PANATHINAIKOS 82-89 REAL MADRID: CUARTOS DE FINAL DE LA EUROLIGA

Felipe reina en el infierno griego

panathinaikos - real madrid

En el estadio más caliente de Europa, después de una debacle para no olvidar, y frente un equipo con batería de interiores afroamericanos de nuevo orden, un pívot a la antiquísima usanza, pero modernizado hasta el extremo, apareció para capitanear a su Real Madrid y devolverle el factor cancha, el favoritismo y la confianza en pasar a la Final Four. Felipe Reyes dio su penúltima exhibición en el OAKA y lideró al Madrid en una victoria épica sobre Panathinaikos (82-89) en un partido de órdago y en el que los blancos, esta vez sí, mostraron la cara con la que pueden llegar a ser campeones de Europa.

El objetivo era claro y aparentemente sencillo, pero en el OAKA todo lo que podría ser dado por hecho hay que ponerlo en duda. Los 19.000 incondicionales de Panathinaikos calentaban el ambiente tanto o más que en el choque inaugural, pero Laso dispuso de un quinteto físico y con la novedad interior de la pareja Ayón-Thompkins, que demostró estar mucho más preparada que Randolph y Tavares en el inicio del choque.

El líder, sin embargo, fue Taylor, quien con cinco puntos lideró un arranque prometedor y que borraba de un plumazo los intentos de despegue tempranero de los griegos. La ventaja sin embargo pronto pasó a ser de Panathinaikos, que supo sacar partido de su ventaja física y de la falta de oficio del Madrid, que llevaba a la línea de tiros libres a su rival con suma facilidad. Doncic se cargaba de dos faltas tontas y provocaba la introducción en el partido de Randle, superado por las circunstancias casi en cada acción.

Los veteranos madridistas, en una segunda unidad poderosa y con oficio sobrado, mantuvieron a los suyos en el marcador, y sólo un triple de Singleton sobre la bocina pudo ampliar a cinco la renta de Panathinaikos. Con Rudy y Felipe como líderes y el rebote ofensivo como argumento, el Madrid desmanteló la ventaja local, llegando a liderar esporádicamente el luminoso. Randolph y Tavares, si bien no habían destacado en el global, sí lo habían hecho en el rebote, y a través de la línea de libres el Real se mantenía muy vivo antes del descanso. Una pérdida tonta entre Rudy y un recién entrado Doncic pudo suponer un nuevo triple fatídico, pero finalmente todo quedó en una bronca de Laso camino de vestuarios.

El buen hacer del equipo blanco debía refrendarse con una subida de marcha que permitiera hacerse con una ventaja de una vez por todas considerable. Laso incidía en el juego regular de los suyos y el plus de competitividad se hizo realidad tras una antideportiva injusta no, lo siguiente, señalada a Carroll. El de Wyoming se tomó la guerra por su cuenta con diez puntos casi consecutivos que contaron con el apoyo del de siempre, Felipe Reyes, con una faceta abandonada como es el triple.

El recital del capitán continuaba, y también el de los árbitros, que no contentos con la antideportiva anterior se comían un conato de agresión de Singleton a Doncic del que el norteamericano salió indemne, y lo que es peor, encendiendo de nuevo a una afición que sesteaba. No se amilanó el Madrid ante las adversidades, y conducidos por unos excelsos Ayón y Reyes, lograba marcharse al descanso entre cuartos con una suculenta renta de siete puntos.

Por dentro gana el Madrid

Ayón, ansioso por un descanso, se vio empequeñecido por el poderío inacabable en lo físico de Payne, y varias acciones de James iniciaron una remontada completada con un triple de otro de los destacados, Marcus Denmon. El partido se iba a decidir en un pañuelo y los detalles, como había sido el rebote ofensivo madridista o la fortuna en los adicionales de Panathinaikos, podían marcar la diferencia.

Thompkins golpeaba, recibiendo la contestación de un sublime Mike James, experto en el clutch. El partido estaba en un pañuelo, con el Madrid siempre por delante aunque fuera mínimamente, y en esas se entró en el último minuto de un auténtico partidazo de Playoffs. Con Taylor eliminado, el Real perdió a su mejor hombre atrás pero no su ímpetu, y Luka robó un balón que era medio partido si convertía sus tiros libres.

Entraron ambos, pero aún, con  mucha tela que cortar. La intimidación de los griegos, con Antetokoumpo a la cabeza, marcó el final por encima de lo que se convirtió en ineludible, una victoria como un piano de un equipo que se levantó tras un golpe casi mortal y ahora tiene en su mano las llaves de la Final Four.

 

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