BARCELONA 1-1 REAL MADRID: JORNADA 14 DE LIGA

Ramos obra otro milagro contra doce

sergio ramos

Era la crónica de una muerte tan injusta como anunciada. El Real Madrid iba al matadero con Clos Gómez y acabó empatando contra doce un Clásico que mereció ganar. El colegiado birló a los blancos un penalti a favor en el minuto 2 y concedió el gol de Luis Suárez en la segunda parte en una posición más que dudosa. Las peores sospechas del madridismo se hicieron realidad y Clos, igual que en la primera, casi empuja a Zidane a su segunda derrota en Liga de su etapa como entrenador del equipo blanco.

Zidane volvía a demostrar que para ser entrenador, además de la pizarra, hay que manejar el sentido común. Elegía para el Camp Nou a los once jugadores más en forma del equipo porque Zizou, al contrario que un político, siempre cumple sus promesas. Ponía a Varane, más rodado que Pepe, para acompañar a Ramos en el centro de la zaga y repetía el centro del campo del Calderón: Kovacic y Modric al comando, Lucas al costado derecho e Isco jugando de Isco. Casemiro esperaba turno en el banquillo por si había que entrar a hacer el trabajo sucio.

Sin Kroos ni Bale, al Real Madrid le faltaban el lanzador y el corredor, así que Zidane debía reinventarse. Lo hizo. Como Luis Enrique, que se guardaba a Iniesta de revulsivo y apostaba por André Gomes, hasta hoy un jugador más garrafón que una ginebra Lirios. También elegía a Mascherano por delante de Umtiti, quizá porque para un Clásico los galones pesan toneladas.

El Clásico estaba servido. Y nació furioso como un hombre que ha perdido el móvil. Y nacio, cómo no, con el primer robo de Clos Gómez. No tardó ni dos minutos en hacer de las suyas el aragonés, al que los jugadores del Real Madrid temían más que al Ministro de Hacienda. Fue en una acción dentro del área en la que Mascherano hizo un penalti clamoroso, obsceno. Fue un penalti como la catedral de Burgos. Fue un penalti que habría pitado hasta Joan Gaspart. Pero Clos no. Clos se hizo el sueco y volvió a perjudicar, una vez más, al Real Madrid.

El Barça, con el empujón inicial de Clos, empezó a dominar la pelota, con un Real Madrid bien ordenado atrás. Una diagonal de Messi puso el corazón en un puño a los madridistas, pero el resbalón de Neymar dentro del área dio un respiro a Keylor. A los 13 minutos volvió a aparecer Clos para amonestar a Isco por un empujoncito a Neymar.

Clásico de ida y vuelta

El Clásico había arrancado con más vértigo que fútbol, pero entretenido a más no poder. Una falta más que dudosa de Modric sobre Messi dio al argentino la ocasión de hacer su primer tiro a puerta en el minuto 17, que atrapó sin problemas Keylor Navas. Al Real Madrid le duraba poco la pelota, pero su trabajo defensivo era impecable. Reducía al mínimo los espacios al Barça, que no veía por dónde meter mano a los blancos.

A los 20 minutos empezó a estirarse el Real Madrid con un par de llegadas consecutivas de Carvajal por la derecha y Marcelo por la izquierda. Una salida a por uvas de Ter Stegen a punto estuvo de caer en la testa de Cristiano Ronaldo, pero le faltaron un par de centímetros.

La pizarra de Zidane estaba haciendo la vida imposible al Barcelona y, especialmente a Messi, encerrado en la jaula de ayudas de los centrocampistas del Real Madrid. Desde luego, el técnico francés se había empollado el Clásico como si fuera a examinarse de selectividad. Luis Enrique braceaba en la banda intentando que sus futbolistas abrieran el campo para generar algún espacio entre el tupido planteamiento de Zizou.

Sergio Ramos se imponía a Luis Suárez en cada pulso, lo mismo que Varane, con quien se cruzara en su camino. El francés había completado una media hora imponente. Una galopada de Cristiano en el 36 pudo acabar en el 0-1 si no llega a ser porque Ter Stegen metió una mano dura como si fuera Angela Merkel. Y la volvió a tener CR7 un minuto después, pero llegó tan forzado tras su doble recorte a Mascherano y Piqué que sólo pudo rematar de puntera.

Aparece Cristiano, salva Piqué

Al 40 no frenaba la velocidad del Clásico, como un ciclista que ha cogido inercia bajando un puerto. Una contra comandada por Isco al filo del descanso la salvó un providencial Piqué, que volvía a sujetar a su equipo cuando venían mal dadas. Definitivamente, Gerard es a este Barça lo que Puyol era al de Guardiola. Y así, con el susto en el cuerpo para el público del Camp Nou, nos fuimos al descanso.

El Barça salió con otro aire tras el descanso, muy alta la presión y con un Messi dispuesto a presentarse al partido. Respondió Cristiano Ronaldo con una volea de zurda que se le fue alta en el minuto 50. Iniesta ya calentaba en la banda. Pero en una falta lateral botada por Neymar Luis Suárez abrió el marcador con un cabezazo a bocajarro en el que se adelantó a Varane. El error, en todo caso, fue de Keylor Navas, que debió salir a por un balón que era claramente suyo en el área pequeña.

Luis Suárez abre la lata

El gol era fuera de juego por centímetros, pero esa situación no es achacable a Clos Gómez sino su asistente. El Barça encontraba el tanto cuando más lo necesitaba, porque el Real Madrid seguía creciendo en el Clásico. Luis Enrique lo sabía y por eso metió a Iniesta para la última media de juego. Zidane, mientras, ponía a calentar a Asensio, James y Mariano por si hacía falta meter un revulsivo.

Pero Zizou cambió de idea y metió a Casemiro por Isco para volver al 4-3-3, el esquema que más le gusta al técnico del Real Madrid. El reloj ahora corría a favor del Barça, que también tenía espacios para correr. Neymar desperdició el 2-0 después de un gran regate sobre Carvajal, pero su disparo se fue arriba. Cayó luego la ocasión de Iniesta tras un buen pase –puede que el primero de la temporada– de André Gomes.

El Barça empezó a soltarse y a acumular ocasiones como los Pujol acumulaban millones de comisiones. Sufría el Madrid. No tenía la pelota ni fuerzas para ir a presionar arriba. Zidane miraba al banquillo y tampoco veía cómo solucionar el desaguisado. Lo intentó con Marco Asensio, que saltó al campo por un Benzema que volvió a demostrar que todavía está muy tieso físicamente.

Buscaba el empate el Real Madrid con más insistencia que precisión. Los blancos manejaban la pelota, pero el área se les volvía un cuarto oscuro. Un genial pase de Iniesta a Messi en el 81 lo desperdició increíblemente el argentino con un tiro cruzado que se marchó fuera. El Barça volvía a perdonar el 2-0.

Otro milagro de Ramos

Se les agotaba el tiempo a los blancos mientras Piqué se bastaba él solito para ir achicando aguas en el área del Barça. Agotó los cambios Zidane con Mariano por Kovacic en el 85. Fue un cambio a la desesperada por ver si el canterano cazaba alguna. Tuvo un par de escarceos el Madrid en el área de Ter Stegen, pero no conseguía marcar.

Y entonces, ¿adivinan? Apareció Sergio Ramos. Sí, Sergio Ramos, el héroe de siempre. Fue una falta lateral que botó Modric y el capitán, como en Lisboa, emergió para subir al cielo y cabecear el gol del empate en el minuto 90. Sergio Ramos, que representa como nadie el espíritu del Real Madrid, rescataba sobre la bocina un punto que el equipo blanco se había merecido a pesar de jugar todo el Clásico contra doce.

Últimas noticias