La psicología revela por qué quienes nacieron entre 1950 y 1970 toleran mejor la soledad y el silencio que los jóvenes de las generaciones posteriores
Las personas que han crecido sin móviles perciben de manera diferente la forma que tienen de vivir y sentir los momentos de calma
La psicología confirma que la gente que rellena los silencios en una conversación suele buscar conexión con los demás
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La sociedad actual vive condicionada por la rapidez, el consumo permanente de contenidos digitales o las apariencias que se crean en las redes sociales. Esto provoca que algo tan sencillo como permanecer en silencio resulte extraño para numerosas personas.
A pesar de lo anterior, marcado por el contexto actual, las personas que nacieron entre las décadas de 1950 y 1970 crecieron en un entorno muy diferente, donde los momentos sin ruido ni distracciones digitales se disfrutaban más.
Esta diferencia explica por qué algunas personas de estas generaciones se sienten más cómodas con la tranquilidad que las personas que han crecido en la era de la digitalización. La psicología confirma que lo anterior no se traduce en que todos compartan el mismo comportamiento, sino que las experiencias vividas a lo largo de la vida influyen en la percepción que tienen del silencio.
Las infancias con menos estímulos digitales
La normalización de las redes sociales en la actualidad deriva hacia una cortina que desemboca en el olvido de lo que había antes de su utilización. Por ejemplo, los tiempos de espera, los desplazamientos, la lectura de un libro en papel, pasear, observar lo que tenemos delante de nosotros o simplemente el descanso eran actividades habituales que no necesitaban de una pantalla.
Los psicólogos señalan que nuestro cerebro se adapta al ambiente en el que se desarrolla y esto genera que crecer en un entorno con menos interrupciones digitales influya en la manera de disfrutar los momentos de calma cuando crecemos.
En cambio, las personas que usan dispositivos electrónicos constantemente se acostumbran a alternar vídeos, mensajes, música y otras fuentes de información, pero cuando estos estímulos desaparecen, sienten la necesidad de buscar algo que les distraiga u ocupe su atención.
Los beneficios del silencio
Los momentos de tranquilidad permiten aprovechar el tiempo de reflexión y también ayudan a la concentración, ofreciendo una pausa que pueda combatir el ritmo acelerado de nuestras rutinas diarias. Los expertos relatan que aprender a vivir con el silencio no es sinónimo de aislamiento, sino que se trata de poder disfrutar de momentos sin actividad constante y sin sentir la presión de llenar cada pausa.
¿Quién tolera mejor el silencio?
Son numerosas las personas a las que les cuesta sostener los silencios y los tienen que rellenar de alguna manera, incluso en las conversaciones. Aunque las experiencias generacionales pueden influir, no existe una regla universal que determine quién tolera mejor el silencio.
La personalidad, costumbres y circunstancias personales son fundamentales para determinarlo. Por lo tanto, descansar de las pantallas puede ser una oportunidad para disfrutar de nuestro tiempo libre y desconectar de los estímulos que dominan nuestra energía del día a día.