China y Rusia abren la Ruta de la Seda del Ártico para llegar a Europa sin pasar por los estrechos que controla EEUU
El primer barco chino rumbo a Europa por el Ártico sale el 15 de agosto: la ruta que cambia el comercio mundial
En el combate entre el imperio hegemónico y el imperio ascendente, Trump le ha quitado el canal de Panamá a Xi Jinping y le ha cerrado el estrecho de Ormuz. La respuesta china es el intento de establecer una ruta marítima regular en el mar Ártico, con la colaboración de Rusia, para trasladar sus mercancías a Europa. ¿A que ahora se entiende el deseo de Trump de apoderarse de Groenlandia? Cuando se habla de geopolítica, la clave reside en los mapas.
El holding nuclear estatal ruso Rosatom, operador de la Ruta Marítima del Norte a través del Ártico, ha emitido permisos para siete buques de tránsito de la empresa china de transporte de contenedores Sea Legend Shipping. Esta pretende establecer el primer servicio regular de contenedores a Europa por la que también se llama Ruta de la Seda del Hielo y acortar a la mitad los cuarenta días del derrotero entre los puertos de Ningbo, junto a Shanghai, y Felixstowe, en el Reino Unido. Menos costes para los chinos y más problemas para los escasos fabricantes europeos.
El primer buque en cubrir este viaje será el portacontenedores Dubai Tower, que zarpa el 15 de agosto y arribará a Felixstowe, el mayor puerto de contenedores de Gran Bretaña, alrededor del 5 de septiembre. Un rompehielos nuclear propiedad de Rosatom escoltará al barco.
La apertura de este itinerario, que prescinde de los estrechos de Malaca, Bab el-Mandeb, Gibraltar y el canal de Suez, no se ha hecho en unas pocas semanas. Moscú y Pekín empezaron a planearlo de manera pública hacia 2024; y en 2025 ambos gobiernos firmaron un acuerdo por el que los rusos entrenarían a marinos chinos para navegar por el Ártico.
La guerra de Ucrania y el enfrentamiento entre EEUU y China han acelerado un asunto del que se habla desde hace tiempo, cuando se constató que uno de los habituales retrocesos de los hielos en este mar (que sigue teniendo témpanos, sobre todo en invierno, a pesar de los pronósticos de Al Gore de que el Ártico quedaría libre de hielo) podría permitir la navegación en verano y siempre mediante barcos de casco reforzado o protegidos por rompehielos.
La Ruta de la Seda del Hielo cuenta a su favor con el aumento del riesgo para la navegación por Ormuz y Bab el-Mandeb, debido al conflicto en Oriente Próximo. Además, el conocimiento adquirido por los marinos mercantes puede trasladarse en seguida a los oficiales de las armadas. En un escenario de pesadilla para los gobiernos de Washington y Londres, los submarinos chinos desplazados por aguas rusas podrían aparecer en el Atlántico e interrumpir el tráfico entre América y Europa.
Y es que el Ártico puede convertirse en un nuevo frente de guerra, sea comercial o bélica. Su importancia la podemos comprender con el episodio del Komet. En julio de 1940, cuando la alianza entre la Alemania de Hitler y la URSS de Stalin no había cumplido un año, el crucero alemán Komet contorneó la costa norte rusa en dirección oeste-este con la ayuda de un rompehielos soviético, el Lenin, y salió al Pacífico por el estrecho de Bering. Allí y en el Índico atacó barcos e instalaciones británicas. Después de un viaje de 516 días de duración y casi 100.000 millas náuticas, en noviembre de 1941, el Komet entró en el puerto de Hamburgo.
En resumen, prosigue la guerra entre la talasocracia anglosajona, que controla los océanos gracias a la mayor flota de guerra del mundo y a su rosario de bases navales, y la epirocracia sino-rusa, que quiere dominar Eurasia, para lo que debe hacerse o aliarse con Irán, Ucrania, Taiwán y los estrechos e islas que le cierran el acceso a mares abiertos y templados.
Para vigilar el paso al Atlántico desde el Ártico, a Estados Unidos no le bastaba con la colaboración de Noruega, Gran Bretaña e Islandia, y por eso insiste en ampliar su presencia en Groenlandia. Ejemplos de esa actividad comenzada tras la invasión de Ucrania son las pequeñas pero constantes maniobras de la OTAN en la minúscula isla noruega de Jan Mayen, situada a 500 kilómetros al este de Groenlandia.
En esta guerra mundial, los chinos cuentan con peones en los países occidentales, cuyas élites son unas veces corruptas y otras simplemente idiotas. La Royal Navy británica empezó a usar en marzo drones de vigilancia K3 Scout. Los componentes de fabricación china que tienen actuaron como troyanos. Las cámaras de los drones enviaron imágenes a China. Después de descubrirlo, el Ministerio de Defensa eliminó la conectividad a internet de las cámaras de esa flota de drones, que costó doce millones de libras. Y el Gobierno británico sigue permitiendo a las empresas chinas establecerse en su país y comprando productos chinos.
La alianza Oso-Dragón, tal como acertó a definirla la investigadora Velina Tchakarova, trata de romper el cerco del poder anglosajón. Sin duda, el sultán marroquí y su camarilla se han felicitado por el anuncio de la apertura al tráfico marítimo en el Ártico, porque aumenta la importancia de los guardianes de los otros estrechos.