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Experta en cerveza: «Mucha gente cree que las latas estropean el sabor, pero protegen mejor que las botellas»

cerveza latas
Blanca Espada

Todo aquel que bebe cerveza sabe que generalmente la que se compra en botella suele asociarse a un producto de más calidad, mientras que una lata arrastra de alguna manera, una fama o una creencia sobre el metal y el sabor que este puede dejar en la cerveza. Sin embargo, en la actualidad la que se vende en lata es una cerveza de buenísima calidad, e incluso ese tipo de envase serviría precisamente para protegerla mejor según una experta.

Agus Blanco, especialista española y jueza de cerveza que figura como la única mujer de nuestro país entre los 100 jueces más activos del mundo del Beer Judge Certification Program (BJCP), ha querido poner el foco en tres elementos que conviene mantener bajo control para que una cerveza conserve sus características: «la luz, el calor y el oxígeno». Y es precisamente la luz la que inclina la balanza a favor de la lata en determinados casos. Este envase la bloquea por completo, algo que una botella no siempre consigue. Blanco también desmonta la antigua creencia sobre el regusto metálico: las latas que se utilizan actualmente están diseñadas para que el contenido no vea alterado su sabor. Una diferencia especialmente interesante cuando hablamos de una pale lager, el tipo de cerveza que encontramos con facilidad en cualquier supermercado.

Por qué la lata protege mejor la cerveza que una botella

El principal punto a favor de la lata está en algo tan básico como su opacidad. La luz no puede atravesarla, mientras que el vidrio sí puede permitir su entrada en mayor o menor medida. Esto importa porque la exposición a la luz puede acabar provocando cambios en la cerveza. Incluso un producto pasteurizado puede verse afectado si pasa demasiado tiempo en unas condiciones poco adecuadas.

«Durante mucho tiempo existió el temor de que la lata estropeara el sabor de la cerveza, pero hoy es un producto diseñado para no afectar al sabor», señala Blanco. A  pesar de esto, la botella tampoco debe entenderse como una mala elección. La especialista reconoce que ofrece una experiencia diferente y que incluso puede intervenir favorablemente en la evolución de ciertos tipos de cerveza. No todas se elaboran ni se consumen de la misma manera. Pero para una pale lager convencional, sin embargo, la protección completa frente a la luz convierte a la lata en una opción muy eficaz.

La luz y el calor pueden cambiar el sabor

El envase no lo es todo. Comprar una buena cerveza y dejarla después junto a una ventana durante semanas puede echar por tierra parte de las ventajas de una correcta conservación. Y es que la cerveza no funciona como determinados vinos que se guardan durante años para que evolucionen. La mayoría está pensada para beberse relativamente fresca y puede ir perdiendo aromas y sabor con el paso del tiempo. Por eso Blanco recomienda evitar los lugares con mucha luz. Si no tenemos espacio en el frigorífico, un armario oscuro o una despensa alejada de las ventanas resulta más apropiado.

Por otro lado, el calor plantea un problema parecido. Dejar las cervezas cerca del horno, de un radiador o en una habitación que alcanza temperaturas elevadas durante el verano no ayuda a conservarlas. Según la especialista, superar los 25 grados supone un choque térmico demasiado fuerte. La recomendación pasa por buscar temperaturas más bajas y, a ser posible, que no estén cambiando continuamente.

Cómo hay que guardar las cervezas en casa

La opción más segura para una cerveza que no vamos a beber inmediatamente es bastante sencilla: guardarla en el frigorífico. Una temperatura baja y estable permite conservarla durante más tiempo en buenas condiciones. También conviene prestar atención a la posición del envase. Blanco aconseja colocar tanto las botellas como las latas en posición vertical. Así, los posibles sedimentos permanecen depositados en la parte inferior y no terminan extendiéndose por la bebida.

Lo que no recomienda es recurrir al congelador como sistema de conservación. Puede servir para intentar enfriar rápidamente una bebida durante unos minutos, pero dejarla allí demasiado tiempo puede tener consecuencias. De hecho, la congelación puede provocar una pérdida de carbonatación y afectar a la calidad de la cerveza. A ello se añade el riesgo derivado de la expansión del líquido cuando se congela.

Entonces, ¿es mejor comprar cerveza en lata o en botella?

La respuesta depende en parte del tipo de cerveza. Existen estilos que pueden evolucionar de manera diferente y casos en los que el vidrio tiene sentido por las propias características del producto. Pero si hablamos de las cervezas de consumo habitual que encontramos en el supermercado, no existe motivo para rechazar automáticamente la lata por miedo a que deje un sabor metálico. Su principal ventaja es precisamente la protección. Al no dejar pasar la luz, elimina uno de los factores que pueden modificar las características de la bebida antes de que llegue al vaso.

Eso no convierte automáticamente en peor a una cerveza embotellada. Importa también cómo se ha transportado, cuánto tiempo lleva almacenada y las condiciones en las que ha permanecido antes y después de comprarla.

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