Somos un Estado tontito
El impecable e impoluto Zara Home que el vasallo de Mohamed VI ha montado a los invasores de Ceuta resulta la mejor y más inquietante de las alegorías de lo que está aconteciendo desde ese 30 de julio de 2026 que pasará a los anales como una de las jornadas más tristes de nuestra historia democrática. Especialmente, si tenemos en cuenta que a la vez que este Gobierno repugnante facilita colchones nuevecitos a los ocupantes, tiene a policías y guardias civiles pernoctando en catres que provocarían vómitos al más veterano de los vagabundos de Mogadiscio, la capital de Somalia. Mientras los defensores de la ley y el orden duermen con asco entre orines, chinches y cucarachas, los quintacolumnistas del rey alauita lo hacen a pierna suelta tras haber engullido un menú que para sí quisiera cualquier colegial español. Y encima se chulean de nosotros, los cornudos de los españoles, advirtiendo que no pararán hasta llegar a la Península.
Es lo que tienen los Estados tontitos. Si bien es completamente cierto que la categoría de España como Estado tontito viene de atrás, desde los tiempos en los que el joyero Zapatero blanqueó a ETA, mejor dicho, desde que en 2004 unos terroristas cambiaron la suerte de unas elecciones sin que nadie o casi nadie pusiera el grito en el cielo, no lo es menos que con Sánchez este estatus se ha disparado hasta el infinito. Sólo un Estado tontito es capaz de aceptar sin rechistar una invasión y sólo el primer ministro traidor de ese Estado tontito —vaya cóctel— es capaz de conceder compulsivamente la razón al infame agresor alauita.
Un Estado respetable hubiera repelido por la fuerza, por las buenas o por las malas, con pelotas de goma, chorros de agua o fuego real, una invasión de 80.000 personas a su territorio. Que Mohamed VI envíe 80.000 misiles humanos a Gibraltar, Francia o Italia, incluso a Portugal, que ya verá cómo se los devuelven con cajas destempladas, eso en el mejor de los casos porque en el peor le bombardearán Rabat. Y que constituyó una invasión no lo afirma únicamente un servidor, lo suscribió también el día de autos el presidente del Gobierno al calificar lo ocurrido de «violación de la integridad territorial de España» y «ataque». En fin, lo que es. Ciertamente, debe ser la única verdad que ha soltado este pájaro de cuenta en décadas emulando a esos relojes parados que dan bien la hora dos veces al día.
Un Estado tontito no sólo declina la obligación de hacer frente a la invasión sino que, además, acoge a los integrantes del Caballo de Troya alauita —metáfora que la borrica de Irene Montero no entenderá— y los trata mejor que a sus nacionales. Pruebe usted a jamarse un delfín, que le caerá una multa de hasta 2 millones de euros euros, a matar una oca, que tendrá que apoquinar hasta 200.000, o a instalar de manera permanente una tienda de campaña en una playa de Alicante, Gran Canaria, Andalucía o de Cantabria, que de los 1.500 pavos no bajará la broma. Palo para los de dentro, zanahoria para los de fuera.
Un Estado tontito no sólo declina la obligación de hacer frente a la invasión sino que, además, acoge a los integrantes del Caballo de Troya alauita
Un Estado tontito es aquél que, en lugar de botar el día 1 a los enemigos, los filia convirtiéndolos de facto en nuevos ciudadanos del Reino de España. Tiempo al tiempo. Un Estado tontito es ése que en lugar de emplear al Ejército para repeler «la violación de la integridad territorial», tal y como claramente prescribe el artículo 8 de la Constitución, echa mano de la Policía y la Guardia Civil. Aquí no debería operar jamás la Ley de Extranjería, por la elemental razón de que es una incursión enemiga en suelo nacional, sino la Carta Magna que será ambigua en muchos puntos pero no precisamente en éste.
Sólo un soberano Estado tontito se niega a meter en autobuses a los asaltantes de Ceuta para descargarlos en la frontera. Única y exclusivamente un Estado pusilánime es el que no hace unos deberes que se antojan el colmo del sentido común por temor a que llegue un juez progre y procese a sus gobernantes por prevaricación, tal y como sucedió con la ex delegada del Gobierno Salvadora Mateos y la a la sazón vicepresidenta ceutí Mabel Deu tras repatriar a 55 menores magrebíes que se colaron sin papeles en 2021.
Sólo a un Estado de mierda no se le pasa por la cabeza prometer el indulto en caso de condena a los gobernantes que pongan en la puta calle a quienes vinieron a quedarse con una plaza que es española desde 1580 y que para más inri jamás perteneció a Marruecos. Sólo un Estado memo nivel dios como el español cuenta con jueces que no entienden que o se para esto o nuestra civilización se irá a tomar por saco mucho antes de lo que nos pensamos. Los primeros, ellos. Más que nada porque en las dictaduras árabes el Estado de Derecho ni está, ni ha estado jamás, y obviamente en ningún caso se le espera.
Aquí no debería operar jamás la Ley de Extranjería, por la elemental razón de que es una incursión enemiga en suelo nacional
Sólo un Estado soberanamente idiota no manda con sus padres y madres a los 2.000 menas que tatarean sin saberlo el celebérrimo «¡del barco de Chanquete, no nos moverán!». Y únicamente un Estado criminal es capaz de no darse por enterado del planteamiento formulado en ya demasiadas ocasiones por el Gobierno marroquí, que ha rogado que les devuelvan a estos niños y adolescentes para remitirlos a sus progenitores. ¿Con quién mejor que con sus padres puede estar un hijo? Claro que no hay Estado más imbécil que el nuestro, que permite que los menas se traigan a toda la familia cuando cumplen 18 años.
Y únicamente puede tildarse de Estado lerdito el que infesta su territorio de menores no acompañados que, ciertamente, no pagarán nuestras pensiones porque la mayor parte de ellos carece de estudios y nació en familias en las cuales la vida no vale nada y el delito es la moneda de uso corriente. Un Estado infinitamente imbécil es el que obliga a gastarse 40.000 euros por mena y año como mínimo a las comunidades autónomas en el alojamiento, manutención y presunta educación de cada uno de estos chavales. Claro que también hay regiones en las que la facturita se dispara a los 60.000, algo menos de lo que cuesta un curso en Eton, el mejor colegio privado del Reino Unido y seguramente del mundo. Si tenemos en cuenta que en España existen 16.000 menores no acompañados registrados, llegaremos a la alucinante conclusión de que estos muchachos le cuestan al erario ¡¡¡800 millones de euros!!! Sólo un Estado cretino se piensa que estos disparates se pueden mantener social y económicamente en el tiempo sin que esto estalle.
Y tampoco cabe otra acepción que la de Estado mentecato a todo el que, como España, astilla todos los meses 4.000 euros a una familia extranjera en la que no trabaja ni dios. Léanse la increíble pero certísima noticia que publicó nuestro periódico navarra.com. Y no cabe otra que tildar de Estado zopenco a una España que en algunas regiones, como por ejemplo Aragón, apoquinaba una paga de 17 euros semanales a cada uno de los menas que les han tocado mantener por el artículo 33 de Pedro Sánchez. Digo apoquinaba, y digo bien, porque Vox ha parado esta sangría en medio de las críticas más canallas de una izquierda asquerosa y sus no menos asquerosos medios a sueldo.
Sólo un Estado cretino se piensa que estos disparates se pueden mantener social y económicamente en el tiempo sin que esto estalle
Y sólo un Estado suicida permite que los invasores sigan aposentando sus reales junto a infraestructuras críticas de Ceuta como el puerto, allí los tienen a cuerpo de rey, los macrodepósitos de combustible, la central eléctrica, la desaladora, los dos embalses (El Renegado y El Infierno) y el gran fortín del Ejército. ¿Los cintoras y los javieritos de la vida se han preguntado por qué los delincuentes que irrumpieron en nuestro país como Atila y los hunos el 30-J no se instalaron en las playas del sur, donde no hay una sola instalación sensible?
Visto lo visto, creo que me he quedado corto. No somos un Estado idiota, imbécil, lerdo, memo, zopenco o mentecato. Directamente somos un Estado gilipollas y masoquista. Y más pronto que tarde acabaremos como esas naciones del Tercer Mundo, África, América Latina y las que vivieron bajo el yugo soviético, que ostentan la categoría de Estados fallidos. Aquéllos que por méritos propios no tienen remedio. Ésos que, salvo intercesión de la Santísima Trinidad, están más muertos que vivos. Nadie nos ha colocado la soga al cuello. Hemos sido nosotros solitos.