Protección animal

Ingenieros de La Coruña crean un sistema con IA para detectar aves y evitar en tiempo real que choquen en los parques eólicos

Parques eólicos
Aves volando sobre aerogenerador. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

España contaba en 2023 con más de 22.000 aerogeneradores repartidos en 1.345 parques eólicos, con un objetivo de crecimiento que llevaría la potencia instalada a los 50 gigavatios en 2030. La energía del viento cubrió ese año el 24% de la demanda eléctrica. Pero esa expansión tiene un coste ambiental que no figura en los informes de producción: los aerogeneradores matan aves.

La organización SEO/BirdLife documentó más de 57.000 aves muertas por colisión entre 2008 y 2018. Buitres, rapaces y especies protegidas figuran en la lista de bajas de los parques eólicos de todo el país. Las tecnologías desplegadas durante la última década para evitarlo no han cumplido con las expectativas. Ahora, surge una propuesta diferente, desarrollada en Galicia.

Makemake, el sistema coruñés con IA que detecta aves en los parques eólicos

La empresa Instra Ingenieros, con sede en La Coruña y especializada en proyectos de ingeniería y consultoría, ha desarrollado junto al Centro Tecnológico de Telecomunicaciones de Galicia (Gradiant) un sistema de inteligencia artificial bautizado como Makemake.

¿Su objetivo? Detectar aves que se aproximen a un aerogenerador y activar una respuesta automática antes de que el impacto se produzca.

«Makemake es un sistema que utiliza una red de cámaras de alta resolución para cubrir los 360 grados alrededor de un aerogenerador», explica Laura Rodríguez Couce, responsable del proyecto en Instra. «Las redes neuronales permiten detectar y clasificar aves de especial interés».

El sistema envía entonces una señal al sistema de control del aerogenerador (SCADA) para que adopte la medida más adecuada: desde la activación de disuasores acústicos hasta la ralentización o la parada completa de la turbina. Todo queda registrado para los informes de seguimiento ambiental.

¿Cómo es el mecanismo de este sistema coruñés para identificar las aves?

El hardware incluye al menos cuatro cámaras de alta resolución instaladas en la góndola del aerogenerador o en una torre auxiliar, que garantizan una cobertura de 360 grados. Las imágenes se procesan en tiempo real mediante un sistema de computación en el borde (edge computing) con hardware de NVIDIA, sin necesidad de enviar datos a un servidor remoto.

Los algoritmos identifican las aves por características visuales como el tamaño del pico o la envergadura alar. Las redes neuronales están entrenadas para distinguir entre especies comunes y aquellas de especial interés de conservación.

«Estos sistemas se estudian y el software se entrena para cada ubicación, teniendo en cuenta las exigencias de la DIA, avifauna existente en la zona y climatología del entorno», señala Rodríguez Couce.

El sistema funciona tanto en instalaciones terrestres como en parques marinos. El modelo comercial es el del leasing tecnológico: Instra cubre las actualizaciones del software y la integración con el control del parque durante toda su vida útil.

Un problema que crece con la expansión de los parques eólicos

Quienes crean que la mortalidad de aves en parques eólicos es un fenómeno marginal, están un poco equivocados. En el complejo eólico Cavar, en Navarra, con 32 aerogeneradores, se registraron 89 colisiones de rapaces en sus primeros diez meses de funcionamiento.

Entre tanto, la cifra de buitres leonados muertos en parques eólicos de España ronda los 10.000 desde que comenzaron a documentarse los datos.

Y en Aragón, más del 72% de los ingresos de fauna por traumatismos tienen como origen los aerogeneradores.

La situación se complica con la expansión del sector. España prevé alcanzar los 50 gigavatios de capacidad eólica instalada en 2030, lo que implica nuevos parques en territorios de alto valor ecológico. Cuantos más aerogeneradores, mayor es el riesgo para especies como el buitre leonado, el quebrantahuesos o el milano real.

Rodríguez Couce reconoce que las soluciones previas «no han cumplido completamente con las expectativas» y que «la inteligencia artificial ha llegado para quedarse». Con cada nuevo parque que entra en funcionamiento, el coste de no tenerlo resuelto se mide en ejemplares de especies protegidas.

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