Agricultura

De residuo agrícola a recurso productivo: científicos colombianos emplean hongos para aprovechar los desechos del arroz

Hongos, naturaleza, ciencia
Orellanas (Pleurotus sp.). Imagen: Salomé Gómez Gómez, magíster en Biotecnología de la UNAL.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El arroz sostiene gran parte de la alimentación mundial, pero su cultivo deja toneladas de residuos que se acumulan tras cada cosecha. El problema no está sólo en el volumen, sino en cómo los agricultores gestionan ese material.

Muchos productores optan por quemarlo para limpiar el terreno y esa práctica libera partículas contaminantes y gases que afectan al aire y a la salud de las comunidades cercanas.

Otros restos acaban en suelos o cursos de agua sin tratamiento. Esa acumulación deteriora la calidad del suelo, altera ecosistemas y desperdicia materia orgánica que aún tiene valor. Frente a este problema, un hongo desarrollado en Colombia ofrece una alternativa para transformar esos residuos en un recurso útil.

Científicos colombianos emplean hongos para aprovechar los desechos del arroz

Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia desarrollan en el país un bioinsumo a partir de hongos que transforma los residuos del arroz en un recurso útil para el campo. El equipo, vinculado al Instituto de Biotecnología, trabaja desde hace años en una solución que permita reducir la acumulación de tamo, el residuo vegetal que queda tras la cosecha.

La bióloga Salomé Gómez Gómez centró su investigación en el micelio de la orellana (Pleurotus sp.), un hongo conocido por su uso en la cocina, cuya red de filamentos se encarga de descomponer materiales complejos. Este componente actúa directamente sobre el tamo, que contiene lignina y celulosa, dos compuestos difíciles de degradar por otros microorganismos.

El micelio es un organismo vivo, respira, consume recursos y pierde actividad con el tiempo. Esa condición complica su almacenamiento y limita su uso fuera del laboratorio. Gómez probó distintas formulaciones para alargar su vida útil en condiciones similares a las que encontraría en una explotación agrícola.

Una combinación destacó frente al resto. La investigadora añadió alcohol polivinílico al 2 %, un material habitual en la industria médica y textil. Con ese ajuste, el micelio mantuvo su viabilidad durante casi tres meses, cerca de un mes más que en formulaciones convencionales.

El resultado no evita el deterioro, pero lo ralentiza. El número de células activas disminuye con los días, aunque el hongo conserva la capacidad de crecer y degradar residuos.

El proyecto cuenta con el respaldo del Grupo de Bioprocesos y Bioprospección, dirigido por la profesora Nubia Moreno Sarmiento y con la codirección de Marcela Aragón Novoa. Ambas líneas de trabajo buscan conectar la investigación con aplicaciones reales en el campo colombiano.

Así transforma el hongo Pleurotus los residuos del arroz en abono

El hongo conocido como orellana, del género Pleurotus, se utiliza habitualmente en la alimentación, especialmente en platos salteados o guisos. En este caso, los investigadores trabajan con cepas adaptadas a condiciones locales, lo que facilita su implantación en zonas arroceras como el Tolima.

El papel de este hongo resulta clave para abordar este problema. Según datos oficiales, Colombia generó cerca de dos millones de toneladas de residuos de arroz en un solo semestre, una cifra ligada a la importancia de este cultivo en la producción agrícola del país.

Los agricultores suelen destinar estos restos a la alimentación animal o los queman para despejar el terreno. Ambas opciones tienen costes. La primera genera emisiones de metano, un gas de efecto invernadero. La segunda contamina el aire y elimina nutrientes que podrían volver al suelo.

El uso del hongo cambia ese enfoque, pues el micelio degrada el tamo y lo convierte en un material que puede reincorporarse al terreno como abono o emplearse como base para nuevos cultivos. Ese proceso reduce residuos, mejora la fertilidad del suelo y evita emisiones innecesarias.

El equipo ya ha probado el bioinsumo en cultivos de flores en Guasca, con resultados favorables. Esa experiencia abre la puerta a extender su uso a otros sectores agrícolas, donde los residuos vegetales también representan un problema.

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