ATHLETIC 0-0 REAL MADRID: JORNADA 14 DE LIGA SANTANDER

Un punto de palo

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Williams remata ante Sergio Ramos. (EFE)

El Real Madrid obtuvo en San Mamés un punto de palo. Fue un partido serio, completo y notable de los de Zidane, que se quedaron a las puertas de una merecida victoria por su falta de acierto en el remate y porque, primero Benzema y después Cristiano, dieron con su gozo en el palo de Kepa, que sostuvo al Athletic en los momentos más complicados.

Recuperaba Zidane el once de Cardiff. Era la primera vez en la temporada que el Real Madrid presentaba su equipo de gala, que dicen los clásicos, en un partido oficial. El partido de San Mamés, después del pinchazo del Barça ante el Celta, era una ocasión pintiparada para reengancharse a la Liga.

Jugaban Keylor Navas; Carvajal, Varane, Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric, Isco; Cristiano Ronaldo y Benzema. A falta de Bale, cuyas lesiones merecerían un programa de Cuarto Milenio, no tenía Zidane nada mejor que colocar en el césped de San Mamés.

Los leones salieron a morder y el Real Madrid a evitar los bocaos. Apretaba San Mamés, engalanado con sendos tifos en euskera, que acojona más. La pelota era blanca y la presión rojiblanca. Raudo empezó a dominar el campeón, con Marcelo y Carvajal muy profundos y un ubicuo Modric. Resistía el Athletic con el aliento de su público.

Aduriz intentó engañar a Mateu con un penalti que él solito se inventó. No picó uno de los pocos árbitros que, hasta cuando la pifia, transmite siempre un halo de honradez. El Real Madrid siguió a lo suyo y en el 7 Benzema perdonó el 0-1. Fue un centro de Isco que Karim bajó con el pecho en el área, pero cuyo disparo se estrelló contra el poste derecho de Kepa, del que hablaremos en su momento.

Vértigo en San Mamés

El duelo era una canción de Maluma: mucho ritmo y mucho baile restregao. De área a área transcurría un pestañeo. No había centro del campo sólo el vértigo de estar asomado al Empire State. Respondió en el 12 el Athletic con un cabezazo de Aduriz que despejó defectuosamente Keylor Navas: flojito y al centro.

Como en un maratón de spinning, en el partido de San Mames no había respiro. Dos acciones consecutivas de Cristiano metieron el miedo en el cuerpo a Kepa, que se mostró firme y seguro. No como otros. No se arrugó el Athletic, que trató de ponerle músculo y juego aéreo al partido. Oponía fútbol el Real Madrid, que iba descongelando el partido como si fuera un microondas.

En el 27 avisó Williams que vio el hueco entre Marcelo y Sergio Ramos. Disparó raso abajo y Keylor metió una buena mano, aunque el disparo iba fuera, pero por si acaso. Y en el 28 una falta lateral botada por el Athletic la pinchó Raúl García pero no llegó a rematarla Aduriz en el segundo palo.

Un minuto después perdonó el Real Madrid con una asistencia de Carvajal a Kroos, que el alemán remató fuera por muy poco. El partido era el combate de Rocky contra Ivan Drago: un continuo intercambio de golpes. Una oleada de mamporros de un lado y de otro. En los de Zidane Modric había tomado los mandos del duelo y eso siempre se traduce en dominio.

Golpe va, golpe viene

En el 35, casi 36, Cristiano Ronaldo volvió a disfrazarse de Higuaín para perdonar el 0-1. Recibió una pelota en el área pequeña, la bajó y cuando fue a disparar, le pegó con la tibia. La pelota se fue tristemente fuera. CR7 juraba en portugués, inglés, francés, alemán y klingon. Seguía enfadado con el mundo y con su propia imprecisión.

El concierto de rock de San Mamés tuvo alguna balada antes del descanso, quizá porque era imposible para ambos equipos aguantar ese ritmo. El Real Madrid acabó la primera parte en el área del Athletic con un par de faltas que pusieron el susto en el cuerpo de Kepa y de la hinchada rojiblanca. Pero el 0-0 imperó en el entretiempo.

Furioso salió el Athletic en la reanudación. Un disparo de Aduriz que despejó abajo Keylor y un desmayo de Raúl García ante Ramos que tampoco engañó a Mateu. Trató de estirarse el Real Madrid como la pensión de un jubilado. La pelota merodeó el área de Kepa sin mucha precisión.

El Real Madrid dio un paso adelante y segó de raíz el arranque impetuoso del Athletic. Kroos y Modric se turnaban en el manejo de la pelota. Pero los locales no se iban a rendir tan fácilmente. Otro arreón encerró al Madrid en su área. Tocaba sufrir en San Mamés.

Cagada de Mateu

Un error de Mateu que no dio la ley de la ventaja en una falta sobre Modric impidió a Cristiano quedarse en el mano a mano con Kepa. El Real Madrid incrementaba su dominio sobre el Athletic a costa de destaparse atrás. No había otra, el punto era poco botín.

Pase a pase los de Zidane encerraron a los locales, que no tuvieron más remedio que dar un paso atrás. San Mamés olía a 0-1, pero el gol no terminaba de aparecer en La Catedral. En el 71 lo rozó Cristiano después de un buen derechazo que se estrelló contra el palo izquierdo de Kepa.

La mala suerte (o la falta de puntería) condenaba al Real Madrid a seguir haciendo penitencia en La Catedral como un pecador futbolístico. Apenas un cuarto de hora más el alargue les quedaba a los de Zidane para encontrar el gol perdido. El duelo era un monólogo blanco, con el Athletic en modo muralla china. Tocó a rebato el Madrid y encerró a los rojiblancos en su propio área.

Acoso del Madrid

Kepa, un coloso en el juego aéreo, sostenía al Athletic en los momentos de más dificultad. Asediaba, acosaba, apretaba, insistía el Real Madrid, pero el gol le hacía siempre la cobra. Zidane metía a Kovacic por Isco y a Borja Mayoral por Benzema en el 81. Los blancos lo intentaban, una y otra vez, como el que llama a una línea de atención al cliente que siempre comunica.

Sergio Ramos fue expulsado en el 85 después de que Mateu juzgara como amarilla una acción de falta y nada más. Otra vez el doble rasero contra el Real Madrid y otra vez los blancos se quedaban con un jugador menos en la Liga. La historia de siempre, ya se la saben ustedes de memoria.

La figura de Kepa, seguro como una caja fuerte, se agigantó en los últimos minutos y el Real Madrid acabó firmando un punto de palo que le aleja de la Liga justo el día en el que el Barcelona le había abierto las puertas.

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