Rafa derrota a Thiem y se hace con su duodécimo título en Roland Garros

Nadal XII, rey de París

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Rafael Nadal se proclamó vencedor de Roland Garros por duodécima vez en su carrera deportiva. El tenista manacorense volvió a imponer su ley en París y acabó con las esperanzas de Dominic Thiem en cuatro sets (6-3, 5-7, 6-1, 6-1).

París, 9 de junio de 2019. Rafael Nadal Parera sigue siendo el rey de Roland Garros. La historia, que comenzó hace 14 años continúa circulando por los mismos derroteros debido a una capacidad prácticamente insólita de un deportista único. Nadie dominó nunca antes el tenis en una superficie como Nadal en tierra batida y a sus 33 años, confirmó una supremacía histórica con una nueva victoria en París, la duodécima en doce finales disputadas, y de nuevo ante el que se asoma como su sucesor en arcilla. Dominic Thiem se vio de nuevo relegado al subcampeonato (6-3, 5-7, 6-1, 6-1) al igual que le sucedió en 2018 y antes a los Puerta, Federer, Djokovic o Ferrer. ¿El culpable? Un jugador que se ha propuesto convertir en un imposible el ganar Roland Garros hasta que llegue el día de su retirada. El monarca de París y de la tierra batida.

El rostro serio y concentrado a su salida a pista, la ovación del respetable, los saltos, intimidadores, antes de comenzar una nueva batalla. Cada una de las doce presencias en la final de Rafael Nadal habían contado con estos denominadores comunes en lo que rodea al gran dominador histórico de la tierra batida. El desenlace, en las once ocasiones previas, también había sido el mismo. La victoria de Rafa en el segundo domingo de Roland Garros es una costumbre que Dominic Thiem iba a intentar romper.

El clásico del tenis actual en tierra batida se puso en marcha con muchas dudas a resolver por delante en las próximas horas. La duración del encuentro aún no estaba clara, al igual que tampoco el ganador, pero la máxima en una final de "darlo todo desde el primer punto" se la aplicaron a la perfección los dos aspirantes al título en París. Rafa golpeaba y Thiem respondía, los primeros juegos en defensa y más tarde ganando pista para dominar con su derecha. Aun con sufrimiento, los juegos se repartieron al servicio hasta que un despiste de Rafa concedía el primer break del partido a su rival, que sublimaba la defensa mientras Nadal, muy agresivo en ataque, se veía penalizado por no saber aprovechar sus ventajas. El error, en cualquier caso, fue subsanado con un contrabreak dentro de lo espectacular del primer set del partido, claro aspirante al mejor de todo 2019.

Una vez recuperada la igualdad en el luminoso, Thiem volvería a comprobar de primera mano que a pesar de rozar la perfección en más de un momento, para vencer a Nadal no hay que bajar del ’10’ en ningún momento. El austriaco acusó el varapalo de perder la ventaja y subió su número de errores no forzados. Rafa, por su parte, no cambió un ápice la estrategia, conocedor de que el punto de inflexión del set había llegado. Era importante adelantarse en el marcador lo antes posible y con el segundo break consecutivo, el manacorense se lanzaba la primera oportunidad, que remataría minutos después al servicio. Una tercera parte del trabajo estaba hecho. La Duodécima, más cerca.

Lapsus en el segundo set

El primer golpe había caído del lado de Nadal y Thiem, que pareció acusar el golpe de inicio con una racha de 16 puntos perdidos de forma consecutiva al resto, triunfó en su estrategia de centrarse en su servicio y cerrar la posibilidad del desenlace de la segunda manga hasta el final de esta. El respiro concedido por el austriaco al encuentro contagió a Nadal, que tampoco logró toser al resto para construir una ventaja cercana a lo insalvable.

Las pelotas de break brillaban por su ausencia al mismo tiempo que se echaba de menos el vértigo de una primera manga sobresaliente. Los detalles de talento de ambos tenistas permitían la suma de juegos hasta llegar al 6-5, favorable a Thiem y con saque de Nadal, donde Rafa volvió a evidenciar una falta de acierto para defenderse en los momentos clave. A la primera oportunidad, Dominic cerraba el set y devolvía las tablas al partido.

El tercero no sería decisivo para conocer al ganador, pero Rafa no encontró mejor manera de encarrilar su duodécima final hacia la victoria que con un doble break de inicio que pronto le colocó 4-0 arriba. Thiem había sido el ganador del segundo, pero el juego del austriaco no alcanzaba la regularidad suficiente como para ser el pilar que edificara su candidatura a la victoria. Varios errores no forzados tiraron por tierra lo logrado con anterioridad y Nadal, que tanto tuvo que luchar por el primero y vio como se le marchaba el segundo por un detalle, se colocaba a seis juegos de su duodécimo entorchado en Roland Garros.

La Duodécima es real

Un break en el cuarto set representaba un comienzo inmejorable para comenzar a preparar el final, el duodécimo triunfal en doce finales, para Rafael Nadal. La superioridad del rey de la tierra era manifiesta, con su contrincante cansado física y mentalmente y perdiendo precisión de forma ascendente. El orgullo le concedió dos pelotas de break al austriaco, pero Rafa ya no estaba dispuesto a dejar pasar más oportunidades y siguió con su camino para cerrar lo antes posible un nuevo título.

La llegada de las tres horas de partido era inminente y el desenlace se acercaba en una fiesta que no se podía torcer para Nadal. Thiem seguía demostrando su firme candidatura como segundo mejor jugador del mundo en tierra pero Rafa, más seguro, más sobrio, más entero, convertía en un calvario cada juego al servicio de Dominic.

Con un 4-1 de ventaja y sin apenas mostrar desgaste, el número dos del mundo volvía a quebrar a su rival para colocarse con el servicio de su lado para aumentar la distancia sobre el resto de mortales en el palmarés de Roland Garros. Insaciable, incorregible en su voracidad e inalcanzable en arcilla, Rafael Nadal volvía a recoger una victoria sembrada a base de talento, capacidad de sufrimiento y que se suma a las once anteriores con un pleno en finales. Rafael XII de Francia sigue siendo el rey de Roland Garros.

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