Superó a su 'enemigo íntimo' en cuatro sets

Nadal silencia a Kyrgios y despega hacia la tercera ronda de Wimbledon

Nadal
Nadal celebra un punto ante Kyrgios. (Getty)

Rafael Nadal se proclamó vencedor de su compromiso de segunda ronda de Wimbledon, al imponerse al excéntrico Nick Kyrgios en un encuentro espectacular en el que la calidad y sobriedad del español fueron demasiado para su rival.

Tres horas trepidantes de un choque de estilos sin comparación en el tenis mundial. La indolencia y la potencia contra el autocontrol y la constancia, que acabaron gobernando en la lógica para proclamarse campeones del duelo. Rafael Nadal se clasificó para la tercera ronda de Wimbledon después de derrotar a Nick Kyrgios (6-3, 3-6, 7-6 (5), 7-6(3)) en un encuentro sufrido, pero de merecido desenlace en favor del manacorense. Las rencillas entre ambos, derivadas de las constantes provocaciones de Kyrgios finalizaron y con Nadal silenciando a su enemigo íntimo a base de tenis y una actitud ejemplar sobre la central de uno de los grandes templos del deporte.

El encuentro tenía tres peligros principales para Nadal. La capacidad tenística de Kyrgios, la dificultad de enfrentarse a un bombardero en una superficie tan rápida y, principalmente, la posibilidad de perder el control mental en un encuentro en el que la constancia debía acompañar a Rafa sucediese lo que sucediese. Confirmando la tercera de las máximas necesarias para entrar en la tercera ronda de Wimbledon, Rafa comenzó sobrio, concentrado y conectado al partido, algo suficiente para confirmar la primera rotura del partido en el saque inicial de Kyrgios. El australiano se veía pronto con la necesidad de remar a contracorriente. El primer set estaba en las manos de Nadal en escasos 28 minutos.

Con aparente desidia y sin buscar el intercambio, Nick no había supuesto un duro hueso para las posibilidades de Nadal en el primer parcial, que se cerraba en favor del manacorense sin superar el notable por parte del número dos y con la incertidumbre de comprobar si Kyrgios se desconectaría del todo en unos primeros compases del segundo set que resultarían claves. Tres juegos consecutivos del jugador de origen griego, que para entonces ya había desafiado a la lógica con dos saques de cadera, pero la realidad es que el mando del segundo set estaba de su lado, y el tenis también.

El nivel estrictamente tenístico colocaba a Kyrgios por encima de un Nadal de aprobado en sus golpeos pero con cuestionables decisiones a la hora de finiquitar los puntos. La muñeca de Nick daba espectáculo que aderezar en cada 40-0 a favor, donde un golpe, siempre inefectivo, intentaba poner la guinda a la parafernalia que dibuja el jugador australiano en cada partido en pista. Irremediablemente, Kyrgios se hacía con el segundo set para llevar el partido a un obligado compás de espera a dos sets –mínimo– del desenlace.

La tormenta australiana había aparecido en todo su esplendor sobre la pista central del All England Club, Rafa comenzó el tercero haciendo gala de un control mental admirable que frenó el vendaval de tenis de su contrincante. El manacorense se reencontró con su servicio, con hasta seis aces en el parcial que impidieron a Kyrgios obtener una sola pelota de rotura para adelantarse en el luminoso. Con la mitad del trabajo hecho, Nadal podía concentrarse en quebrar el saque de su rival, pero la inspiración no acompañó al manacorense en los momentos claves y la actitud de Kyrgios, incluyendo un pelotazo al cuerpo del manacorense, visiblemente cabreado tras la acción

Nadal gobierna en la muerte súbita

El tie-break decidiría al vencedor de la siempre importante tercera manga. Kyrgios, que había alcanzado la veintena de aces, tenía las de ganar por este motivo, pero la extrema regularidad de Nadal, que no se amedrentó ante el poderío de los golpes de su rival, le otorgaba una ventaja que a la tercera pelota de break, la primera con el servicio, iba a hacerse efectiva. El parcial iba a parar al bolsillo de Rafa, que acariciaba la tercera ronda de competición.

La supervivencia de Kyrgios en el partido estaba condicionada a la posibilidad considerable de que el imprevisible tenista australiano se inmolara por mera desesperación o aburrimiento. A decir verdad, el nivel sostenido de lucha y concentración de Nick resultó sorprendente e impidió que un meritorio Nadal cerrara el partido por la vía rápida. El intercambio lógico de juegos entre el bombardero y el maestro acabó de nuevo en una muerte súbita, donde en un guion casi calcado al de la tercera manga, Rafa iba a levantar los brazos por última vez para desnivelar el head to head y demostrar, cordial apretón de manos incluido, que en lo estríctamente tenístico, Kyrgios aún no es rival para él.

Lo último en Deportes