Bernabéu Market: cuando lo turístico convive con lo local
Madrid sigue siendo una ciudad de mercados, aunque ya no basta con la merluza en filetes y la fruta con brillo de madrugada. El mercado madrileño ha aprendido a hablar dos idiomas a la vez. El de la compra diaria y el de la escapada gastronómica. El de la vecina que viene a por verdura y el del visitante que busca una barra para entender la ciudad a mordiscos. Esa convivencia no siempre sale bien. A veces se convierte en un parque temático con precios de aeropuerto y alma de cartón. Otras, en cambio, el invento cuaja porque respeta algo que aquí es sagrado: la comodidad de estar, la claridad de la oferta y la sensación de que el sitio no te toma por ingenuo.

El caso más reciente es Bernabéu Market, que abrió el 4 de noviembre de 2025 bajo el estadio Santiago Bernabéu, con acceso por la Puerta 54 y la Plaza de los Sagrados Corazones. Más de 3.000 metros cuadrados dedicados a una veintena de operadores y una idea muy concreta: que el visitante se mezcle sin estridencias con el barrio. 

El lugar nace con un respaldo empresarial nítido. El proyecto está impulsado por el grupo gallego Amicalia, a través de Restanima, con una concesión de diez años e inversión inicial que se ha cifrado en ocho millones de euros. El horario anunciado es amplio, de 10:00 horas a 00:00, con funcionamiento diario y ajustes en días de partido. No es un dato menor. El mercado gastronómico que se propone como punto de encuentro necesita horas, rotación y un flujo constante. Necesita también lo que tantos han olvidado: sitio para respirar.

La oferta juega a dos bandas con bastante oficio. Están nombres que funcionan como señuelo para quien viene con el mapa en la mano y otros que apuntan a la repetición del madrileño que trabaja por la zona o vive en Chamartín. En las informaciones publicadas se citan marcas como Joselito, Casa Dani, Beata Pasta u Ostras Sorlut, junto a propuestas como taquería, pulpería o barras de encurtidos. Es el catálogo habitual de esta nueva hostelería de mercado, donde conviven lo castizo y lo global sin que tenga que arder nada. La cuestión es si la mezcla resulta natural o impostada.

Aquí entra el discurso que ha defendido su directora, Inés de Marichalar, en HIP 2026, la feria madrileña de innovación hostelera. Su tesis es sencilla y, en Madrid, casi polémica: lo turístico no es necesariamente malo si el espacio está pensado también para el que repite. Integrar al que viene de fuera sin expulsar al que vive dentro. Es una idea razonable y, sobre todo, práctica. Lo que mata un mercado no es el turista, sino el mercado mal gestionado, incómodo, caro por sistema o diseñado como escaparate.

Madrid tiene antecedentes que invitan a la cautela. El Mercado de San Miguel ha sido un éxito de visitas durante años, pero nunca pretendió ser mercado de barrio y ahora está cerrado por obras de restauración sin fecha pública de reapertura. Otros proyectos muy vistosos han sufrido cuando el brillo no se convierte en costumbre. Es la diferencia entre ir una vez y volver cada semana. La recurrencia es el verdadero examen y, en esta ciudad, no se aprueba con decoración.

Bernabéu Market juega además con una circunstancia peculiar. Se levanta bajo el estadio del otro equipo de la ciudad, ese al que uno mira con la rivalidad inevitable y la ironía sana del Atlético. Lo interesante es que el fútbol aquí queda como telón de fondo y la comida toma el centro del campo. Si el espacio consigue que el vecino entre sin complejos, que el visitante no se sienta estafado y que la experiencia sea cómoda, tendrá más recorrido que muchos templos del impacto rápido.
Madrid no necesita más espectáculo. Necesita lugares donde se coma bien, se pague con sentido común y se pueda estar sin sentirse en una romería organizada. Si Bernabéu Market entiende eso, lo turístico y lo local no solo convivirán. Se darán la mano sin hacerse ruido.
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