Sánchez a los socialistas en Gavà: «¡Hasta 2031 y más!» (con sus nietos)
Sánchez: “El gobierno va a poner en Ceuta todos los medios necesarios para recuperar la normalidad”. Lo patético es que lo afirma cuando los ceutíes llevan padeciendo nada menos que 52 días desde el comienzo de su “anormalidad”.
Y no lo dijo en la Ciudad Autónoma y ante ellos, sino que lo dijo ayer en Gavà, celebrando la Fiesta de la Rosa con los socialistas del PSC, aplaudiéndole su genialidad.
Mientras, desde Badalona, a apenas unos kilómetros de distancia, y junto al alcalde Xavier García Albiol, Feijóo colocaba la crítica a la gestión del gobierno en Ceuta en el centro del debate político nacional.
Lo que resulta evidente es que, si Sánchez esperaba que el verano marcara un “parteaguas” en la crisis política que viene arrastrando rodeado de casos de presunta corrupción política –para mejorar sus expectativas electorales–, su esperanza ha quedado defraudada.
Ha sucedido todo lo contrario, ya que la “invasión híbrida” del pasado 30 de julio ha situado a la inmigración ilegal en el principal problema para una parte considerable de la sociedad.
En un debate que coloca a Vox en una posición destacada, al mostrarse como especialmente crítico respecto a la misma, situándola como uno de los signos principales de su identidad política.
Y por su parte, el PSOE en ese debate se encuentra en una posición catastrófica, dado el balance de su política migratoria, marcado por la legalización masiva de inmigrantes ilegales, duramente criticada además desde la propia UE.
Donde nada menos que 22 de los 27 Estados comunitarios suscribieron una carta hecha pública en la que claramente se desmarcaban de su política migratoria. Que además pone en serio riesgo al espacio Schengen, de libertad de circulación a los ciudadanos procedentes de los países europeos pertenecientes al mismo.
Que lo estamos experimentando con los viajeros que se dirigen o proceden de Italia. Una política, en definitiva, claramente opuesta al Pacto migratorio europeo.
En este escenario, la invasión híbrida de Ceuta y la ineficaz respuesta a la misma efectuada por el sanchismo gubernamental han sido la gota que ha colmado el vaso de la marginalidad política de Sánchez.
Que arrastra a España a una posición insólita y alejada de la realidad de ser uno de los cuatro países más importantes de la Unión, junto a Alemania, Francia e Italia. En la actualidad, con Sánchez al frente de la Internacional Socialista, España se ha alejado de su natural pertenencia al Occidente europeo político, para colocarse en la línea del “progresista” Grupo de Puebla, sucesor fáctico del Foro de São Paulo.
Fundado en 1990 por Fidel Castro y Lula da Silva, para intentar desmarcar de la URSS a su “progresista” comunismo. Y cuya desaparición significó el final de la “Guerra Fría”. Basta para demostrarlo observar quiénes son los dirigentes y líderes políticos pertenecientes al Grupo de Puebla, junto a los que se encuentran destacados sanchistas encabezados por él mismo. Es una política exterior alejada del interés general de España, marcado por nuestra posición geoestratégica definida por el Finisterre europeo y el estrecho de Gibraltar.
Y que nos ha situado incluso como adversarios de EEUU, un aliado tradicional nuestro. Al que podríamos añadir a Israel, colocándonos en una manifiesta marginalidad en una zona tan importante como el Oriente Medio. Donde parecemos más próximos a la dictadura teocrática iraní en el actual conflicto.
Ante un panorama como el protagonizado por la invasión de Ceuta, las expectativas electorales del sanchismo son claramente negativas para intentar continuar “instalado” en el gobierno. Que no es lo mismo que gobernar, ya que su carencia de mayoría en el Congreso —y en el Senado— le incapacita para ello. Y de lo que es una patética realidad incompatible con una auténtica democracia parlamentaria: no haber aprobado ni un solo Presupuesto General del Estado en toda la legislatura.
Su decisión ante esa inadmisible situación política no ha sido ni dimitir ni convocar elecciones generales anticipadas, sino alargarla hasta el límite. Quizás ahora puede interpretarse mejor el motivo, con su “ley de nietos” contenida en la de “su democrática memoria”. Que pretende ampliar de manera significativa el “Censo de Españoles Residentes Ausentes” mediante un auténtico fraude electoral. ¡Para llegar hasta 2031 y más!
Que de momento se lo ha impedido el Tribunal Supremo.