Sánchez vende Cataluña, el País Vasco y Navarra

Sánchez vende Cataluña, el País Vasco y Navarra

De Cataluña voy a hacer una sola referencia: hemos anunciado hace semanas que Sánchez ya tiene pactado con los separatistas de vario jaez el voto que le dará la investidura en caso de necesitarlo. Iceta, el virrey socialista de Sánchez, tuvo un lapsus freudiano que nadie del PSOE
se ha atrevido a negar. En Cataluña empieza a emularse el ejemplo vasco que vamos a relatar y que consiste únicamente en esta decisión: paciencia que esto está al caer. Todos los juegos de campaña que se trae por una parte Sánchez -el PSOE no existe, es una cofradía miserable de pelotas- y por otra Esquerra Republicana, el fugitivo Puigdemont, el desahogado Torra y la
ralea violenta de las CUP y de los CDR, es una permanente maniobra de distracción: todo está arreglado y bien arreglado. Lo dicho: esto está al caer. Con Sánchez el referéndum y la consiguiente independencia está al caer. Lo dijo el viernes Aznar en Barcelona: el PSOE ha puesto en marcha la cuenta atrás para la autodeterminación.

La ruta, eso sí, se ha lentificado. Nada más. Esquerra, sin ir más lejos, ya ha avisado de que en la próxima legislatura del odiado “Madrit” formará una coalición parlamentaria con los etarras de Bildu, un grupo único cuyos intereses gestionará una extremista radical que hasta hace muy poco tiempo ha sido diputada: Marian Beitialarragoitia, una filoterrorista que festejó el asesinato de Miguel Angel Blanco en un mitin de Pamplona con estas sucias palabras: “Vamos a darnos un chorreón de aplausos”. ERC apoyará a Sánchez, Bildu por supuesto y el PNV hará lo propio no sin antes llevarse a la caja fuerte de “Sabin Etxea” un montón de millones y de lograr que el Estado ceda hasta la Cibeles si ello es preciso para conservar el
sillón de Sánchez. No hablamos a humo de pajas: con la ayuda inestimable del PSOE vasco, o sea de los mamporreros regionales de Sánchez que son la vergüenza de cualquier socialista asesinado por ETA, están tejiendo una reforma, confederal en un principio, del Estatuto de Guernica en el que entre otras perlas se “incluye establecer con Navarra estructuras u órganos
institucionales… con el objeto de lograr la plasmación de un principio de territorialidad abierta junto con un proyecto de política común que aglutine las afinidades las afinidades y los recursos físicos compartidos”.

Es decir: verde y con asas: esta es la Euskalerria ansiada por los asesinos de casi novecientas personas durante cincuenta años de horror en España. Por ahora, cuatro en una: Vizcaya, Guipuzcoa, Alava y Navarra, vamos a ver si con un poco de suerte este nuevo Estado al que propende el remozado Estatuto, puede conseguir la anexión de los tres territorios vascos franceses: Sola, Baja Navarra y Labort. Eso sería ya la pera: “Zapiak bat”, las siete en una que ni siquiera pudo soñar Sabino Arana. Lo terrible del caso es que esta estrategia “moderada”, partido a partido que apadrina el PNV de Urkullu y Ortúzar esta bendecida, como queda dicho, por el PSOE vasco, una barraca regional obediente a la megalomanía pérfida de Sánchez y lo que es aún peor: por los socialistas navarros que dirige en fondo y forma un bodoque monumental, antiguo concejalillo de Milagro, Santos Cerdán que ya ha declarado por activa y pasiva que no tiene la menor intención de aupar hasta la Presidencia del Gobierno Foral al candidato de la coalición Suma Navarra, compuesta por UPN, PP Ciudadanos, y por tanto hará todo los posible porque la fiel Uxúe Barkos, una colonialista vasca colada en el Viejo Reino, prosiga su labor de destruir, hasta hacerla añicos, la estructura española de Navarra y convertirla en una sede más del vasquismo independentista.

Bien: pues a trece días de las elecciones del día 28 esto es lo que hay. Si gana Sánchez la ruptura de España, montada sobre estos episodios, será un hecho real. A Sánchez, una mezcla arrebatada de alevosa felonía y de clamorosa indigencia intelectual, la voladura de la Nación más vieja de Europa le importa una higa. El no es más que su sillón y su señora que, por cierto, sea pasea por agrupaciones socialistas de varia índole vigilando la lealtad de los socios y amenazando con las penas del infierno político a quienes no se sume a la caravana de costaleros que le quieren llevar de nuevo a su marido a la Moncloa. Este, mientras tanto, a lo suyo, a vender Cataluña, el País Vasco y Navarra a los independentistas; a él siempre le quedará el Falcón y Lanzarote que ha abordado como si fuera su cortijo particular.

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