El milagro de Accra: un empresario transforma la basura plástica en casas un 33% más baratas y crea 300 empleos
Nelson Butzen convierte residuos contaminantes en ladrillos térmicos de alta resistencia mediante una mezcla de polímeros y arena
El proyecto ya tiene lista de espera para la construcción de viviendas en las zonas más masificadas de Ghana
Los chinos se pasan el juego: una familia de 100 miembros construye un edificio de 15 plantas para vivir todos juntos
Accra, la capital de Ghana, se enfrenta a una tormenta perfecta: una crisis de vivienda asfixiante y una acumulación de residuos plásticos que colapsa sus barrios. Sin embargo, lo que para muchos es una tragedia urbana, para el empresario Nelson Butzen se ha convertido en una oportunidad de negocio histórica.
Tras abandonar el sector de la fabricación de bolsas, Butzen ha diseñado un sistema que transforma la basura en ladrillos ecológicos. El resultado es un modelo de construcción que reduce los costes en un 33% y que ya sostiene una red de empleo para más de 300 personas, demostrando que la sostenibilidad puede ser, ante todo, un negocio extremadamente eficiente.
Ladrillos de plástico y arena: el fin de la dependencia del cemento
La propuesta técnica de Butzen es tan sencilla como revolucionaria. Utilizando máquinas que funden el plástico reciclado para mezclarlo con arena tamizada, la empresa fabrica bloques que se prensan a altas temperaturas. El resultado es un material superresistente que no solo es más duradero que el ladrillo convencional, sino que ofrece un confort térmico superior, algo vital en climas tropicales.
El diseño de estos ladrillos incluye ranuras y orificios que facilitan su encaje y actúan como aislante, dificultando la entrada de calor en la vivienda. Además, esta tecnología ataca directamente la huella de carbono: mientras que la producción de cemento es responsable del 8% de las emisiones globales, este método utiliza residuos existentes y prescinde de gran parte de los materiales tradicionales, abaratando la obra final en un tercio del presupuesto habitual.

Un motor económico con impacto social: 300 recolectores
El éxito de este proyecto no se mide solo en metros cuadrados, sino en empleos. Para alimentar su cadena de producción, que alcanza los 25 ladrillos por hora, la empresa ha integrado a más de 300 personas en la recolección de residuos.
Este engranaje económico funciona mediante incentivos directos:
- Pago por residuo: se ofrecen unos 15 céntimos de euro por kilo de plástico, lo que garantiza un flujo constante de materia prima.
- Limpieza urbana: se retira el plástico de canales y calles en barrios como Nima, mejorando la higiene y la dignidad de las zonas más precarias.
- Escalabilidad: el interés ha sido tal que la empresa ya tiene pedidos para las primeras 20 viviendas, aunque el gran reto actual es ampliar la maquinaria para satisfacer la demanda.
Del vertedero a la exposición mundial
El impacto de esta iniciativa ha cruzado fronteras, llevando a Butzen a exponer su modelo en foros internacionales de reciclaje en Alemania.
Aunque el Gobierno de Ghana ya empieza a ver esta tecnología como una solución ventajosa para sus políticas de vivienda, el empresario reconoce que el principal obstáculo es logístico: cada casa requiere miles de ladrillos y la capacidad industrial aún debe crecer para igualar la enorme presión urbana de Accra.
El «milagro de Accra» demuestra que la basura, cuando se gestiona con visión empresarial, deja de ser un residuo para convertirse en el cimiento de una economía más justa y una ciudad más limpia.