Ataque de EEUU e Israel a Irán

Petróleo más caro, escalada de la inflación y el oro como refugio: claves económicas de la guerra en Irán

Las debilidades del tejido productivo español le exponen más ante una crisis de precios

guerra Irán
Yacimientos petrolíferos en Oriente Medio.
Roberto Pérez
  • Roberto Pérez
  • Periodista y licenciado en Ciencias Políticas. Especialista en sector público, economía política y presupuestaria, e instituciones político-administrativas. Trabajó para Agencia Efe y Cope, ejerció durante más de 20 años en ABC -etapa que incluyó el ejercicio temporal de la corresponsalía de Nueva York- y actualmente es subdirector de OKDIARIO.

El desafío nuclear y terrorista antioccidental –y,  sobre todo, antijudío– de la tiranía iraní de los ayatolás ha acabado por desencadenar una guerra que, de forma inmediata, abre un nuevo escenario económico con importantes incertidumbres. La región del Globo en la que se registra el conflicto bélico es el gran depósito de hidrocarburos del mundo. Y escenario estratégico para el tráfico mercante entre Oriente y Europa a través del Estrecho de Ormuz. Esas dos circunstancias hacen temer, de entrada, un encarecimiento del petróleo y del gas, que genera indefectiblemente un repunte de la inflación que, a su vez, muerde el bolsillo de los ciudadanos al reducir su poder adquisitivo y golpea la competitividad de las empresas.

Un repunte inflacionista siempre es indeseable si no se soporta en un fuerte crecimiento económico basado en expansión de productividad y PIB. Si, como ocurre en Europa en estos momentos, ese incremento se registra cuando los gobiernos se esfuerzan por luchar contra la escalada de precios acumulada en los últimos años, el escenario es especialmente negativo.

Tipos de interés al alza

Dependerá de cuál sea el incremento de la inflación. Pero la única forma de luchar contra ella pasa por una restricción del capital circulante. A menos dinero disponible para el consumo y la inversión, mayor enfriamiento de los precios –por la vía de la contención de la demanda–. De ahí que la lucha contra esa potencial inflación con origen en la guerra de Irán haga temer por un repunte de los tipos de interés, del precio del dinero, lo que afecta de lleno al consumo, pero también a la capacidad del tejido productivo por invertir y generar nuevo empleo.

Un repunte de los tipos de interés forzados por la necesidad de contener la inflación y por las incertidumbres económicas tendría también un impacto directo en el gasto público, porque la tremenda deuda pública de las administraciones españolas vería encarecida su financiación. En el peor de los escenarios, habida cuenta del volumen de deuda y déficit de España, una persistencia del conflicto o de sus consecuencias podrían incluso hacer temer por una crisis de deuda por la vía del incremento de la prima de riesgo.

Se encarece la producción

El incremento del precio del petróleo y del gas tiene un fuerte impacto en los sectores productivos más intensivos en su utilización. El transporte, evidentemente. Pero también actividades industriales. Al final, sea por el lado del transporte o por el de la producción, o por ambos dos, un petróleo y gas más caros fuerzan al alza los precios. De ahí que se traslade a la inflación. Hay que tener en cuenta, en el caso concreto de España, que este impacto se produciría sobre un tejido productivo que depende del sector servicios, en particular del turismo y del comercio, que de por sí es una actividad intensiva en mano de obra, pero con mucha menor capacidad de generación de valor añadido y rentas salariales que la industria.

Bolsillos más vacíos

A más inflación, menor poder adquisitivo de los ciudadanos con carácter general. La inflación tiene el efecto de una suerte de impuesto encubierto, una depreciación del dinero disponible. En suma, bolsillos más vacíos.

España, más expuesta

Ante este escenario, España aparece como uno de los países europeos más expuestos a estas incertidumbres, por las debilidades que arrastra su tejido productivo y por circunstancias especialmente críticas como es la actual crisis del mercado inmobiliario por sus disparados precios, tanto de alquiler como de compra.

Los expertos llevan tiempo advirtiendo que la productividad real no está creciendo de forma estable ni acompasada a como está avanzando la población ocupada. Hay más trabajadores, crece el PIB, pero la productividad no avanza en consonancia. De hecho, la productividad por hora trabajada en nuestro país está prácticamente estancada pese al aumento del número de ocupados. Eso merma la capacidad de generar rentas añadidas. Frena los salarios. Y esto tras años en los que los precios han crecido de forma muy considerable, reduciendo el poder adquisitivo.

El oro al alza, las bolsas inquietas

En cuanto a los activos de inversión para el ahorro, un escenario de incertidumbre, de amenaza inflacionista y de reducción de la competitividad afecta también a las expectativas de los rendimientos empresariales. Las bolsas son especialmente temerosas ante escenarios de este tipo y anticipan sus efectos con tremenda rapidez. Todo apunta a que los mercados de valores abrirán sesión el lunes con esa inquietud traducida en correcciones a la baja de las acciones. Y más en las bolsas de países más expuestos. En Europa, como se ha apuntado, España destaca precisamente por su exposición a estas nuevas incertidumbres.

El oro, sin embargo, que ha alcanzado récord de cotización, siempre se refuerza como valor refugio a nivel mundial ante escenarios sombríos en los mercados financieros y en momentos de inestabilidad geopolítica. El oro está en máximos, pero la guerra de Irán es de prever que consolide ese nivel de máximos y que la cotización incluso emprenda un nuevo estirón alcista.

La clave: la duración de la guerra

Este es el escenario de conjunto. A partir de ahí, para calcular los efectos económicos al detalle, la clave es cuánto durará la guerra, cuánto se prolongará el conflicto, si tendrá algún tipo de efecto contagio directo o indirecto en Oriente Próximo y Medio, y qué desenlace tendrá: el derrocamiento de la tiranía de los ayatolás de Irán y la apertura de un nada sencillo camino hacia la estabilidad política; o el mantenimiento de la tiranía con acuerdos correctivos que la eliminen como la amenaza que es actualmente. De ello dependerá que el impacto económico sea mayor o menor en sus cifras, y más o menos largo en su duración.

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