Los bomberos coinciden y advierten para el otoño: «Las habitaciones que tengan cocinas, calentadores o estufas de gas deben tener siempre ventilación al exterior»
Otoño tras otoño, los servicios de bomberos de toda España repiten la misma recomendación: cualquier habitación con aparatos de gas (cocina, calentador o estufa) necesita ventilación directa al exterior, siempre y sin excepciones. Y sí, puede que la advertencia suene a norma básica de sentido común, pero detrás esconde un riesgo mucho más serio de lo que parece a simple vista.
Aquí no hablamos solo de evitar el olor a gas ni de prevenir una fuga evidente, algo que la mayoría de la gente ya vigila por instinto. El peligro real es mucho más silencioso, se acumula poco a poco en el aire de la habitación y, cuando por fin se nota algo raro, muchas veces ya es demasiado tarde para reaccionar a tiempo.
¿Por qué los bomberos insisten en la ventilación de las estufas y calentadores de gas?
El antagonista que aquí nos concierne es el monóxido de carbono. Cuando un aparato de gas quema combustible en una habitación cerrada, sin salida al exterior, genera este gas como residuo de una combustión incompleta.
Es más: en muchos países le llaman el «asesino invisible». Esto se debe a que es incoloro, inodoro y no irrita los ojos ni la garganta, así que resulta imposible detectarlo sin un aparato específico hasta que ya ha provocado síntomas graves.
Para contrastar esto con datos empíricos, en España se registran entre 5.000 y 10.000 intoxicaciones por monóxido de carbono cada año, con una media de 125 muertes anuales, según estimaciones de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), que cita el Programa de Tóxico-vigilancia desarrollado en el país a instancia del Ministerio de Sanidad.
Por un lado, y dicho todo esto, ahora conviene señalar que el otoño y el invierno multiplican el riesgo. ¿Por qué? Se preguntarán muchos. Pues, con el frío se cierran ventanas y puertas para no perder calor, y esa misma decisión bloquea la única vía de escape del monóxido de carbono.
Por otro lado, cabe aclarar que el riesgo no se limita a las instalaciones fijas de la vivienda: braseros de carbón, barbacoas de gas encendidas dentro de un garaje o una furgoneta camper cerrada durante la noche provocan cada año varios episodios graves en España.
Entonces el mecanismo es siempre el mismo; cambia solo el aparato que consume el oxígeno del aire y libera monóxido de carbono en un espacio sin salida al exterior.
¿Cuáles son los síntomas que anuncian una fuga de gas silenciosa?
Una cuestión a tener siempre, pero siempre presente, es que el envenenamiento por monóxido de carbono avanza de forma progresiva y se parece, al principio, a un simple malestar de gripe o resfriado.
En este sentido, un simple dolor de cabeza, mareo, náuseas y/o una sensación de cansancio que no cuadra con la actividad del día son las primeras señales, y suelen aparecer antes en quien duerme en la habitación con peor ventilación de toda la casa.
Y, con el paso de las horas, los síntomas se agravan: confusión, dificultad para respirar y pérdida de conocimiento, un desenlace que puede llegar mientras la persona duerme sin que nadie se dé cuenta a tiempo.
Por eso los bomberos remarcan que la ventilación no es una recomendación estética, sino la barrera que impide que el gas se concentre hasta niveles peligrosos.
¿Qué exige la normativa española sobre ventilación de gas en las viviendas?
El Código Técnico de la Edificación regula, en su documento básico sobre salubridad, cómo debe evacuarse el aire de las estancias con aparatos de combustión, incluidas cocinas, calderas y calentadores de gas.
Esta norma en cuestión obliga a instalar conductos que expulsen los gases de combustión al exterior por la cubierta del edificio, nunca a un patio cerrado ni a otra habitación de la vivienda.
A su vez, la normativa fija distancias mínimas para evitar que el propio humo vuelva a entrar por una ventana cercana: al menos 40 centímetros si la rejilla de ventilación está a un lado o por debajo de la salida de humos, y hasta un metro si queda justo encima.
Cumplir esas medidas corresponde al instalador, pero conviene que cualquier propietario las revise antes de comprar una vivienda con calefacción de gas.
Cómo prevenir una intoxicación por gas en casa este otoño
Los bomberos y los servicios de emergencia coinciden en una serie de medidas sencillas que reducen el riesgo casi a cero, sin obras ni gastos grandes de por medio. Ojo, que ninguna sustituye a la ventilación directa al exterior, que sigue siendo la primera barrera, pero todas suman una capa extra de seguridad frente a un gas que no avisa hasta que ya es tarde:
- Instalar un detector de monóxido de carbono en la habitación donde esté la estufa, el calentador o la caldera de gas.
- Revisar la caldera y el calentador cada año con un técnico autorizado, antes de que empiece el frío.
- No tapar nunca las rejillas de ventilación, aunque entre frío por ellas.
- No usar el horno ni los fogones de gas para calentar una habitación, ni siquiera un rato.
Por último, hay que señalar que un detector de monóxido de carbono cuesta lo mismo que una cena para dos y avisa con una alarma sonora mucho antes de que los niveles del gas resulten peligrosos, algo que ningún ser humano puede hacer por sí solo, por atento que esté.
Los bomberos lo repiten cada otoño precisamente porque, hasta que suena esa alarma, nadie en casa nota nada raro.