Todo el mundo habla del jabalí y olvidan a este simpático animal: no es plaga, pero da problemas en Castilla y León
El corzo (Capreolus capreolus) ha protagonizado la expansión demográfica más exitosa y silenciosa de las últimas dos décadas en España.
Este pequeño ungulado, extremadamente adaptable, ha colonizado nuevos territorios gracias al abandono del medio rural y la regeneración forestal. Sin embargo, su crecimiento descontrolado ya genera graves conflictos en la seguridad vial y la economía agraria.
El corzo gana terreno en Castilla y León: éstas son las sorprendentes cifras
El «duende del bosque» ha dejado de ser una especie discreta ligada al norte peninsular para convertirse en un habitante habitual de casi toda la geografía nacional.
Según el informe ‘Evolución histórica de las especies de caza mayor en España’ presentado por la Fundación Artemisan, el corzo es la especie que más ha crecido en capturas desde 2005, registrando un aumento del 552% hasta el año 2023. Solo en ese último año se abatieron 91.738 ejemplares en todo el país.
Esta explosión demográfica responde a su enorme capacidad de adaptación, que le permite prosperar tanto en bosques densos como en campos de cultivo y zonas dehesadas.
La ausencia de depredadores naturales y la disponibilidad de alimento durante todo el año facilitan una expansión que ya no es una tendencia, sino una realidad palpable en el campo español.
Por qué la expansión de este animal en España ha crecido notablemente en dos décadas
El abandono de las tierras agrícolas tradicionales ha permitido que el bosque recupere terreno, creando el hábitat idóneo para este animal. Además, su estrategia reproductiva, que incluye la diapausa embrionaria, asegura el éxito de las camadas incluso en condiciones variables.
Este fenómeno ha llevado a la Junta de Castilla y León a declarar la emergencia por sobrepoblación en provincias como Palencia, Burgos, Segovia, Ávila y Salamanca, donde el número de ejemplares desborda la capacidad de gestión ordinaria.
En términos de densidad, los bosques del norte pueden albergar hasta 20 individuos por kilómetro cuadrado, mientras que en las áreas mediterráneas las cifras son menores, pero crecientes.
Este solapamiento entre las poblaciones silvestres y las actividades humanas es el origen de los conflictos actuales, que se manifiestan especialmente en las carreteras y las explotaciones agrícolas.
Siniestralidad vial y daños agrícolas: las consecuencias reales del aumento de ungulados
La seguridad vial representa uno de los puntos más críticos. El corzo es el principal responsable de los accidentes de tráfico por irrupción de fauna en comunidades como Castilla y León.
Datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) revelan que en 2023 se produjeron 11.454 colisiones con animales en esta comunidad, y el corzo estuvo implicado en 6.069 de ellas. A nivel nacional, la siniestralidad vinculada a esta especie aumentó un 104,25% entre 2016 y 2022, prácticamente duplicando las cifras en solo seis años.
En el sector primario, el impacto económico es igualmente preocupante. Los daños agrícolas anuales provocados por este animal ascendieron a 626.432 euros sobre 10.066 hectáreas en 2024.
El corzo se ensaña especialmente con los brotes tiernos de los viñedos de alta gama, comprometiendo la producción de campañas enteras.
Finalmente, la salud pública y animal añade otra capa de complejidad. El corzo actúa como reservorio de la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE) y sufre el impacto de la mosca Cephenemya stimulator, un parásito que afecta gravemente a sus poblaciones y puede repercutir indirectamente en la cabaña ganadera doméstica.