Ha vuelto para defender a su madre
Pasado ya el aniversario de la muerte de Diana, donde profusamente se ha hablado de las dramáticas circunstancias que la rodearon: huida del hotel Ritz de París, propiedad del padre de Dodi Al Fayed, intentando escaparse de la prensa por la parte de atrás, un chofer más bebido de la cuenta y aquel túnel del Alma, situado bajo el puente del mismo nombre en París, etc., etc. La imagen de aquel pequeño, el príncipe Harry, duque de Sussex, a pesar de estar acompañado por su abuelo, su hermano, su tío y demás, fue una de las más desgarradoras del siglo XX. ¡Era tan niño! Un niño caminando detrás del féretro de su madre, la princesa Diana, causaba dolor entre una multitud que, como ya he comentado hace dos semanas, no necesitaba mucho más para aumentar su histerismo.
En la mente de miles de personas había preguntas que, en aquel entonces, no tenían respuesta alguna. ¿Qué estaría pensando y sintiendo? ¿Qué rumbo tomaría su vida? Con doce años, era el desenfadado y despreocupado hermano que hacía el papel de repuesto en oposición al serio heredero. Pero el dolor lo cambió todo. Tenía que lidiar con la ira y la soledad. Sufría de estrés postraumático y era propenso a tener ataques de ansiedad paralizantes. Además, por encima de todo, no lograba encontrar la pareja ideal.
Aunque el rey Carlos III comunicó que no es «miembro activo de la monarquía» (le hizo mucho daño a la Institución con sus declaraciones y su libro), lo que no puede negar es que es su hijo, aunque, lógicamente, no le dará ningún cargo oficial tras su regreso a Londres. Pero creo que, una vez hecha su composición de lugar, ha preferido regresar a su país en lugar de quedarse en Estados Unidos donde, por cierto, la vecindad no le apreciaba en exceso. ¿Y qué tiene en mente el príncipe Harry? ¿Por qué sigue siendo príncipe al ser hijo de Carlos III?
Aunque ya no puede utilizar el tratamiento de «alteza real», ha vuelto para preparar un documental sobre su madre, la princesa Diana, «la princesa del pueblo», con motivo del 30 aniversario de su muerte, que el 31 de agosto de 2027, es decir, dentro de un año, será esa conmemoración. ¡Dios me libre!, tendremos a Diana hasta en la sopa. A lo largo de los siglos, pocos como él se han atrevido a desvincularse de la familia real británica. De hecho, fue una sorpresa dentro de la familia cuando dio ese paso atrás. Por un momento, quiso tener su vida entre Estados Unidos y Gran Bretaña, pero fue su abuela, la reina Isabel, junto a su hijo Carlos, quienes dijeron que la Institución no podía permitir «estar mitad dentro y mitad fuera». Y así quedó zanjada la situación.
Pero volviendo al documental que va a realizar sobre su madre, dicen que, al estar fuera de la familia, el trabajo gozará de la total independencia que la actual situación le permite. Aunque creo que defender la memoria de mamá no va a ser tarea fácil. «Mi madre era una princesa y tenía nombre de diosa», según su hijo Harry. A juicio de muchos, «Diana era una tirana que sufría principalmente de bulimia nerviosa, además de depresión y ansiedad y episodios de baja estima». Ella misma habló públicamente de estas condiciones en su famosa entrevista con la BBC en 1995, explicando que estos trastornos surgieron como un mecanismo de defensa a la soledad, debido a la inestabilidad emocional, profunda timidez y vulnerabilidad en su vida privada y el miedo al abandono.
Aciertos y errores de la reina más reina
El paso de los años desde la desaparición de Isabel II de Gran Bretaña no ha hecho disminuir la opinión que los británicos tienen sobre ella: una gran soberana, con un gran carisma, que difícilmente será borrada su imagen y que, por supuesto, también difícilmente podrá ser superada. Y eso que tuvo errores (los menos), como ya relatamos la semana pasada con el tema del príncipe Andrés, pero también tuvo muchos aciertos (los más).
Siempre supo estar en su lugar a pesar de tener tantos años de reinado y en momentos tampoco muy fáciles para el país y la familia. Difícil defender el encubrimiento del comportamiento del príncipe Andrés, el hijo favorito, a quien protegió como madre y no como reina, defendiéndole incluso cuando los escándalos amenazaban con arrastrar a la propia institución, como fueron el caso Epstein y el de la joven Virginia Giuffre, que siendo menor de edad acusó a Andrés de agresión sexual. Se evitó el desastre mediático con un acuerdo millonario de 12 millones de libras con Virginia. Un correo electrónico de 2011 enviado por Andrés al secretario de prensa de la reina, Ed Perkins, demostraba que el duque de York ordenó a su escolta personal investigar a la joven Virginia. Fue el talón de Aquiles de Isabel II. «No actuaba como soberana, sino como madre. Creía que los problemas podían enterrarse en lugar de resolverse». Al final fue cómplice. Isabel siempre se sintió culpable por haber arruinado la vida sentimental de su hermana; por eso se volvió indulgente con Andrés y más tarde con Harry, según el historiador Robert Hardman.
Chssssss…
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