Así salvó las semifinales de 1998

Agustín Herrerín, el otro héroe de La Séptima

Agustín Herrerín fue clave para que las semifinales de la Champions de 1998 se pudiesen jugar en el Santiago Bernabéu. Él subió a la antigua Ciudad Deportiva a por una portería, después de que la del Fondo Sur del Bernabéu se cayese.

Herrerín
Herrerín y la portería de la Ciudad Deportiva. (Getty)

Se fue Agustín Herrerín, el otro héroe de la Séptima. 1998 forma parte de la historia viva del Real Madrid por lo que sucedió en Ámsterdam el 20 de mayo. Tras 32 años de penurias, decepciones y alguna injusticia arbitral, el rey de Europa se volvía a reencontrar con la copa más preciada. La más bonita. La que más gusta por el Santiago Bernabéu.

En una final donde un equipo entrenado por Jupp Heynckes no era favorito ante una Juventus que dominaba el continente y tenía en sus filas a hombres como Zidane, un gol de Pedja Mijatovic, el gol de varias generaciones de madridistas, cambió la historia y permitió al club de Concha Espina tocar el cielo. Pero si no llega a ser por el ingenio y la astucia del eterno delegado, jamás se hubiese llegado a ese momento.

En semifinales, el Real Madrid recibió en el Santiago Bernabéu al Borussia Dortmund. El partido era de los grandes y en el Fondo Sur, donde se situaba en esa época Ultra Sur, las vallas que sujetaban la portería no aguantaron y el arco terminó cayendo sobre el césped antes de que comenzase el encuentro. El árbitro holandés Van der Ende mandó a los futbolistas a los vestuarios, pero no suspendió el partido para sorpresa de muchos. Fue en ese momento cuando Herrerín y Julio Casabella, que en ese momento era el delgado principal, comprobaron que esa portería no tenía arreglo. Había que hacer algo si se quería jugar aquella semifinal.

Agustín, que en esa temporada era ayudante de Casabella, tomó la decisión de que había que colocar una portería nueva y la única opción era ir a la antigua Ciudad Deportiva, situada en el Paseo de La Castellana, y bajar un arco al Santiago Bernabéu. Esos dos kilómetros que separaban los dos complejos deportivos del Real Madrid marcarían en los próximos minutos el devenir de los blancos en la Champions.

Sobre las 21:00 de aquel 1 de abril de 1998, Agustín estaba en la Ciudad Deportiva, pero ésta estaba cerrada. Herrerín no dudó en saltar un muro para seguir adelante con su objetivo. Una vez dentro, localizó la portería, pero el siguiente problema era trasladarla al Bernabéu. Fue en ese momento cuando paró a un camionero, le convenció de la hazaña y, escoltado por la Policía Nacional, condujo Castellana abajo para salvar el sueño europeo del Real Madrid.

Ya en el estadio llegaría un problema más. Había que llevar la portería por unos estrechos vomitorios al césped, pero nada se le iba a resistir a Herrerín aquella noche. A las 21:43 los delegados de la UEFA midieron los palos y dieron el OK, el partido se podía jugar. A las 10 en punto de aquella noche arrancó un encuentro que enfadó a un conjunto alemán que quería haber suspendido la contienda y que el Real Madrid terminó ganando por 2-0 gracias a los goles de Morientes y Karembeu. En la vuelta los blancos sellaron el pase a la gran final. Lo que pasó aquella noche ya es historia del club de las 13 Copas de Europa.

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