Las ausencias y las ‘guindas’ del libro de Guindos

Las ausencias y las ‘guindas’ del libro de Guindos
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El otoñal terremoto político que viene castigando durante estos días al PP, con replicas sin fin, tuvo en la noche del miércoles su epicentro emocional. Ocurrió durante la presentación del libro del todavía Ministro de Economía, Luis de Guindos. Un acto que se convirtió en el mejor sismógrafo para medir la salud interna de la organización ‘genovesa’ y, por qué no decirlo, para calibrar el apoyo de las élites económico-financieras a un agónico Gobierno en funciones.

He de reconocer que, durante aquella Navidad de 2011, cuando se hizo oficial el nombramiento de De Guindos como titular de Finanzas del Gobierno de España me quedé, sencillamente, helado. Se hacía ministro de Economía a un hombre que había sido presidente de Lehman Brothers para España y Portugal, además de su principal asesor para Europa. Se colocaba como ‘jefe de bomberos’ de una incendiada economía española a un exnúmero uno de la misma Corporación que prendió la mecha de la gran Crisis Financiera de 2008.

¡Increíble, pensé! Pues no. No sólo era increíble sino que, además, De Guindos llamó a su vera nada menos que a Íñigo Fernández de Mesa, su más íntimo colaborador en el quebrado banco de inversión, colocándole primero como director general del Tesoro y, más tarde, como secretario de Estado de Economía. ¡Era evidente que en Moncloa el pasado reciente del ministro no era relevante! ¡Él y su equipo no tenían culpas —o así se consideró— en esta fatal quiebra para nuestra economía! Mariano Rajoy le consideró el mejor candidato para el cargo.

De lectura obligada

Las memorias del ministro son, según el Presidente en funciones, de “lectura obligada para todos aquellos que tengan verdadero interés por profundizar en lo que ha sucedido en la economía española”. Rajoy se cuidó, eso sí, de no dejar excesivo protagonismo al autor, hablando en todo momento en primera persona del plural y dejando claro así, quien tomaba las decisiones últimas en aquellos fatídicos días.

Pero volviendo al «sarao» propiamente dicho, tal vez el escándalo que para muchos suponga la presentación pública de la autoagiografía de un hombre que, antes de abandonar el Ejecutivo se publicita así mismo como salvador de la Patria”, o el simple hecho de que “Roma no paga a traidores”, haya sido la razón de muchas “sonoras ausencias” a tan distinguido acto.

Ausencias políticas

Y es que muchos de los «compañeros» que acompañaron a De Guindos en la mayoría de sus decisiones más relevantes tuvieron en la noche del miércoles cosas mejores que hacer que pasarse por la Fundación Rafael Del Pino. Gentes tan relevantes como el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, la de Empleo, Fátima Báñez, o el director de la Oficina Económica de Moncloa, Álvaro Nadal —“Sorayos” de pro todos ellos— dejaron tirado a su colega justo el día en el que parecía necesitar, él también, un rescate tras la dura sesión parlamentaria a la que había sido sometido la víspera por la oposición en pleno. Tampoco estuvieron el titular de Justicia, Rafael Catalá —otro distinguido miembro del club “sorayista”—, el gobernador del Banco de España, Luis Ángel Linde, o la jefa de la CNMV, Elvira Rodríguez. Ellos, que tanto apoyaron el rescate bancario, decidieron no verse involucrados en este otro rescate personal y político. Tal y como dejó escrito en el aire al final del acto un altísimo funcionario del Estado —»pepero pata negra»—, en confidencia «sotto voce» a dos periodistas de los que allí se encontraban, «Luis nunca fue uno de los nuestros». Juzguen ustedes mismos.

Y así debe ser, sin duda, porque leyendo estas memorias con cierta malicia, se cae en la cuenta de que son, justamente los citados ausentes, quienes resultan peor parados. No podía ser de otra manera ya que son unas páginas auténticamente “épicas”, concebidas como el relato de un “héroe-bombero”, el propio autor, que con sus acciones consiguió salvar a la patria de un incalculable desastre. Ego inmenso el de su autor, nunca ocultado, que el libro evidencia con un interminable rosario de detalles que, por otra parte, sí tienen la virtud de ayudar a entender bien, desde una perspectiva liberal, lo que ocurrió –aunque se nos negaba con descaro desde el poder- en aquellos “años de plomo” de la economía española y europea.

Ausencias financieras

Con ser significativas las ausencias referidas, más sorprendentes si cabe fueron las del mundo de las altas finanzas hispánicas. Los “capos” del IBEX 35, vamos. Presentes muy pocos directivos de las empresas que dominan el escenario financiero del país y ausentes la gran mayoría de integrantes de la elite del poder económico. Algo chocante si consideramos que el Ministro de Economía ha sido, no sólo su principal garante, sino también –o eso creíamos- amigo personal. Ya se ve que, a estos niveles tan alejados del suelo que pisan el resto de los mortales, los amigos, sencillamente, no existen. Con la excepción del presidente de Ferrovial, Rafael del Pino, anfitrión de la Fundación que lleva el nombre de su padre, Ignacio Garralda -buen amigo del ministro- o del actual presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, no había apenas nadie más. Ni rastro de uno solo de los presidentes de los grandes bancos privados del país. Tampoco de representante alguno de las eléctricas, que tanto han aplaudido las decisiones regulatorias del Ministerio de Economía y que tanta guerra le dieron a lo largo de su mandato al decapitado José Manuel Soria, otro íntimo amigo de De Guindos al que, por cierto, dedica cariñosas referencias en el libro.

«Vae victis» ¡Ay de los vencidos!

El sismógrafo del poder, que representan estos actos en terremotos políticos como los que estamos viviendo, ha hecho temblar incluso los cimientos de la propia fundación, más por las ausencias, repetimos, que por las presencias. Si estos montajes teatrales, valga el símil, sirven para medir la salud del poder del homenajeado, se podría decir que el del todavía ministro metido a escritor, Luis De Guindos, está en horas bajas. El escándalo ‘perpetrado’ por el extitular de Industria, José Manuel Soría, ha pasado una carísima factura al Ejecutivo en funciones y está por ver si lo hará el próximo 25 de septiembre a las expectativas electorales del PP. De momento, a pesar de haber asumido todas las responsabilidades del caso, el corrimiento de tierras ha dejado a la luz la inmensa fractura interna en el seno del PP además de evidenciar otra, externa en este caso pero no de menor cuantía, en lo que supone un vertiginoso distanciamiento de las grandes empresas del IBEX respecto al poder político. El libro estaba concebido como la celebración de un éxito: haber evitado el rescate financiero de España consiguiendo revertir la recesión. Sin embargo, la sombra de la corrupción y las meteduras de pata con las que han tenido a bien deleitarnos nuestros más altos representantes políticos en los últimos días dejaron el acto en una tibia representación de unos éxitos teñidos de rojo. Lo que se pretendió comedia, devino en farsa.

Las guindas de De Guindos

Por lo demás, el libro del ministro está lleno de frases ampulosas, entreveradas con “guindas” propias de un personaje con una extraordinaria opinión de sí mismo. Pero no debemos desdeñarlas puesto que nos dejan un retrato nuevo y sobre un fondo aún más desolador de algunos de los personajes y situaciones que más han influido en nuestro país en los últimos años. Un cuadro, o cuando menos dibujo, absolutamente estremecedor a los ojos de millones de atónitos ciudadanos “de infantería”.

Echemos un vistazo tan solo a algunos ejemplos. Dice el jefe de las Finanzas del Reino de España en relación a las infames ‘tarjetas black’: “Los meses que transcurrieron entre el envío del caso de las ‘tarjetas black’ a la Fiscalía y la decisión del juez fueron de un ruido político enorme. Las balas me silbaban muy cerca. Alguna inquietud y situación tensa tuve en algunos momentos, pero mi seguridad era que contaba con el respaldo del presidente del Gobierno».

Ahí queda eso. En esta, como en otras situaciones, echo de menos alguna crítica más personal y rotunda a la falta de ética, respeto y decencia de la clase política y financiera de nuestro país. Son este tipo de libros precisamente los que deben servir también para hacer pedagogía al conjunto de la sociedad. No hace sangre tampoco cuando habla de su exjefe y mentor político, Rodrigo Rato: “Rato no es economista, ha sido sobre todo un político. Su salida del FMI un año y medio antes de cumplir su mandato fue muy decepcionante. A partir de ahí, su brillante trayectoria se tuerce”. Otras perlas más: “La verdad es que fue Rodrigo Rato quien pidió la presidencia de Caja Madrid a Mariano Rajoy y éste debió considerar las capacidades de quien pilotó la política económica con éxito reconocido durante los gobiernos de José María Aznar. No tenía por qué ser un mal banquero…”. Leña del árbol caído, vamos. Pero también frases valiosas porque ponen en evidencia la frivolidad y el compadreo con el que  se tomaban —y se siguen tomando— decisiones de gravísimo calado en aquella España que sigue siendo muy parecida a la de hoy. Para “colocar” al frente de Bankia había candidatos por decenas, mejor preparados que un buen «político». Las puertas giratorias no siempre funcionan. De hecho, casi nunca.

Bankia para dar y tomar

De Guindos dedica aún más perlas a aquel latrocinio que costó a los españoles 24.000 millones de euros: “La salida a la bolsa de Bankia propiciada por el Banco de España y el Gobierno de Zapatero fue otra huida hacia delante con un alto coste para el contribuyente”. Se calla el autor que se trató de un escándalo que los ciudadanos continuaremos pagando durante muchos años; y tampoco menciona que el dinero enterrado en tapar el agujero podría haber servido para minorar los recortes en sanidad y educación. Aún peor; no comenta que tanto Rodrigo Rato como Miguel Blesa fueron unos pésimos gestores a los que la justicia, si se confirman las acusaciones, debería castigar de forma ejemplar y contundente.

“Que una sociedad cotizada entregara a sus cuentas sin auditar a la CNMV… No dábamos crédito. Que el auditor (Deloitte) hubiera dado por buenas menos de un año antes de las cuentas del primer trimestre del 2011… más chocante todavía”. ¿Serán estas las frases por las que Elvira Rodríguez podría haber decidido no participar en el festín organizado para celebrar el talento literario de su “amigo”?

A la antigua Caja Madrid está dedicada, en fin, buena parte del libro. Conviene no pasarla por alto para hacerse una idea cabal de la monumental chapuza que los contribuyentes estaremos obligados a continuar pagando durante muchos años. Una vergüenza nacional inexplicable e inexcusable.

Quien también sale mal parado en el libro es Miguel Ángel Fernández Ordóñez: “Lo que se podía esperar del Banco de España era un conocimiento bastante exacto de la situación de las cajas, pero el proceso de reestructuración pilotó sobre extrañas parejas y algunos matrimonios que ni siquiera podían calificarse de convivencia”. Dardo envenenado para el exgobernador y de paso para Rodríguez Zapatero.

El libro se acaba con un sentido e intimo doble agradecimiento: al presidente en funciones, Rajoy, y al amigo Soria, ya exministro: “Al presidente Mariano Rajoy le doy las gracias por haberme dado la oportunidad de hacer este servicio al país, y al resto de mis compañeros del Gobierno, especialmente a José Manuel Soria, por su aportación”.

Una obra de lectura obligada para todos los que quieran saber cómo se pilotó, por parte del Ministro, la nave del Estado a través de las procelosas aguas de la crisis financiera y también para que todos sepamos, por si había alguna duda, de cómo los problemas y la corrupción se sienten y se viven por cada quien según sus propios criterios y valores.

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