En Ceuta «se han quedado los peores»
Parece evidente que entre las más de 80.000 personas que invadieron Ceuta a finales de julio un porcentaje de ellas no responde al perfil de jóvenes que huyen de la pobreza en pos de un futuro mejor -que es el discurso buenista de la izquierda-, sino que se han colado un nutrido grupo de delincuentes con antecedentes penales. La Policía Nacional ya ha descubierto a un centenar de marroquíes que fueron condenados por diversos delitos en España y conmutaron parte de sus penas a cambio de la expulsión a su país con la prohibición de regresar en los próximos años. Y, casualmente, esos son los que no regresaron a Marruecos los días posteriores a la invasión: «Se han quedado los peores», según fuentes policiales.
Según la norma, se debe obligar al detenido a regresar a su país de origen o procedencia en el vuelo o medio de transporte más rápido disponible en las siguientes 72 horas. Si la expulsión del delincuente extranjero se demora más de 72 horas, la policía solicita una autorización de internamiento a un juez de instrucción mientras se gestiona la repatriación, que siempre dependerá de si Marruecos reconoce como propio al sujeto y permite su regreso.
Habrá quien piense que un centenar de delincuentes entre 80.000 inmigrantes ilegales que entraron en Ceuta es poca cosa, pero si tenemos en cuenta que muy pocos de ellos han sido filiados y buena parte de los que permanecen en la ciudad autónoma deambulan de un lado para otro sin demasiados controles, no es arriesgado pensar que ese centenar de marroquíes con largo un historial delictivo a sus espaldas se queda corto y que serán muchos más. Toda una bomba de relojería en una ciudad que está al límite de su paciencia y de su capacidad de resistencia. «Se han quedado los peores», según la Policía, lo que aumenta el peligro de que se desate la violencia.