Animales exóticos

Investigadores italianos alertan de que la fauna silvestre ya posee bacterias resistentes a los antibióticos

Científicos realizan un análisis de laboratorio. Foto: Freepik
Científicos realizan un análisis de laboratorio. Foto: Freepik
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

La fauna de nuestros bosques y humedales guarda una amenaza microscópica que, hasta hace poco, parecía exclusiva de los entornos hospitalarios. Sin embargo, un grupo de investigadores italianos ha detectado que diversas especies animales, desde zorros hasta aves migratorias, portan bacterias que ya no responden a los antibióticos más potentes de la medicina moderna.

Este hallazgo confirma que la contaminación ambiental por fármacos ya está dentro de los ecosistemas naturales. El estudio, liderado por la Universidad de Parma, se centra en la Klebsiella pneumoniae, un patógeno capaz de causar cuadros graves de neumonía o sepsis en personas.

El hecho de que animales que jamás han ingerido un fármaco presenten estas resistencias indica que la fauna actúa como un reservorio de «clones de alto riesgo», un término técnico que describe bacterias con una capacidad superior para propagarse y causar daño.

¿Qué impacto tiene la resistencia bacteriana en la fauna silvestre?

La fauna silvestre funciona hoy como un espejo y amplificador de nuestra propia actividad química. Según los datos de la investigación en Frontiers in Microbiology, estos animales recolectan bacterias multirresistentes a través del contacto con aguas residuales, vertidos agrícolas y desechos urbanos.

El peligro real reside en que estas especies se desplazan; los zorros mueven la resistencia por tierra a corta distancia, mientras que las aves acuáticas la transportan miles de kilómetros en sus rutas migratorias.

El equipo científico italiano, con Mauro Conter a la cabeza, analizó cerca de 500 muestras fecales de animales en el norte de Italia. Como detalla la Agencia SINC, el muestreo incluyó zorros rojos, cuervos, urracas y diversas aves de humedal.

Los resultados confirmaron que el 100 % de los aislados de K. pneumoniae encontrados en estos animales silvestres resisten a las cefalosporinas de tercera generación. Este dato supera con creces las tasas registradas en humanos en Italia, donde la resistencia a este mismo fármaco ronda el 19,6 %.

El zorro y las aves como «detectores biológicos» de la crisis ambiental

Los zorros poseen una gran plasticidad ecológica y viven a menudo cerca de núcleos urbanos, lo que los convierte en indicadores perfectos de la contaminación terrestre.  Por otro lado, las aves acuáticas reflejan la calidad de los ecosistemas hídricos, vías principales por donde viajan los residuos de antibióticos y los genes de resistencia.

De esta forma, los zorros rojos actúan como «detectores biológicos» de la diseminación terrestre en zonas con alta densidad humana. Por otro lado, las aves acuáticas funcionan como vectores de larga distancia, ya que unen ecosistemas distantes a través del aire. Por último, los corvidos (cuervos y urracas) permiten monitorizar los entornos mixtos.

¿Por qué es importante la vigilancia ambiental?

La detección de cepas resistentes en entornos no expuestos directamente a la presión antibiótica sugiere que existe un ciclo continuo entre el hombre, el animal y el entorno. Aunque la prevalencia general del patógeno fue de un 2 %, los investigadores subrayan que incluso esa cifra es suficiente para alertar sobre la circulación de microorganismos muy peligrosos.

La fauna salvaje no solo padece la contaminación humana, sino que la estabiliza y la devuelve al entorno de formas que aún no se comprenden del todo. Para frenar esta tendencia, los expertos proponen medidas drásticas, como mejorar el tratamiento de las aguas residuales, reducir el uso de fármacos en la ganadería y limitar estrictamente el uso de antimicrobianos críticos para la medicina humana.

La meta es interceptar la resistencia antes de que los pacientes lleguen a la mesa de operaciones con infecciones que la ciencia ya no pueda curar.

«Lo que observamos es un problema complejo que requiere soluciones integrales, conocidas como ‘Una sola salud’ (One Health), que aborden la contaminación por antibióticos, los cambios en el comportamiento de la fauna silvestre impulsados por el clima y la dinámica de las poblaciones bacterianas», advierte Conter.

«Nuestros datos respaldan el monitoreo rutinario de la RAM en la fauna silvestre como un sistema de alerta temprana para la salud pública, que permita guiar intervenciones ambientales antes de que la resistencia alcance los entornos clínicos».

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