Héroes anónimos del S. XXI

Héroes anónimos del S. XXI
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Ha sido noticia –breve y en muy pocos medios– una sentencia del juzgado de lo Social Número 6 de Sevilla tras la denuncia de un empleado que había señalado irregularidades en la Empresa Pública para la Gestión del Turismo y el Deporte en Andalucía en la que trabajaba y de la cual había sido despedido ilegalmente. En su fallo, el juez señala que la única causa objetiva para el despido que aparece en lo instruido es la continua petición de información llevada a cabo por el trabajador despedido y sus denuncias sobre una posible comisión de irregularidades en los procedimientos de gestión de la referida compañía pública.

El héroe anónimo que perdió su trabajo por no prestarse a prácticas corruptas tiene a su cargo a un hijo con parálisis cerebral, una realidad que no le impidió decidir que él no quería ser cómplice de prácticas arbitrarias y denunció las acciones que finalmente supusieron su despido. Esta decisión ha supuesto su ruina económica, el destrozo de su familia y un profundo daño emocional. El nuevo Gobierno de Andalucía debería, si alguien en nombre de la empresa condenada ha recurrido dicha sentencia, desistir de la misma restableciendo los derechos del denunciante gravemente dañado. El héroe anónimo –aunque él siente pudor cuando se lo comento– se llama Javier P. y está viendo luz al final del túnel que lleva años atravesando prácticamente en solitario, enfrentado al régimen del Gobierno de Susana Díaz y del PSOE. Ha sido apoyado por muy poca gente y ha resistido presiones y situaciones personales que podrían haberle hecho renunciar a sus denuncias.

Los héroes anónimos no tienen ninguna cualidad especial que los distinga de los demás. Son personas normales y corrientes, es cierto, pero tienen una conexión neuronal específica muy rara que les impide plegarse a las decisiones de los superiores, aunque les cueste el trabajo y destruyan su vida. Son personas que soportan cualquier situación antes de traicionar sus valores, sus principios y su dignidad. Javier es de esa clase de personas que rehúye los halagos y cree que solo cumplió con su obligación. Si en España existieran muchos héroes como Javier y se apoyaran entre ellos, habría menos políticos corruptos y más políticos decentes dignos del pueblo que representan.

Javier P. estaba contratado indefinido desde 2006. Ocho años después, en 2014, decidió comenzar a registrar escritos sobre irregularidades como la colocación de parientes de los responsables de la empresa pública, adjudicación de contratos a algunas empresas y el uso irregular de suministro de agua de pozo, sin potabilizar, en instalaciones deportivas. Jugaban con la salud de los jóvenes. En 2014 remitió escrito a la presidenta Díaz que nunca respondió al mismo. Lo habitual en políticos que miran para otro lado cuando las denuncias afectan a su ámbito de responsabilidad. Por sus denuncias lo trasladaron ilegalmente a Granada para que estuviera aislado y fuera víctima de acoso laboral con la complicidad de otros trabajadores, de modo que entre 2015 y 2016 solicitó informaciones al Portal de Transparencia de la Junta sobre diversos asuntos y remitió cinco denuncias contra la empresa pública a la Consejería de Turismo y Deportes.

En diciembre de 2016 la empresa pública lo despidió con acusaciones falsas, decisión revocada ahora por el juez en la citada sentencia. El nuevo Ejecutivo que previsiblemente formarán Ciudadanos y PP tiene ahora la palabra y deberá decidir si está con los corruptos o con quienes los denuncian.

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