Especies invasoras

En el siglo XIX la introdujeron como planta ornamental: hoy es una de las especies invasoras más peligrosas del mundo y su savia puede quemarte

especies invasoras más peligrosas del mundo
Heracleum mantegazzianum, Foto: Appaloosa en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

España convive con un buen número de especies invasoras que amenazan la flora autóctona, pero pocas resultan tan peligrosas para las personas como la que hoy preocupa a biólogos y servicios de emergencia en medio continente. Se trata de una planta que puede superar los tres metros de altura, con un aspecto espectacular y un pasado ligado a la jardinería europea del siglo XIX.

Su savia esconde un compuesto capaz de reaccionar con la luz solar y transformar un simple roce en una lesión cutánea grave, con ampollas y quemaduras que en algunos casos han requerido hospitalización. Lo llamativo es que muchas personas ni siquiera saben que la han tocado hasta que, horas después, la piel empieza a reaccionar de una forma alarmante.

Heracleum mantegazzianum: la especie invasora que llegó a Europa como planta ornamental

La protagonista de esta historia es la Heracleum mantegazzianum, conocida también como hierba gigante del Cáucaso o perejil gigante.

Llegó al Reino Unido a mediados del siglo XIX como planta ornamental, valorada por sus flores blancas en forma de sombrilla y una altura que en ejemplares grandes supera los seis metros. Desde los jardines victorianos donde se cultivaba como rareza exótica, terminó escapando hacia ríos, caminos y terrenos baldíos de media Europa.

Justamente, esa capacidad de propagación explica por qué las autoridades europeas la vigilan tan de cerca: cada planta puede liberar entre 5.000 y 20.000 semillas, que el viento y el agua reparten con facilidad río abajo.

Por su parte, la Unión Europea la incluye en su lista de especies invasoras prioritarias y España la prohibió en 2013, junto a otras plantas exóticas que compiten con la flora autóctona por el agua y la luz.

Furanocumarinas: el compuesto de la savia que quema la piel al sol

El peligro real no está en las hojas ni en el tallo, sino en la savia, que contiene furanocumarinas. Estas sustancias no causan ningún daño por sí solas, pero al entrar en contacto con la piel y, después, con la radiación ultravioleta del sol, desencadenan una reacción química que destruye las células cutáneas.

¿El resultado? Pues se conoce como fitofotodermatitis, una quemadura química que puede confundirse al principio con una simple irritación solar.

Las primeras señales tardan en aparecer: entre 24 y 48 horas después del contacto surgen enrojecimiento, ampollas llenas de líquido y manchas oscuras que pueden persistir durante meses o incluso años.

Y si la savia llega a los ojos, el riesgo aumenta hasta la posibilidad de pérdida de visión parcial. Por eso los expertos recomiendan actuar rápido: lavar la zona con agua y jabón y cubrirla para evitar la exposición solar durante al menos dos días.

De Virginia a Cataluña: los casos que muestran el riesgo real

Para dar ejemplos reales, en Estados Unidos ya se han registrado varios episodios que ilustran el peligro.

Alex Childress, un jardinero de diecisiete años de Virginia, rozó sin saberlo una de estas plantas mientras trabajaba y, horas después de ducharse, la piel de su cara y sus brazos empezó a desprenderse. Los médicos lo mantuvieron bajo la ducha durante una hora y media para reducir el pH de su piel, y terminó con quemaduras de tercer grado en el rostro.

Como se puede apreciar, el caso no es aislado ni se limita a Europa: el estado de Nueva York prohíbe la posesión, el transporte o el cultivo de esta especie por considerarla una hierba nociva a nivel federal.

Y si volvemos al caso de España, los focos confirmados se concentran en Cataluña, en la comarca de la Cerdanya y en el Alt Urgell, junto al río Segre, donde se cree que la planta llegó arrastrada por el agua desde poblaciones situadas al otro lado de la frontera francesa.

Cómo reconocer y actuar frente a esta especie invasora en España

Identificarla no es difícil si se sabe qué buscar, lo que se ve en la imagen destacada: tallos gruesos y huecos, a menudo con manchas rojizas, hojas profundamente recortadas de gran tamaño y una umbela de flores blancas que puede alcanzar los 80 centímetros de diámetro.

Esta crece sobre todo junto a cursos de agua, caminos rurales y terrenos baldíos, zonas húmedas donde encuentra las condiciones ideales para propagarse sin control.

Y si por mala suerte, el contacto ya se ha producido, los protocolos sanitarios coinciden en varios pasos básicos:

  • Lavar la zona con agua fría y jabón lo antes posible, sin frotar.
  • Cubrir la piel y evitar el sol durante al menos 48 horas.
  • Acudir a un médico si aparecen ampollas o la reacción se extiende.

Para concluir, cabe señalar que el catálogo europeo de especies invasoras ya la sitúa entre las cinco más extendidas del continente: está presente en 21 países de la Unión Europea, la mayoría de ellos con programas activos para frenar su avance junto a ríos y canales.

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