Este Baena vale por diez para el Atlético
El '10' rojiblanco despierta a su equipo de la siesta con un derechazo en el tramo final del partido
Los de Simeone se quedan a dos puntos del líder a falta de que el Barcelona juegue este sábado
Lo que hace la confianza en uno mismo. El Baena beta del actual Baena, el de la temporada pasada, jamás se hubiera jugado una de las últimas jugadas del partido con un disparo lejano. Pero el Baena del presente, el 2.0, se anima con todo. Según recibió de Julián, controló, la puso inalcanzable para Fortuño y carrera a la banda para abrazarse con Simeone. Otro partido ganado en los últimos instantes, como los equipos campeones. Baena vale por diez, es el ’10’ del Atlético. De un cañonazo despertó al Atlético de la siesta.
El sueño duró 89 minutos. Los rojiblancos habían inaugurado el partido con más revoluciones que recorrido y subidos a la ola de ganar cinco partidos consecutivos. También con rotaciones, aunque eso no es novedad, el calendario tan asfixiado obliga a piernas nuevas constantes y convierte a los entrenadores cada vez más en gestores. Sin Koke y Cardoso por lesión, Barrios ocupó el eje del centro del campo y entraba en el once el canterano Dani Martínez. Descansaban de inicio Llorente, Grimaldo y Baena.
El fútbol en el RCDE Stadium era como las dinámicas, opuesto. Mientras el Espanyol buscaba su primera victoria en cuatro partidos y se aferraba al balón largo a Roberto, el Atlético peleaba por su sexto triunfo consecutivo y tiraba de paciencia raseando el balón. Ambos tienen sus picos. Giuliano erró ante Fortuño y Roberto giró el cuello demasiado en el área pequeña. Cabrera se topó con el larguero y Jonathan David de nuevo con Fortuño. Ocasiones repartidas; sensaciones rojiblancas.
No excelsas, pero al menos positivas. Simeone agarró la siesta por los cuernos y metió a los que estaban descansando. Llorente, Girmaldo y Baena. También Julián Álvarez, que sigue instalado en esa versión de ‘pídeme lo que sea menos marcar un gol’. Cuando no cruzó en exceso, sacaba Fortuño la mano, el caso es que nunca era él quien festejaba. Convenía buscar a los compañeros, aunque el tiempo corría en contra y las prisas crecían. Tanto que el Cholo agotó los cambios cuando todavía quedaba casi media hora de juego. Imagínense.
Porque el Espanyol ya no creaba peligro, pero tampoco lo sufría. Orden táctico y líneas juntas como escudo ante cualquier intento rojiblanco. Llorente chocó con el larguero y Hjulmand con el lateral de la red. El Atlético encontraba el alto en cada camino. Por alto y por bajo. Pero siguieron con paciencia. Vísteme despacio, que llevo prisa. Y en esa simbiosis de urgencia y tranquilidad, Julián vio a Baena y este se sacó un derechazo imposible para el bueno de Fortuño. Era el último minuto del partido. No había tiempo para más. Sí para que Simeone corriera la banda para abrazarse con Baena, que el curso pasado ni hubiera disparado ni hubiera celebrado. Lo que hace la confianza.