Madrid tendrá un túnel inteligente con IA en la Castellana: detectará accidentes, averías y regulará la velocidad en tiempo real
El nuevo túnel de la Castellana, cuya excavación ya está finalizada, se prepara para abrir al tráfico en diciembre
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Las obras del nuevo túnel de la Castellana ya han pasado una de sus fases más importantes. La excavación está terminada y, por primera vez, los dos extremos de la galería, de 675 metros, ya están abiertos. A partir de aquí empieza otra etapa, menos visible pero clave: instalar todo el sistema que permitirá ponerlo en marcha.
El calendario, al menos sobre el papel, sigue igual. La idea es abrir al tráfico en diciembre. Y, viendo cómo avanzan los trabajos, no parece descabellado. Mientras tanto, en la superficie ya se empieza a intuir lo que vendrá después: jardines, zonas de paseo, pérgolas y una gran fuente que cambiará bastante la imagen de este tramo de la Castellana. Pero lo que realmente marca la diferencia no se ve desde fuera. Está dentro del túnel, y tiene que ver con cómo se va a gestionar el tráfico y el uso de la inteligencia artificial.
Madrid tendrá un túnel inteligente con IA en la Castellana
El proyecto no es sólo soterrar coches sino que va bastante más allá. La idea es quitar presión al tráfico en superficie y, al mismo tiempo, reorganizar este tramo de la ciudad. El túnel tendrá tres carriles por sentido, además de accesos y enlaces. Es decir, capacidad suficiente para absorber buena parte del tráfico que ahora pasa por arriba. Pero lo interesante está en cómo se ha diseñado.
Se ha optado por una estructura en dos niveles. No es una decisión estética ni casual ya que sirve, sobre todo, para reducir el impacto en el arbolado y mantener el mayor número posible de árboles. Algo que, en una zona como esta, tenía bastante peso. Además, ya está prevista una ampliación futura. Ese segundo nivel que todavía no está terminado permitirá conectar más adelante con Madrid Nuevo Norte y el entorno de Begoña.
Por otro lado, la gestión del tráfico no dependerá sólo de cámaras o de operarios en un centro de control. Habrá sistemas de inteligencia artificial que analizarán lo que ocurre en tiempo real. ¿Y en la práctica qué significa eso? Que el túnel podrá detectar un accidente prácticamente en el momento en que ocurre. O una avería. O una retención que empieza a formarse. Y, a partir de ahí, se podrá actuar con mayor celeridad. Además, gracias a la IA también se podrá identificar vehículos, ajustar la velocidad recomendada y controlar otros factores como las emisiones dentro del propio túnel. Todo de forma automática, de modo que no se trata sólo vigilancia, sino de gestión activa.
Ajustes automáticos según lo que esté pasando
Uno de los puntos más llamativos es que el sistema no se limita a detectar problemas. También es capaz de tomar decisiones. Por ejemplo, puede modificar la ventilación en función del tráfico o de la calidad del aire. O adaptar la circulación si detecta un cambio en el flujo de vehículos. De este modo no hace falta esperar a que alguien intervenga manualmente y es precisamente lo se busca: que el túnel se adapte a lo que está pasando en cada momento. No que funcione siempre igual. Puede parecer un detalle técnico, pero en la práctica cambia bastante la experiencia de conducción, con menos frenazos, menos situaciones imprevistas y, en teoría, más seguridad.
Menos coches arriba y un nuevo espacio en superficie
El otro gran cambio se notará fuera. Cuando el túnel esté operativo, la superficie quedará prácticamente liberada de tráfico intenso. Por arriba sólo circulará transporte público y tráfico local. Nada que ver con lo que ocurre ahora y permitirá crear un espacio de unos 70.000 metros cuadrados que conectará zonas que hoy están separadas por coches: La Paz, las Cuatro Torres, la colonia de San Cristóbal y el futuro desarrollo de Madrid Nuevo Norte. No es solo un parque, es una forma distinta de entender esta parte de la ciudad.
El objetivo sigue siendo diciembre
A día de hoy, el Ayuntamiento mantiene la fecha prevista fijada para l mes de diciembre. Falta la parte más delicada, que es el equipamiento, pero el ritmo de obra invita a pensar que se puede cumplir. Eso sí, como ocurre con casi todas las obras hasta que no está abierto, nadie lo da por seguro. Mientras tanto, ya han empezado también los trabajos en superficie. Y en paralelo, se prepara la siguiente fase: la excavación del segundo nivel.
Un proyecto que no es solo una obra más
El túnel de la Castellana no es simplemente una infraestructura nueva. Es, en cierto modo, una prueba de hacia dónde quiere ir la ciudad. Más tecnología, más automatización y menos tráfico en superficie. Esa es la idea. Luego habrá que ver cómo funciona en la práctica. Pero sobre el papel, el cambio es claro.Y, sobre todo, visible, porque lo que antes era una vía con coches, dentro de unos meses será un espacio completamente distinto.