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Curiosidades: libros que modificaron su título original

Entre las curiosidades de la historia ligadas a los libros, está la de los libros que cambiaron su título original. Aquí te contamos algunos casos.

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LIbros que cambiaron su título
Libros que modificaron su título

Inmortalizar un libro no depende únicamente del contenido de sus páginas. Aunque sus líneas sean buenas, lo que hará que sea aún más memorable será su título. Un escritor concibe una primera idea que, por distintas razones, no termina de encajar como la mejor carta de presentación para su libro. La tarea de elegir un buen título puede ser determinante para el éxito de la obra.

Algunos autores se vieron en la obligación de cambiar en sus conocidos libros su idea original por una que se adaptara más, ya sea a la época en que se publicaría, a las impresiones que deja la lectura o, simplemente, acortar líneas extensas de la versión original.

Estos son algunos clásicos que cambiaron su título original

Originalmente, la obra literaria de Jane Austen, Orgullo y prejuicio (1813) se llamaría Primeras impresiones, que se terminó de escribir en 1796. Pero, no fue sino hasta 1811, que Austen logró conseguir un editor que sugirió un título que se adaptara más a los cambios que había sufrido la sociedad para esa época.

En 1945, se publicó Retorno a Brideshead del novelista británico Evelyn Waugh, quien buscaba convertir a su novela en una obra resaltante para el catolicismo. Los planes cambiaron cuando los editores decididieron que La casa de la fe no representaba la historia alrededor del personaje, Charles Ryder.

Por su parte, el escritor Ruso, Vladimir Nabokov escribió una historia ficticia de la relación entre un hombre de 40 años y una niña de 12, su hijastra. El título original fue The kingdom by the Sea (Un reino al lado del mar), un nombre que tuvo claras influencias del poema de Edgar Allan Poe, Annabel Lee. Pero que no encajó tanto como Lolita, el título con que se publicó la obra en 1955. Libros clásicos

Otros títulos que fueron cambiados

Ford Madox Ford comenzó las líneas de su libro con la frase “Esta es la historia más triste que he oído nunca”, por lo que creyó buena idea llamarle La historia triste. Sin embargo, se avecinaba la Primera Guerra Mundial y el título que impulsó a la obra fue El buen soldado, un nombre que relució sarcásticamente y que resultó propicio para la época.

El escritor inglés, Charles Dickens tuvo la oportunidad de reflexionar sobre el título de su libro cuando se dio cuenta que No es culpa de nadie era un error, porque la sociedad de Londres sí era responsable de lo que ocurría para aquel entonces. Finalmente, La pequeña Dorrit (1857) se imprimió en la portada del libro porque representaba mejor la culpa de la burocracia y las clases altas ante los prisioneros deudores que perdían su vida tras las rejas.

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