Champions League: Nápoles 1 - FC Barcelona 1

Griezmann evita un susto en Nápoles

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Messi se tomó el día libre en Nápoles, pero por suerte estuvo Griezmann. (Getty)

Antoine Griezmann empieza a pagar réditos. En el día en que Messi visitaba la segunda casa de Maradona, el argentino fue un actor secundario en un trabajado empate del Barça en Italia. Los culés maximizaron sus oportunidades ante un Nápoles que perdonó varios oportunidades en los lances finales.

El Barça sacó un gran resultado en un partido gris y plano en el que coqueteó con los 1.000 pases, pero donde apenas tiró a puerta. Messi, atípicamente desconectado, no tuvo que hacer acto de presencia porque por un día Griezmann le permitió tomarse el día libre.

Se le notaba a Setién nervioso y con razón. Eligió un traje más propio de un personaje de Cuéntame que de un técnico moderno. El cántabro se engalanó para su debut en Champions y recibió un susto de un Nápoles construido a imagen y semejanza del Gattuso jugador.

El conjunto napolitano está trabajado al milímetro con el compromiso solidario entre jugadores y el orden en la cancha como banderas de su juego. El equipo del sur de Italia se plantó en su campo para reducir el partido a los 30 metros que le interesaban ante un Barça que movía el balón más lento que una tortuga.

Setién respiraba al ver que los italianos habían renunciado a la posesión, pero sus innovaciones tácticas parecían estar haciendo aguas. Situar a Messi en la banda derecha –como en su etapa moza– era una imprudencia que convertía el juego azulgrana en una composición de toques hacia atrás sin mucho sentido.

El Nápoles, agazapado y con hambre, espera su momento en un despiste culé y como la manada que ve al cachorro despistado atacaron a un Junior que erró en un control en la medular. Zielinski le robó la cartera y armó una contra letal en la que Mertens se perfiló en la frontal clavando su tiro en la portería de Ter Stegen. El alemán hizo la estatua porque apenas pudo ver el disparo con el cuerpo de un Piqué poco afortunado.

El Barça no se puso nervioso, pese a su carencia de tiros a portería. Los de Setién acumulaban más de 400 pases al borde del descanso hasta que un centro que se envenenó de Arturo Vidal fue la única intervención de Ospina en toda la primera mitad. Antes del descanso, Manolas falló por milímetros un gran pase de Callejón.

Griezmann aparece y Ter Stegen se agiganta

El paso por los vestuarios no cambió el aspecto del partido. El Barça sobaba y sobaba el balón incluso consiguiendo aburrir a la afición de San Paolo, que dejó de pitar ante las posesiones eternas de su rival. Busquets se erigió en el protagonista en esos minutos iniciales tras lesionar al autor del gol local y posteriormente servir un balón que rompió a toda la defensa del Nápoles.

El centrocampista filtró al hueco un pase para Semedo y éste asistió de primeras a un Griezmann que anotaba con la derecha un golazo. El Barça exhibió toda la electricidad de la que había carecido en la primera mitad con una jugada de tiralineas que inició Busquets.

El Nápoles, tras permanecer agazapado todo el partido, se abrió tras el tanto visitante y en cinco minutos dispusieron de dos ocasiones clarísimas bien desbaratadas por un omnipresente  Ter Stegen. El primero que vio sus ilusiones rotas fue un Insigne al que todavía estará buscando Piqué tras romperle la cintura.

La siguiente fue todavía más clara con la conexión española castigando a la defensa culé. Fabián sirvió un balón perfecto a Callejón, pero éste tardó demasiado en definir y se topó con un Ter Stegen agigantado para desbaratar el mano a mano.

El Nápoles fue perdiendo su predominancia poco a poco porque quitarle el balón al Barça era una tarea difícil y de alto desgaste. Pero los minutos finales fueron un soplo de aire fresco para las esperanzas de los italianos con la expulsión infantil de Arturo Vidal y porque Piqué se lesionó el tobillo tras un salto en el descuento. El Barça supo sobrevivir y ahora se lleva la eliminatoria a su terreno con mucha ventaja.

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