RECICLAJE

EEUU tritura barcos de fibra de vidrio abandonados y convierte sus cascos en “combustible” para fabricar cemento

Barcos de recreo abandonados amontonados en un desguace náutico
Barcos de recreo abandonados en un desguace náutico. EEUU retira unas 200.000 embarcaciones al año. (Foto: Vincent van Zeijst / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).
Adrián Villellas

¿Qué se hace con un barco de fibra de vidrio cuando nadie lo quiere? En Estados Unidos, lo normal es dejarlo criar musgo en un puerto o enterrarlo. En Rhode Island probaron otra cosa. Trituraron los cascos de embarcaciones abandonadas y mandaron el resultado a una cementera de Carolina del Sur, donde acabaron ardiendo en un horno.

El proyecto piloto, impulsado por la fundación de la asociación náutica RIMTA junto a Rhode Island Sea Grant, recicló más de 60 toneladas estadounidenses de fibra de vidrio (unas 54 toneladas métricas) en dos años. Una cifra modesta, la verdad. Eso sí, el objetivo nunca fue el volumen, sino demostrar que la ruta funciona y ponerle precio a cada eslabón. Ahora, con una nueva iniciativa federal hasta 2027, la idea aspira a extenderse a todo el país.

Por qué nadie quiere reciclar fibra de vidrio

La fibra de vidrio es una maravilla para construir barcos porque aguanta el agua salada y dura décadas. El problema es justo ese, ya que sus hilos van atrapados en una resina que, una vez endurecida, no se puede fundir como una botella de plástico. Mientras la industria presume de barcos más eficientes, nadie sabe qué hacer con los cascos viejos.

¿Y qué pasa cuando un barco se jubila? Pues que se queda quieto. Según el Programa de Basura Marina de la NOAA, la agencia oceánica de Estados Unidos, entre el 2% y el 3% de las embarcaciones de recreo del país se retiran cada año, unas 200.000. Como reciclar sale más caro que enterrar, muchas acaban abandonadas, y hasta 65.000 se pierden al año solo por temporales.

Lo que hizo el piloto de Rhode Island

El piloto arrancó en 2018 con una ayuda de la organización 11th Hour Racing y dos años de investigación previa de Rhode Island Sea Grant, el programa marino de la universidad estatal. Puertos y astilleros entregan los barcos, y unas cuadrillas los vacían de combustible, baterías, motores y metales.

Después llega la parte ruidosa. Una empresa de Johnston especializada en triturar escombros machaca los cascos hasta dejarlos en trozos de no más de cinco centímetros, y en cada contenedor de unos 23 metros cúbicos caben entre tres y seis barcos.

Ese material viaja en camión más de mil kilómetros al sur, hasta la cementera de LafargeHolcim (hoy Holcim) en Holly Hill, Carolina del Sur, donde su filial Geocycle lo mete en el horno. Allí la fibra hace dos trabajos. Arde en lugar de combustibles fósiles y sus minerales (sílice y alúmina) sustituyen materias primas que la planta tendría que comprar.

Cuánto cuesta y dónde se atasca

Aquí viene la letra pequeña. La fibra triturada apenas vale nada, así que el programa tuvo que pagar cada paso. Según la guía de RIMTA, triturar se lleva casi el 60% del coste medio, el transporte otro 25% y las tasas de la cementera y el desguace, el resto.

¿Se puede abaratar? Ese es el reto. En agosto de 2020, la NOAA dio a la fundación 105.452 dólares (unos 91.700 euros) para replicar el modelo en Nueva Inglaterra y Washington, y en esa segunda fase se reciclaron cerca de 20 toneladas métricas más.

Un informe encargado por el Congreso mediante la ley Save Our Seas 2.0 y publicado en febrero de 2023 usó el piloto como modelo. Concluye que un programa nacional y centralizado sería viable, aunque con una logística que califica de compleja. Para entonces, el proyecto ya había entregado 80 toneladas cortas (unas 73 métricas) a la cementera.

La siguiente ola llega hasta 2027

La fundación dirige ahora la iniciativa WAVES, que la NOAA apoya hasta mayo de 2027. Su meta es bajar el precio hasta que compita con el vertedero, y para lograrlo quiere meter en la misma trituradora otros residuos, como recortes de fábrica y palas de aerogeneradores jubiladas. Es la lógica de comprar a granel. Cuanto más material, más barata sale cada tonelada.

De hecho, el sector eólico ya lo hace. En diciembre de 2020, GE Renewable Energy firmó con Veolia un contrato para triturar palas viejas y enviarlas a cementeras, con un 27% menos de emisiones de dióxido de carbono, según la compañía.

En Europa hay quien va por delante. Francia tiene desde 2019 un sistema obligatorio de desguace de barcos de recreo, pagado por los fabricantes y por una parte del impuesto de navegación, que en abril de 2023 ya había despiezado más de 7.800 embarcaciones.

¿Está resuelto el problema? Todavía no. Hay hornos, trituradoras y puertos dispuestos a colaborar, pero falta una red de recogida lo bastante grande para mantenerlos alimentados.

Los detalles del proyecto piloto y de la iniciativa WAVES se han publicado en la web de la NOAA.

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