En 1894 Etiopía plantó 506.000 hectáreas de este árbol porque no tenía madera: 132 años después, algunas regiones han perdido casi la mitad de su agua
Corría el año 1894 cuando Etiopía tomó una decisión que marcaría su paisaje para siempre. El país necesitaba con urgencia una fuente de madera rápida y abundante para sostener el crecimiento de su capital, Adís Abeba, y el emperador Menelik II encontró en una especie recién llegada la solución ideal a un problema que amenazaba incluso con obligar a trasladar la ciudad.
Aquel árbol, elegido por su rapidez de crecimiento, se extendió por todo el territorio etíope hasta convertirse en la especie forestal más plantada del país. Pero lo que en su momento pareció una solución perfecta ha empezado a pasar factura de una forma que nadie previó hace 132 años, según revela ahora una investigación científica reciente.
El eucalipto, el árbol que Etiopía adoptó en 1894 para salvar Adís Abeba
El árbol en cuestión es el eucalipto, una especie que ni siquiera es originaria de Etiopía, sino de Australia. Sus semillas llegaron de la mano de dos asesores del emperador, el ingeniero francés Mondon-Vidaillet y el oficial británico O’Brien, que la propusieron como remedio urgente a la escasez de leña y madera de construcción que amenazaba el futuro de Adís Abeba.
El problema era tan grave que, hacia 1900, Menelik II llegó a plantear abandonar la ciudad y fundar una nueva capital a 55 kilómetros de distancia, a la que ya habían bautizado Addis Alem (Nuevo Mundo).
Fue justamente el rápido crecimiento del eucalipto recién plantado lo que le hizo cambiar de idea al año siguiente, y Adís Abeba se salvó gracias al mismo árbol que hoy genera dudas.
Por qué el eucalipto genera hoy dudas: la ciencia detrás de la sequía en Etiopía
132 años después de aquella primera plantación, el eucalipto cubre en Etiopía cerca de 506.000 hectáreas, lo que equivale a un 58% de toda la superficie forestal plantada del país. Ninguna otra especie se acerca a esa cifra, y su madera sigue siendo, a día de hoy, la principal fuente de leña y material de construcción para buena parte de la población etíope.
El problema es que un eucalipto adulto no se comporta como el resto de la vegetación local: según distintos estudios, cada ejemplar puede llegar a transpirar entre veinte y 40 litros de agua al día, y su ritmo de consumo dobla al de especies como el pino y llega a multiplicarse por cinco durante la estación seca frente a otras plantas de la zona.
Hasta casi la mitad menos de agua: los datos del estudio en los altiplanos etíopes
El estudio más reciente sobre el tema, publicado en la revista ‘The Scientific World Journal’ y firmado por los investigadores Yohannes Gelaye y Kiros Getachew, de la Universidad de Debre Markos, revisa la evidencia científica acumulada sobre el impacto del eucalipto en los recursos hídricos etíopes.
En este marco, los autores cruzan datos de campo con decenas de investigaciones previas revisadas por pares para reconstruir cómo ha cambiado el ciclo del agua en las regiones con más superficie plantada.
Por ejemplo, en la cuenca del lago Tana, los investigadores registraron variaciones diarias del nivel freático de hasta 3,1 centímetros allí donde crece el eucalipto, además de una evapotranspiración en época seca de 2.300 milímetros, unos 1.400 milímetros más que en zonas sin esta especie.
En los altiplanos centrales del país, la humedad del suelo cayó un 51,1% y el caudal de los manantiales se redujo casi a la mitad, un 48,9%.
La solución que proponen los científicos: ¿Hay que eliminar el eucalipto de Etiopía?
Los propios autores del estudio no piden arrancar el eucalipto de Etiopía, algo que resultaría inviable dada la dependencia económica que buena parte del país tiene todavía de su madera para leña y construcción.
La alternativa que proponen pasa por sistemas agroforestales mixtos, en los que el eucalipto conviva con especies nativas como la Cordia africana, la Faidherbia albida o la Acacia abyssinica.
Estas especies autóctonas, señalan los investigadores, ayudan a recuperar parte de la humedad del suelo y a frenar el descenso del nivel freático, sin renunciar de golpe a los ingresos que genera la madera de eucalipto.
Mientras tanto, el árbol que salvó Adís Abeba en 1894 sigue y seguirá ganando terreno cada año, hectárea a hectárea, en las mismas regiones donde los manantiales pierden caudal.