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Mientras Galicia se queda sin pulpos, Marruecos aumenta un 13% las capturas de este cefalópodo durante el verano de 2026

Pulpos, animales, Marruecos
Recreación de pescadores descargando pulpos en un puerto marroquí.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El pulpo que llega hoy a un bar de Galicia tiene muchas más probabilidades de venir de Marruecos que del propio Atlántico gallego. Durante la campaña estival de 2026, Marruecos ha registrado un aumento del 13% en sus capturas de pulpo respecto al año anterior, mientras las rías gallegas atraviesan una crisis estructural que ha convertido al país africano en el principal proveedor del cefalópodo que se consume en España.

El desequilibrio altera de raíz el origen del emblemático pulpo á feira. Según datos oficiales de la Secretaría de Estado de Pesca Marítima de Marruecos, la campaña, cerrada el 10 de septiembre de 2026, refleja una biomasa un 13% superior a la de 2025 y un 27% por encima de la media de la última década, según las evaluaciones del Instituto Nacional de Investigación Halieútica (INRH).

Por qué aumenta la pesca de pulpo en Marruecos

El incremento del 13% no es casualidad, sino el resultado de una reestructuración estricta de la política pesquera marroquí. A diferencia de las rías gallegas, donde las larvas sufren por el calentamiento del agua, las costas del Atlántico norafricano han mantenido condiciones biológicas estables, lo que ha permitido maximizar el rendimiento mediante tres medidas concretas.

La primera son las paradas biológicas estrictas: el Ministerio de Pesca marroquí implementó vedas prolongadas que retrasaron la apertura de la temporada, asegurando que los ejemplares juveniles alcanzaran la madurez y el tamaño óptimo antes de ser capturados, lo que evitó la sobreexplotación temprana y multiplicó la biomasa disponible al iniciar la campaña.

La segunda es la prohibición del arrastre de fondo a menos de 18 millas náuticas en zonas críticas, como la franja al sur de Sidi Ghazi, una medida que protegió el lecho marino y las puestas de huevos de la maquinaria pesada. La tercera fue el cierre total de la actividad al sur de la latitud 22°42′ Norte a partir del 19 de agosto de 2026, una decisión basada en los informes del INRH que dio un respiro a las poblaciones de cefalópodos en su etapa más vulnerable.

El resultado ha sido una eficiencia histórica en la flota costera. Los barcos al sur de Sidi Ghazi registraron un repunte del 24% en su producción, con un 72% del cupo asignado ya capturado. Los puertos tradicionales de Dajla crecieron un 11%, con el 90% de su cuota cubierta, y Boujdour un 5%, con el 83% de su cupo completado.

La pesca de altura, por su parte, alcanzó el 57% de su cuota al término de las primeras nueve semanas de campaña. Gracias a esta mejora, el cupo de la zona sur de Boujdour se incrementó un 21% respecto a la campaña estival de 2025.

La crisis del pulpo en Galicia y la dependencia del mercado exterior

El panorama español es radicalmente opuesto. La producción local ha caído cerca de un 39% en la última década debido al cambio climático, las alteraciones en la salinidad y el calentamiento progresivo del Atlántico, que reduce drásticamente la supervivencia de las larvas de pulpo. Como efecto colateral de ese mismo calentamiento, las poblaciones de cefalópodos se han desplazado hacia el norte, provocando un boom histórico de capturas en el suroeste de Reino Unido.

Ante la incapacidad de la flota gallega para cubrir la demanda de ferias y restaurantes, la dependencia exterior se ha disparado. Durante el primer semestre de 2026, Galicia importó 32 veces más pulpo del que capturó en sus propias lonjas, unas 14.200 toneladas frente a apenas 480 de producción local, procedentes en su mayoría de Marruecos, Mauritania y Senegal.

Cómo afecta esta importación masiva a los precios del pulpo en el sector hostelero

La importación de pulpo africano actúa como el principal salvavidas de los costes en la hostelería española, evitando que el plato se convierta en un producto de lujo inaccesible. El pulpo de importación, procedente de Marruecos o Mauritania, entra congelado en grandes volúmenes a un coste mayorista de entre 12 y 18 euros el kilo, lo que permite mantener la ración de pulpo á feira en los bares y ferias entre 18 y 25 euros.

El pulpo gallego auténtico, en cambio, cotiza en lonja entre 11 y 13 euros el kilo en origen, pero tras pasar por intermediarios y distribución, el hostelero que busca el producto 100% atlántico paga entre 28 y 40 euros el kilo, lo que lo desplaza casi en exclusiva a restaurantes de alta gama.

La regularidad del suministro pesa tanto como el precio. Las lonjas gallegas sufren altibajos y vedas temporales que obligarían a los restaurantes a cambiar sus precios cada semana, mientras que el pulpo marroquí llega ultracongelado, limpio y clasificado por calibres, lo que da a la hostelería una estabilidad de márgenes a largo plazo.

Aun así, los precios no bajan de forma drástica pese al aumento de capturas marroquíes, porque España ya no es el único gran comprador, la creciente demanda en Estados Unidos y la reactivación del mercado asiático, en Japón y Corea del Sur, generan una presión internacional que mantiene un suelo de precios del que el producto marroquí difícilmente baja.

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