Los zoólogos aún están asombrados: el ave que ‘comparte piso’ y se va a dormir con otros pájaros para sobrevivir al invierno
Las aves son uno de los grupos animales con mayor diversidad de comportamientos sociales. Cada especie ha desarrollado sus propias estrategias para sobrevivir, y los córvidos figuran entre los más estudiados por su inteligencia.
Un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) publicado en las revistas Integrative Zoology y PLOS ONE documenta que las grajillas europeas (Coloeus monedula) comparten dormideros con otras aves durante el invierno en diversas zonas de la península ibérica.
La investigación, liderada por Íñigo Palacios-Martínez, se basa en el primer censo coordinado de dormideros de grajilla en España y Portugal. Los investigadores del MNCN-CSIC contabilizaron cerca de 100.000 individuos en 232 dormideros y confirmaron que más del 70% de esos lugares los comparten con estorninos, garcillas bueyeras, palomas torcaces u otros córvidos.
Cómo es la grajilla europea y por qué duerme con otras aves
Las grajillas tienen el plumaje negro con reflejos metálicos y una característica mancha gris en la nuca y los laterales de la cabeza. Sus ojos, de iris blanco o gris claro, les dan un aspecto inconfundible frente a otros córvidos. Miden entre 30 y 34 centímetros y pesan alrededor de 200 gramos. Viven en colonias, forman parejas estables de por vida y emiten un canto corto y repetitivo, un «chac» agudo que resulta fácil de identificar en zonas urbanas y rurales.
Lo que distingue a las grajillas de otros córvidos es su disposición a compartir esos dormideros con especies distintas. Un número elevado de individuos de distintas procedencias aumenta la vigilancia frente a depredadores, los bandos numerosos generan confusión y la presencia de otras especies señala zonas con mayor abundancia de alimento.
Estas aves han desarrollado además una estrategia que los investigadores denominan urban commuting, usan áreas urbanas como refugio nocturno y se desplazan cada día a zonas agrícolas para alimentarse. Las ciudades ofrecen menos depredadores y menor presión cinegética, pero los campos de cultivo de los que dependen están cada vez más degradados.
«Las grajillas están adoptando una estrategia, pero dependen de campos agrícolas cada vez más degradados para alimentarse. Esto incrementa los costes energéticos diarios y podría estar contribuyendo a su declive poblacional», explica Palacios-Martínez.
Qué implica para la conservación de aves que las grajillas compartan dormideros
Los modelos predictivos del estudio indican que, si se excluyeran los hábitats urbanos, existirían muchas más áreas adecuadas para la especie. La urbanización no amplía su nicho ecológico, sino que fuerza un repliegue hacia refugios humanos ante la pérdida de calidad del medio rural.
Los investigadores del MNCN-CSIC advierten que la grajilla experimenta un declive acusado en la península ibérica a pesar de su abundancia histórica. La intensificación agrícola, la pérdida de hábitats tradicionales y la presión cinegética figuran entre las causas principales.
Guillermo Blanco, investigador del MNCN, señala que proteger los dormideros comunales equivale a conservar redes enteras de especies: «La pérdida de grajillas puede desencadenar efectos en cascada en otras aves de medios agrícolas». Entre las medidas que propone el estudio figuran la conservación de arboladas y humedales, la protección de paisajes agrícolas extensivos y la revisión de la caza de especies en declive.
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