Se confirma que Sánchez ha rendido el Estado a Marruecos
Que Pedro Sánchez haya decidido dar explicaciones sobre la crisis desatada tras la invasión a Ceuta en una radio amiga en lugar de en el Parlamento ya es una aberración democrática que retrata al personaje, pero más allá de eso, la entrevista sirvió para certificar que el presidente del Gobierno ha rendido el Estado a Marruecos, país que ha encontrado en la figura del jefe del Ejecutivo el títere necesario para sus intereses. Y es que, con independencia de sus alusiones al Rey Felipe VI, que merecerían un comentario aparte por lo que tienen de burdas y falaces, lo más significativo de lo dicho por Sánchez tiene que ver con su perseverante defensa del régimen de Rabat y la ausencia del más mínimo reproche al papel jugado por la nación vecina en la masiva invasión de finales de julio. La pastueña posición de Sánchez ante Marruecos no es, en absoluto, normal y se escapa de cualquier razonamiento lógico, por lo que sólo cabe inferir que el presidente del Gobierno no está en disposición de defender los intereses nacionales por algún motivo inconfesable.
A estas alturas pocas dudas existen: Marruecos consintió el multitudinario asalto al no activar dispositivo alguno para contener la riada humana. Es una evidencia empírica, una verdad irrefutable. Y cuando Pedro Sánchez vuelve a alabar la actuación de Rabat, no sólo se aleja de la realidad, sino, sobre todo, del sentimiento mayoritario de la sociedad española. La pregunta, recurrente, es por qué lo hace y la respuesta no puede ser que Sánchez viva en una realidad paralela, sino que el presidente del Gobierno es una marioneta en manos del régimen alauí y, en consecuencia, está inhabilitado para asumir la defensa del Estado. Porque si después de un mes largo de ausencia, con Ceuta sobrepasada y amenazada, lo primero que ha hecho Sánchez es volver a alabar a Marruecos, es que la cosa va mucho más allá de una gigantesca crisis migratoria. Estamos ante una descomunal crisis de Estado.