Flores

En 1945 creyeron que era buena idea plantarla en Islandia para frenar la erosión: 80 años después es una especie invasora que está acabando con la flora autóctona de la isla

Lupino de Nootka en Laugarvatn, en el sur de Islandia. Foto: Anjali Kiggal vía Wikimedia Commons - CC BY-SA 4.0
Lupino de Nootka en Laugarvatn, en el sur de Islandia. Foto: Anjali Kiggal vía Wikimedia Commons - CC BY-SA 4.0
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

En 1945, Islandia recibió una planta originaria de la costa de Alaska y Canadá con la esperanza de solucionar un grave problema. El lupino de Nootka (Lupinus nootkatensis) debía ayudar a frenar la erosión del suelo y a reforestar la isla. Sin embargo, ochenta años después, esa misma planta figura entre las especies invasoras del país.

Según el Instituto de Ciencias Naturales de Islandia, es una de las dos plantas vasculares designadas como invasoras en territorio islandés, junto con el perifollo silvestre.

Un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Plant Science en junio de 2018 midió el efecto de esa expansión sobre la flora autóctona. En los hábitats con más variedad de especies, el lupino redujo la diversidad vegetal incluso allí donde su presencia era baja.

¿Por qué Islandia plantó el lupino de Nootka en 1945?

Según los autores del estudio, el lupino de Nootka llegó a Islandia en 1945 para mejorar el suelo y apoyar la reforestación. El país arrastraba graves problemas de degradación de la tierra y de desertificación, y la capacidad de esta planta para formar suelo aparecía como una posible respuesta.

Su principal atractivo era la fijación de nitrógeno. El lupino toma ese nitrógeno de la atmósfera, estabiliza las laderas y aumenta la calidad y la profundidad del suelo.

Sin embargo, esa ventaja tenía una contracara. Los biomas fríos, como el islandés, saturan con rapidez su capacidad para retener nitrógeno, por lo que resultan vulnerables a las plantas que lo fijan.

La expansión del lupino de Nootka por las tierras bajas de Islandia

Con el paso de las décadas, el lupino de Nootka se extendió con rapidez por las tierras bajas islandesas. Las sucesivas introducciones humanas multiplicaron sus semillas, que duran años en el terreno.

Los investigadores comprobaron que la mayoría de los registros actuales se concentran cerca de las carreteras, a medio kilómetro o menos. En 2016, la planta ya alcanzaba los 572 metros de altitud.

Las ovejas cumplían un papel de freno, ya que comen las plántulas pequeñas e impiden que el lupino se asiente. Así, el abandono del pastoreo tradicional podría favorecer su avance.

Según un modelo elaborado a partir de 5.709 registros de la especie, el 13,3 % de la superficie de Islandia ya reúne hoy condiciones adecuadas para el lupino.

El lupino de Nootka hace desaparecer especies autóctonas de Islandia, según los investigadores

Para medir el impacto sobre la flora autóctona, el equipo trabajó en el valle de Morsádalur, en el Parque Nacional Vatnajökull, al sureste de Islandia. Allí analizó 27 parcelas de brezal, pradera y bosque de abedul con tres niveles de presencia del lupino (nula, baja y alta).

En el brezal, el hábitat más diverso, la riqueza de especies cayó de forma lineal a medida que aumentaba la cobertura de lupino. La cobertura del brezo común (Calluna vulgaris) se redujo a la mitad tanto con presencia baja como alta de la invasora.

Otras especies directamente desaparecieron allí donde crecía el lupino, aunque fuera en baja cantidad. Es el caso de la silene acaule (Silene acaulis), la armería marítima (Armeria maritima), el sauce herbáceo (Salix herbacea) y varias orquídeas.

«Los hábitats ricos en especies mostraron una pérdida de diversidad y riqueza de especies vegetales, así como un cambio en la composición de la comunidad, incluso en las clases de baja cobertura de lupino», escriben los autores del estudio.

En cambio, el abedul pubescente (Betula pubescens) aumentó en el brezal y en el bosque, mientras que la pradera no mostró un efecto significativo sobre la diversidad. Por otro lado, el nitrógeno que aporta el lupino facilitó la llegada de otras invasoras, como el perifollo silvestre (Anthriscus sylvestris) y el grosellero rojo (Ribes rubrum).

¿Hasta dónde puede llegar el lupino de Nootka en Islandia?

Las proyecciones del estudio apuntan a que, entre 2061 y 2080, el área apta para el lupino se habrá más que duplicado en todos los escenarios climáticos analizados. Según el modelo, podría ocupar entre el 39,1 % y el 61,7 % de la superficie de Islandia y llegar hasta unos 1.100 metros de altitud, ya dentro de las Tierras Altas Centrales.

El instituto islandés prevé, además, un rápido crecimiento de las zonas aptas para el lupino de Nootka hasta 2050, que podría llevarlo a colonizar buena parte de las tierras altas.

Para contener ese avance, los investigadores proponen usar el pastoreo de ovejas de forma sistemática. También admiten que la planta puede servir para restaurar suelos muy degradados, pero advierten que su expansión más allá de esas áreas altera los flujos de energía y nutrientes, con cambios que podrían ser duraderos o incluso permanentes.

El trabajo lo encabeza Vanessa Vetter, con un equipo de la Universidad de Bayreuth (Alemania) e investigadores de la Universidad de Coblenza-Landau y del Instituto de Ciencias Naturales de Islandia.

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