas elecciones los partidos del bipartismo.

PP y PSOE siempre han abordado los comicios europeos pensando en los intereses internos de partido y no en los intereses de España o de los españoles, pues desde las direcciones de ambos partidos siempre han considerado que el Parlamento Europeo era el sitio más adecuado para “enterrar” a las figuras políticas del propio partido que eran incomodas a la dirección de turno. Es decir, siempre han pensado que Bruselas era un escondite ideal para el político que pudiera hacer sombra al líder del partido o para el cargo discrepante con la dirección.

Además se aseguraban, gracias a que el puesto de eurodiputado está bien remunerado, que los enemigos internos iban a estar calladitos y de brazos cruzados. Y esa política de brazos cruzados es precisamente la que ha perjudicado enormemente a España, pues en las instituciones europeas siempre hay mucho trabajo que hacer para mejorar el proyecto común y defender los intereses de nuestro país.

Existen muchas evidencias de que esto es verdad; basta con repasar los congresos de los partidos y conocer información sobre las disputas internas para entender las listas que han presentado los socialistas y los populares al PE. De hecho, era muy comentado en los corrillos políticos que, tras la victoria de Pablo Casado, en el último conclave del PP, le correspondería a Soraya Sáenz de Santamaría ser cabeza de lista para las europeas. Al final, la dignidad de la exvicepresidenta hizo que ella no formase parte de ese juego.

En su lugar pusieron Dolors Monserrat, clara partidaria de Dolores de Cospedal, quién finalmente apoyó a Casado para salir elegido presidente. Poco antes, Monteserrat había sido nombrada por Casado portavoz del grupo parlamentario, puesto que evidenció que le venía grande a los pocos días. Por lo tanto, una vez más, la ejecutiva del partido usó el comodín de Europa para solucionar un problema interno.

Supongo que algo similar intentó hacer la dirección nacional del PP con el expresidente madrileño Ángel Garrido. Supongo que buscaban su silencio en Europa para evitar que públicamente manifestase su rechazo a las políticas populistas que quiere enarbolar Pablo Casado. Pero la dignidad y convicciones personales del señor Garrido se impusieron y por eso prefirió seguir trabajando por los madrileños.

Si al desinterés de los partidos del bipartidismo en mandar a gente preparada, le añadimos que los nacionalistas han usado las instituciones europeas para desprestigiar a España, a nuestra democracia y al resto de españoles que no piensan como ellos, se entiende la escasa relevancia europea que hemos tenido hasta la fecha.

Dicho esto, es importante que los españoles seamos conscientes de que tenemos una gran oportunidad en estas elecciones europeas para cambiar la estrategia que nuestros compatriotas han seguido durante años en el PE. Tal y como está actualmente la política europea, con el auge del nacional populismo y con un Brexit que lidiar, debemos ocupar el puesto que nos corresponde.

Para ello, tenemos que mandar equipos con una buena preparación y capacidad política. Esa filosofía es la que ha seguido Ciudadanos al conformar la lista que encabeza Luis Garicano en el PE, donde progresistas y liberales hemos unido fuerzas para acabar con viejos complejos y remar juntos con el objetivo de que España ocupe el peso que le corresponde en Europa.

Por lo tanto, el 26 de mayo no solo votamos entre los que defienden Europa y los que no, también votamos por un cambio de estrategia que permita a nuestro país recuperar el tiempo perdido desde que firmamos el acta de adhesión a la Comunidad Económica Europea el 12 de junio de 1985. Yo apuesto por ese cambio, por el bien de España y por el bien de Europa.

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