La botánica española está de enhorabuena: recuperan en Murcia una de las especies de flora más amenazadas de Europa con 200 nuevas plantaciones
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Las especies en peligro de extinción suelen asociarse a grandes animales o ecosistemas lejanos, y pocas veces se piensa en las pequeñas plantas que también libran su propia batalla por sobrevivir, casi siempre en silencio y lejos de la atención mediática.
En este caso se trata de la flora española, y concretamente de una pequeña flor rosa del sureste del país que estuvo a punto de desaparecer para siempre, y que hoy vuelve a florecer gracias a años de trabajo científico.
Murcia recupera una de las plantas más amenazadas de Europa
La botánica española celebra la exitosa reintroducción en Murcia de la jara de Cartagena (Cistus heterophyllus subsp. carthaginensis), una de las especies de flora más amenazadas de Europa, mediante la plantación de 200 nuevos ejemplares en su hábitat natural.
Se trata de una subespecie endémica del sureste español catalogada «en peligro de extinción». Fue descubierta hace un siglo en la Sierra Minera de Cartagena y La Unión, y se consideró extinta por décadas debido a la minería.
Las nuevas plantaciones refuerzan su presencia en entornos protegidos de la Región de Murcia, y los ejemplares se seleccionaron genéticamente en el Centro de Conservación de Flora Silvestre de la Región de Murcia, en una alianza institucional coordinada entre la administración regional y la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT).
Una de las especies de flora más amenazadas de Europa
La jara de Cartagena estuvo al borde de la extinción debido a la destrucción histórica de su hábitat por la minería, los incendios forestales y la hibridación genética con la jara blanca (Cistus albidus).
La actividad minera fue uno de los principales factores, la explotación masiva en la Sierra Minera de Cartagena y La Unión destruyó el entorno natural de la planta durante el siglo XX. A esto se sumó la hibridación genética, ya que el cruce natural con la jara blanca diluyó la identidad genética de los pocos ejemplares supervivientes y afectó su descendencia pura, y los incendios forestales, que arrasaron de manera sucesiva con pequeñas poblaciones silvestres que ya eran extremadamente vulnerables.
También influyeron sus propios problemas reproductivos: la especie sufre de autoincompatibilidad, lo que significa que requiere la cercanía de otros ejemplares compatibles distintos para cruzarse y generar semillas viables.
Por último, los cambios en el territorio, como el abandono del pastoreo tradicional, facilitaron el crecimiento de pastizales densos que bloquearon la germinación del banco de semillas en el suelo.
Así es la jara de Cartagena
La jara de Cartagena es un arbusto mediterráneo perennifolio y muy ramificado que suele medir entre 80 y 120 centímetros de altura. Destaca visualmente por sus llamativas flores de color rosa pálido con el centro amarillo.
Sus flores tienen 5 pétalos de color rosado, de hasta 25 mm de longitud, con una mancha o mácula amarilla muy visible en la base. Las hojas son pequeñas, de menos de 2 cm de largo, alargadas o elíptico-lanceoladas, y tienen la particularidad de que sus bordes se curvan fuertemente hacia abajo. Sus tallos y ramillas están cubiertos por una densidad de pelos estrellados y glandulíferos, lo que le da una textura tomentosa o vellosa.
Produce una pequeña cápsula globosa, de unos 7 a 9 mm, que protege semillas de forma angulosa y color pardo. Es, además, una planta resistente al clima semiárido que puede llegar a vivir 30 años o más en su entorno natural.
Cómo lograron salvar a la jara de Cartagena
La recuperación de la jara de Cartagena es considerada uno de los mayores esfuerzos de la botánica moderna en España, logrando pasar de solo 4 ejemplares en la Región de Murcia en 2014 a más de 800 en la actualidad. Este rescate no fue sencillo, y se logró gracias a una estrategia científica que combinó biotecnología de vanguardia, genética molecular y cultivo en viveros.
El primer paso fue la limpieza genética mediante ADN masivo. El principal problema era la hibridación con la jara blanca, así que científicos de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) y la Universidad de Murcia utilizaron técnicas de secuenciación masiva de ADN para analizar los ejemplares, lo que permitió identificar cuáles eran 100% puros y descartar los híbridos para asegurar que solo se reprodujera la especie auténtica.
El segundo desafío fue superar la «autoincompatibilidad»: esta jara no puede polinizarse a sí misma, sino que necesita interactuar con otros ejemplares genéticamente distintos para producir semillas viables. Al quedar tan pocos ejemplares, la reproducción sexual era casi imposible, por lo que los botánicos recolectaron material de los escasísimos núcleos puros supervivientes, incluyendo germoplasma de Valencia, para cruzar líneas genéticas compatibles en entornos controlados y reactivar la producción de semillas sanas.
Para masificar la planta se recurrió a dos técnicas complementarias de multiplicación en laboratorio y viveros, la micropropagación in vitro y los esquejes, clonando a partir de tejidos y ramillas de plantas madre puras para obtener cientos de réplicas idénticas, y los bancos de germoplasma, conservando miles de semillas recolectadas y tratadas en el Centro de Conservación de Flora Silvestre de la Región de Murcia para blindar el futuro de la especie.
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