Los expertos claman al cielo: el 90% de los microorganismos que mejoran los cultivos agrícolas no llega al mercado
La agricultura ha demostrado tener capacidad para ayudar al medioambiente, pero no siempre hacemos todo lo que está en nuestras manos para conseguirlo. Por ejemplo, el 90% de los microorganismos con potencial para mejorar los cultivos no llega a convertirse en un producto comercial.
Eso es especialmente dañino en un momento donde la presión por reducir el uso de agroquímicos en agricultura y avanzar hacia modelos más sostenibles va en aumento. Y no es una cuestión de falta de avances científicos.
De hecho, los investigadores han detectado miles de bacterias y hongos capaces de mejorar cultivos, aumentar rendimientos o regenerar suelos. El verdadero problema aparece después, cuando esos descubrimientos deben salir del laboratorio y enfrentarse a las condiciones reales del campo.
Por qué la agricultura no usa la mayoría de los microorganismos que mejoran los cultivos
La combinación de ciencia y naturaleza es fundamental para mejorar los cultivos agrícolas, pero la formulación es un obstáculo muy difícil de sortear. ¿A qué nos referimos?
Muchos de estos microorganismos son extremadamente frágiles. Factores como el calor, la radiación solar, la falta de humedad o incluso el almacenamiento prolongado pueden acabar con ellos antes de que cumplan su función.
Esto explica por qué tantos desarrollos prometedores se quedan en el camino. Funcionan en entornos controlados, pero pierden eficacia cuando se exponen a la logística agrícola. Es decir, al transporte, a la distribución y a la aplicación en campo.
El resultado es un bloqueo estructural para el sector. En la práctica estos microorganismos no sirven de nada, ya que no está garantizada su supervivencia y se desaprovecha todo su potencial.
La alternativa de una ‘startup’ mexicana para que los microorganismos ayuden a la agricultura
En ese contexto surgen empresas como la startup mexicana MicroIN. Quieren utilizar a tecnología de microencapsulación, para proteger a los microorganismos y que logren llegar vivos y activos al momento de su uso real en el campo.
El sistema consiste en envolverlos en una especie de cápsula biológica diseñada a medida. Para ello se combinan herramientas de bioinformática y biomateriales, ajustando cada formulación a las características del organismo.
Los primeros resultados son positivos. Las formulaciones encapsuladas logran aumentar significativamente la viabilidad de los microorganismos y mejorar su resistencia frente a condiciones adversas. Esto se traduce en productos más estables, eficaces y con mayor vida útil.
Además, el impacto económico también se hace notar. Este nuevo sistema permite reducir las pérdidas durante el desarrollo. Además, la distribución ayuda a que estos productos sean más competitivos en el mercado.
El sector agrícola necesita más alternativas en el mercado a los agroquímicos
El crecimiento de los bioinsumos es imparable y es una buena noticia. Biofertilizantes, biofungicidas e inoculantes ganan terreno en todo el mundo, impulsados por normativas más exigentes y por una demanda creciente de alimentos producidos de forma sostenible.
Es decir, hay una demanda creciente que todavía no ha sido satisfecha, lo que puede generar varios problemas. El principal es que hace falta convertir esa promesa en resultados consistentes en el campo. Sin una formulación eficaz, incluso el mejor microorganismo pierde todo su valor.
La clave estará en la tecnología. Lograr que estos organismos sobrevivan, se adapten y actúen en condiciones reales marcará el ritmo de adopción en los próximos años.