Andrea, española de 26 años trabajando de camionera: «Ser mujer es una ventaja en el sentido de que siempre tienes una mano que te va a ayudar»
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Pasar horas en carretera, dormir fuera de casa o no saber exactamente a qué hora terminará la jornada forman parte del día a día de muchos camioneros. Un trabajo en el que además las mujeres continúan siendo minoría, por lo que todavía puede sorprender encontrarse con una joven de poco más de 20 años conduciendo uno de estos vehículos por las carreteras españolas.
Es precisamente el caso de Andrea Fernández. Tiene 26 años, es de Pontevedra y actualmente trabaja transportando contenedores por diferentes puntos de España. Y aunque podría pensarse que entrar en una profesión tradicionalmente masculina le ha supuesto más dificultades, ella cuenta una experiencia bastante diferente. «Ser mujer es una ventaja en el sentido de que siempre tienes una mano que te va a ayudar», asegura.
Andrea, española de 26 años trabajando de camionera
Lo curioso es que Andrea, que muestra como es su experiencia como camionera en redes sociales, no siempre tuvo claro que acabaría conduciendo un camión. Antes trabajaba en el almacén de un puesto de verduras y fue allí donde empezó a fijarse en los transportistas que llegaban de madrugada para descargar mercancía. El trabajo comenzó a llamarle la atención hasta que decidió sacarse el permiso para conducir camiones.
Su entorno no recibió demasiado bien la noticia al principio. Existía preocupación por los riesgos de la carretera y por las condiciones de una profesión que obliga a pasar muchas horas fuera de casa. Pero Andrea siguió adelante con su idea de ser camionera y ahora transporta contenedores que pueden llevar desde ropa hasta alimentos y suele recorrer largas distancias. Además siempre va con Brugal, su perro labrador de color chocolate.
«No existen los horarios»
Si hay algo que deja claro sobre su trabajo es que resulta complicado hablar de una rutina fija. «No existen los horarios», explica. Hay empresas en las que los conductores sí cuentan con turnos establecidos, pero su situación es diferente porque no acude cada día al mismo cliente ni realiza siempre el mismo recorrido. Eso significa que buena parte de la organización depende de ella. «Si a mí me ponen para cargar mañana a las 9:00, tengo que calcular mis horas yo para arrancar desde casa», señala.
Tiene que organizar el trayecto teniendo en cuenta el destino y los tiempos de conducción y descanso. Y luego está todo aquello que no se puede calcular. Una retención, las dificultades para subir un puerto o una espera en un centro de carga pueden cambiar completamente la jornada. Andrea recuerda haber permanecido hasta cinco horas parada en una ocasión esperando a que abastecieran su contenedor.
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Ser mujer no ha sido el problema que esperaba
Andrea reconoce que las camioneras continúan siendo minoría. De hecho, asegura que en la zona en la que trabaja habitualmente apenas ha coincidido con otras dos mujeres. Pero cuando habla de su experiencia no describe un entorno en el que ser mujer le haya supuesto encontrarse continuamente con comportamientos machistas. «Es todo lo contrario», asegura. Y es ahí donde explica que, en su caso, incluso ha encontrado una ventaja: «Siempre tienes una mano que te va a ayudar». También rechaza que determinadas tareas puedan considerarse automáticamente un problema por ser mujer. Abrir algunos contenedores, por ejemplo, requiere bastante fuerza, pero señala que también puede resultar complicado para un hombre. Al final, cuando alguien no puede hacerlo solo, toca pedir ayuda.
Las llamadas hacen más llevaderas las horas de carretera
Pasar buena parte del día dentro de un camión podría parecer un trabajo bastante solitario. Sin embargo, Andrea cuenta que las nuevas tecnologías han cambiado también esa parte de la profesión. Aunque cada compañero esté haciendo su propia ruta, suelen mantenerse en contacto durante el viaje. «Vamos en llamada la mayoría de compañeros de trabajo, solemos hacer bromas, incluso nos montamos nuestras telenovelas», cuenta sobre esos momentos al volante. A ella, además, le acompaña su perro, por lo que muchos de sus desplazamientos los realiza con Brugal dentro de la cabina.
Andrea reconoce además que tampoco es una persona a la que le entusiasme tener todos los días exactamente el mismo horario. Algo que probablemente ayude cuando trabajas en un sector en el que una jornada puede cambiar en cuestión de minutos. Con 26 años ha terminado encontrando su sitio en una profesión a la que llegó casi por casualidad después de observar a aquellos transportistas que descargaban mercancía en su antiguo trabajo.
Ahora es ella quien pasa horas en carretera, calcula cuándo debe salir para llegar a la siguiente carga y afronta las esperas que puedan surgir por el camino. Y aunque sigue siendo poco habitual encontrarse con mujeres conduciendo camiones, la joven asegura que ser una de ellas no ha supuesto la barrera que algunos podrían imaginar. Al menos en su experiencia, cuando ha necesitado ayuda, sus compañeros han estado dispuestos a echársela.