El asesino de Laura Luelmo confiesa que la golpeó en la cabeza y la dejó tirada en el monte

El presunto asesino de Laura Luelmo ha declarado durante cuatro horas

Confiesa que Laura Luelmo le atraía poderosamente desde que la vio por primera vez

EDITORIAL. Sánchez: con la prisión permanente no habrían asesinado a Laura

Han sido cuatro horas de declaración desde las 22:00 horas del martes hasta las 2:00 horas del miércoles. Un interrogatorio agotador en el que Bernardo Montoya ha detallado su versión de los hechos negando siempre que abusara sexualmente de Laura Luelmo e incluso que el golpe la matara.

El relato de Montoya, según fuentes judiciales, arranca el día de la desaparición sobre las 17:30 horas de la tarde. Según el detenido, ya hacía tiempo que la víctima le atraía poderosamente. Esa tarde Laura salió de casa, se encontró con él en la calle y le preguntó dónde estaba el supermercado más próximo. La acompañó hasta allí. Pero mientras ella hacía la compra, él aprovechó para traer su coche. A la salida la abordó e intentó que le acompañara. Ante la negativa de ella y en el forcejeo le dio un golpe contra la puerta del coche. Bernardo prosiguió su relato contando cómo le ató las manos, la metió en el maletero y la tapó con una manta.

Bernardo se dirigió con Laura Luelmo hacia el camino forestal donde días después encontraron el cadáver. Confiesa que su intención era agredir sexualmente a la víctima pero se asustó, la arrastró por el campo y escondió su cadáver con unas ramas. El presunto asesino negó a los guardias una y otra vez haber consumado la agresión. Incluso sostiene que la dejó viva, abandonada en el monte a su suerte. Luego cogió los enseres de la víctima, el teléfono y las zapatillas que perdió mientras la arrastraba por el camino y se deshizo de ellos en puntos diferentes del recorrido de vuelta a su domicilio.

El presunto asesino contó que, presa de los remordimientos, no podía conciliar el sueño. Cada día seguía obsesivamente cualquier noticia que aparecía en los medios sobre la desaparición de Laura y los remordimientos le impedían conciliar el sueño. Incluso llega a mencionarle a los guardias que pensaba entregarse el mismo día que lo detuvieron a las afueras del Campillo.

En coche de un lado a otro

Esos días, desde el miércoles 12 de diciembre hasta su detención ayer día 18 de diciembre, Bernardo sostiene que los pasó viajando en su coche de un lado a otro buscando la compañía y el refugio de familiares y amigos. Que nunca se alejó más de 50 kilómetros del Campillo y no pretendía escapar.

El relato del presunto asesino a priori no coincide con los datos que se conocen del caso. Resulta difícil que Laura se dirigiera a Bernardo para preguntarle por un supermercado, tras comentarle a su novio que se sentía intimidada por Bernardo y que este no la perdía de vista.

Lo siguiente que no encaja es el golpe con el coche ya que en la autopsia los golpes que presenta la víctima en la cabeza son de mucha más entidad y no es un único golpe el que recibió. Pero, sobre todo, la autopsia mantiene que Laura murió dos días después de su desaparición y parece muy improbable que pasara esos dos días en el lugar donde se encontró su cadáver sin que la descubriera cualquiera de los paseantes que frecuentan la zona.

Demasiadas incógnitas y desacuerdos en la versión de Bernardo que hoy se someterá a varias diligencias encaminadas a reconstruir su historia.

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