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El fraude del sistema de pensiones: peor que un esquema Ponzi

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Imagen simbólica de las pensiones

El sistema de pensiones actual es peor que un esquema Ponzi. A saber, el funcionamiento es igual: que los primeros inversores (pensionistas) obtengan rentabilidades (pensión) de lo invertido depende única y exclusivamente de que entren más inversores (trabajadores), de tal forma que se produzca una redistribución de unos a otros. El fraude se hace evidente cuando la pirámide se derrumba, cuando se invierte, esto es, cuando el número de nuevos inversores es inferior al de los que ya están, y las nuevas inversiones no bastan para pagar el montante total de intereses prometidos.

Y esto es peor en el sistema de pensiones de reparto porque al menos, en un esquema Ponzi, en el momento en el que se hace evidente el fraude puedes abandonar la inversión, es voluntaria, y a buen seguro que no volverás a confiar en el timador. Sin embargo, el sistema de la Seguridad Social en España es obligatorio para los trabajadores, aunque se reconozca que no dará ni para todo el año que viene el Fondo de Reserva no puedes decidir el no volver a confiar en los estafadores.

Es cierto que este estaba ideado para ser usado en momentos en los que la situación económica no fuera buena, pero es que la Seguridad Social acumula un déficit ya de 40.000 millones de euros desde el año 2010 y la situación está yendo a peor —el desequilibrio presupuestario fue en 2015 el mayor de toda la crisis y en lo que llevamos de 2016 el desajuste es casi el triple–.

Y no es cuestión de salarios e incrementar cotizantes, el nivel de salarios ha incrementado en los últimos años —aunque algunos quieran negarlo— y el número de empleados es superior al del año 2011. El problema es que la pensión media y el número de pensionistas va in crecento, y hoy en día hay aproximadamente dos cotizantes por cada pensionista, pero para el año 2050 la proporción será menor a uno. El esquema Ponzi está dejando de funcionar.

Y todo ello a pesar de los diferentes recortes realizados durante las últimas décadas, como es el aumento de la edad de jubilación de los 65 a los 67 años, los años tenidos en cuenta para el cálculo de la base reguladora —que han pasado de ser una media de los dos últimos años de salario a los últimos 25—, o el mínimo de años cotizados para la percepción del 100% de la base reguladora ha pasado de los 10 a los 37 años.

Esto es como si un empresario decide unilateralmente que los trabajadores en vez de cobrar en un año, cobrarán dentro de dos años, pero que tampoco van a cobrar las cantidades prometidas, sino menos. Un cambio en las reglas del juego en medio del partido. Un fraude.

Mientras tanto, los políticos llaman a la calma, quizás porque no les interesa que se demuestre que nos han estado engañando para tratar de crear clientes del negocio político (votantes), o lo que es lo mismo, dependientes del Estado. El sistema de reparto les ha servido a nuestros políticos para partirnos las piernas, y por el momento eran capaces de garantizar el darnos las muletas, pero hoy en día cada vez es más complicado que nos acaben dando ni tan siquiera una. Y por desgracia tiene que ser la sociedad civil la que inicie el debate de un posible cambio en el sistema Porque sí, el problema es el sistema, peor que un esquema Ponzi.

Santiago Calvo es coordinador de Students For Liberty en Galicia.

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