Aragón, el Ohio español que predice quién ganará las elecciones generales… aunque ya no tanto
Su fama de oráculo ha ido perdiendo fuerza con el tiempo

Aragón se ha ganado, desde hace años, el apodo de el Ohio español en el ámbito electoral. Al igual que el estado de Ohio ha sido durante décadas un fiel termómetro de las presidenciales estadounidenses —quien ganaba allí solía ganar la Casa Blanca—, Aragón ha mostrado una sorprendente capacidad para reflejar, con notable precisión, las tendencias de voto del conjunto de España.
Desde la Transición democrática en 1977, en casi todas las elecciones generales el partido que ha vencido en las tres provincias de Aragón, el Ohio español, (Zaragoza, Huesca y Teruel) ha terminado siendo también el ganador estatal. Este paralelismo no es casualidad, sino que responde a características sociodemográficas y territoriales que convierten a Aragón en una España en miniatura: combina una gran área metropolitana como Zaragoza (con un perfil urbano y de servicios similar al promedio español), zonas rurales despobladas en Teruel y un mix de industria, agricultura y turismo en Huesca.
Además, la presencia de partidos regionalistas de peso moderado, como el PAR, y la distribución de circunscripciones —una grande y dos pequeñas— reproduce en pequeño el mosaico electoral del país.
El fenómeno quedó popularizado especialmente con el libro Aragón es nuestro Ohio: así votan los españoles (publicado en 2015 por varios politólogos y sociólogos), que analizaba cómo esta comunidad actuaba como un barómetro fiable del comportamiento electoral español. Durante el periodo del bipartidismo PSOE-PP, la coincidencia fue casi perfecta; incluso en épocas de mayor fragmentación, los porcentajes de voto y la fuerza relativa de los bloques solían anticipar lo que ocurriría semanas o meses después en las generales.
Estos son algunos ejemplos claros y destacados de esa «casi infalibilidad» del Ohio español, Aragón:
- 1982: victoria aplastante del PSOE de Felipe González a nivel nacional (48,1% y mayoría absoluta). En Aragón, el PSOE también arrasó en las tres provincias (Zaragoza, Huesca y Teruel), con porcentajes superiores al 45-50% en muchas circunscripciones, reflejando el cambio de ciclo tras la UCD.
- 1986 y 1989: el PSOE de González volvió a ganar las generales con mayorías absolutas o cómodas. Aragón replicó exactamente el patrón: el PSOE fue el más votado y con clara ventaja en las tres provincias, consolidando la hegemonía socialista.
- 1993: última victoria de González (relativa, sin mayoría absoluta). En Aragón, el PSOE mantuvo la primacía en las provincias aragonesas, aunque con márgenes más ajustados, anticipando el inicio del declive pero aún ganando.
- 1996: alternancia con el PP de José María Aznar (victoria relativa). Aragón cambió de color: el PP (a menudo en coalición o con apoyo del PAR) se impuso como fuerza más votada en las tres provincias, vaticinando el fin de la etapa González.
- 2000: mayoría absoluta del PP de Aznar. Aragón dio una victoria contundente al PP, con porcentajes muy altos en Zaragoza y las provincias más rurales, reproduciendo el «rodillo» popular a nivel estatal.
- 2004: triunfo del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero tras el 11-M. En Aragón, el PSOE recuperó la primera posición en las tres provincias, invirtiendo la tendencia de 1996-2000 y anticipando el cambio de gobierno.
- 2008: reelección de Zapatero (victoria relativa). El PSOE volvió a ser el más votado en Aragón, aunque con resultados ajustados en algunas zonas, fiel reflejo del empate técnico nacional.
- 2011: victoria contundente del PP de Mariano Rajoy (mayoría absoluta con 44,6%). En Aragón, el PP (en coalición con el PAR en algunas listas) ganó claramente en las tres provincias, con porcentajes alrededor del 45-50%, confirmando una vez más el paralelismo perfecto.
Sin embargo, esta fama de oráculo ha ido perdiendo fuerza con el tiempo. La irrupción de nuevos actores como Podemos, Ciudadanos, Vox o partidos como Teruel Existe y Aragón Existe ha fragmentado más el voto y ha hecho que las dinámicas autonómicas se desmarquen en ocasiones del patrón nacional. Además, el propio Ohio perdió su infalibilidad en 2020 al votar por Trump mientras Biden ganaba las presidenciales, y algo parecido ocurre en Aragón: aunque sigue siendo un indicador interesante (especialmente tras autonómicas que actúan como termómetro previo a generales), ya no es tan infalible como antes.
La «españolización» de ciertos debates por parte de Vox y la mayor volatilidad del electorado han diluido parte de su poder predictivo.
Hoy, en 2026, Aragón sigue siendo observado con atención cada vez que hay urnas de por medio, pero ya no como un predictor casi mágico. Es un termómetro útil, aunque cada vez menos preciso.